A propósito de la Revolución Cubana (II)

Capítulo 2

La colonización

La isla de Cuba fue descubierta por Cristóbal Colón en 1494, en su segundo viaje. La colonización española de la isla comienza en 1512, con la expedición de Diego Velázquez, al mando de un grupo entre los que se encontraban Hernán Cortés, Pedro de Alvarado, Bernal Díaz del Castillo y Bartolomé de las Casas. En pocos años se establecieron en la isla gran cantidad de colonos en busca de oro y se fundaron las primeras grandes ciudades, La Habana, Santiago de Cuba…

El primer impulso colonizador fue breve y no pasó de 1520, ya que el oro se agotó rápidamente. Los indios fueron “repartidos” según el sistema que, mediante el compromiso de proteger y catequizar, “encomendaba” una familia o un pueblo de indígenas a un colono español. Las epidemias de origen europeo diezmaron la población indígena, que carecía de tradiciones agrícolas y no se adaptaba al trabajo en las plantaciones, en las que el rendimiento era muy bajo. En 1540, tras 30 años de ocupación española efectiva, el número de indocubanos no llegaba a 5.000 y en 1570 a 1.000. La desaparición de la población indígena obligó a importar masivamente esclavos negros a partir de 1513. Cuando, en 1519, la expedición de Cortés puso al descubierto las posibilidades inmensas del continente, Cuba fue abandonada por la mayor parte de los colonizadores, La Habana (futura capital), no contaba con más de 60 jefes de casa y Santiago de Cuba no contaba con más de 30.

A partir del siglo XVI, alrededor de La Habana fueron surgiendo nuevos elementos de renovación y a partir de 1560 La Habana fue cita de las flotas que retornaban a Europa.

Desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII, Cuba reconstituyó muy lentamente su población: hacia 1750 contaba con menos de 240.000 habitantes. En el siglo XVII, La Habana se convirtió en el segundo centro de construcciones navales de América, abasteciendo a las flotas, lo que le permitía exportar a la vez azúcar, cueros y tabaco. A finales del siglo XVI nacieron los primeros “ingenios de azúcar”, pero sobre todo en la bahía de Matanzas en las cercanías de La Habana. En 1595, una arribada masiva de esclavos, más de 4.000, favoreció este primer desarrolló de la producción azucarera.

Al extenderse por Europa el consumo del tabaco, Cuba se transformó, en el siglo XVII, en uno de los centros productores más célebres. La monarquía española intentó instaurar un estricto monopolio del tabaco, mediante la imposición de sus precios; los cultivadores modestos de tabaco o vegueros se levantaron en tres ocasiones entre 1717 y 1723, llegando a amenazar incluso La Habana. La gran extensión de las costas cubanas facilitaba el comercio con los filibusteros británicos, franceses, neerlandeses, y el comercio intercolonial, que estaba prohibido.

Durante la Guerra de los Siete Años, los británicos ocuparon La Habana durante once meses (1762). Esta ocupación demostró el gran valor estratégico de la ciudad; los españoles, al recuperarla, construyeron en ella la mejor fortaleza de América y la convirtieron en uno de los mayores centros del comercio colonial. En 1765, se proclamó la libertad de comercio entre Cuba y los principales puertos españoles. La Guerra de Independencia de Estados Unidos (1775 – 1783) fue ocasión para un comercio directo, autorizado por España, entre Cuba y Estados Unidos. La sublevación de los negros haitianos (1791 – 1795) facilitó el triunfo de los productos cubanos, el azúcar en primer lugar, en los mercados europeos.

La población pasó de 272.000 habitantes en 1775 a 362.000 en 1791. El brusco desarrollo de ciertos sectores y el crecimiento demográfico crearon profundas contradicciones sociales, que agravaron las condiciones coloniales de explotación. Mientras que la población blanca había aumentado un 75%, la población negra se había triplicado.

Sumario: