Después de las elecciones del 26-M

(Publicado en la Carta Semanal 731ver en catalán)

El mandato al nuevo gobierno sigue más vigente que nunca

A simple vista, los resultados electorales en España pueden parecer una excepción dentro de la tónica electoral europea. Sin embargo, no lo son tanto. Es verdad que el PSOE aparece reforzado ante sus homólogos europeos que han retrocedido de manera clara en varios países. De hecho, las dos grandes corrientes políticas que han gobernado diversos países europeos desde el final de la Segunda Guerra Mundial no hacen más que sufrir varapalos electorales, aunque quieran disfrazarlos o minimizarlos con el espantajo del auge de los populismos. No es una cuestión menor: estas dos corrientes han sido las encargadas durante decenas de años de facilitar la aplicación de todos los planes del capital financiero contra los que se han rebelado los trabajadores y los pueblos.  De ahí que la media de participación en las elecciones europeas sea en toda Europa del 50%, con puntas extremas como el caso de la abstención en Portugal que casi llega al 70%.

Concebidas como una segunda vuelta, las elecciones de este domingo han venido a confirmar lo que se expresó en los resultados electorales de hace un mes: hay una mayoría social en este país que, rebelándose contra la posibilidad de que las derechas “modernas” y menos modernas se apoderen de la vida política de los municipios y de los parlamentos, quiere impedirlo y quiere además revertir las políticas de recortes y acabar con el legado del PP (las reformas laborales, de pensiones …). Se trata de la misma mayoría social que anhela soluciones políticas que encajen las aspiraciones democráticas de los pueblos, que establezcan la fraternidad entre ellos sobre la base de la libre determinación.

Esa mayoría social utilizó el 28-A, y ha vuelto a utilizar en el 26-M, al PSOE como principal referente electoral, después de estar prácticamente desahuciado hace poco más de un año. La razón es muy simple y tiene que ver sin lugar a dudas con la decisión de presentar una moción de censura –ahora hace un año- contra Rajoy, que supuso echar fuera del gobierno al PP. Es decir, tiene que ver con la decisión de encabezar la indignación popular, aunque fuera de manera limitada y reducida al ámbito electoral. Esta circunstancia es lo que ha permitido al PSOE ganar las elecciones en 10 de las 12 comunidades autónomas, conseguir el mayor número de diputados en las europeas, y recuperar la primera posición en cuanto a número de concejales electos.  A otro nivel, es la misma razón por la que un partido como ERC ha conseguido erigirse en el partido más votado en Catalunya, desbancando a JxCAT de Puigdemont que ha perdido 180.000 votos, aunque en contraposición ha sido la candidatura independentista más votada en las europeas.

Mención aparte merece el descalabro de Unidas Podemos, y de los Comunes en Catalunya, que compromete gravemente el intento de crear una alternativa por la izquierda al PSOE en el cuadro de la aceptación del régimen monárquico, y cuya articulación a través de las redes sociales ha sido fuente de protestas y de críticas a la falta de democracia interna. Algunos de los ayuntamientos llamados del “cambio” en los que gobernaban coaliciones encabezadas por candidaturas surgidas al calor del 15-M, empeñadas en demostrar que otra forma de “gestionar” el capitalismo (aceptando todas las cortapisas del régimen) era posible, han sido derrotadas o han sufrido retrocesos importantes.

Los números cantan

Por otro lado, los resultados electorales confirman también la crisis de los partidos que representan el postfranquismo con más o menos gotas de modernidad. El PP continúa perdiendo fuelle, aunque intenta maquillar los malos resultados parapetándose en la derrota de la izquierda en Madrid y en el hecho de que C’s no han conseguido superarlos. A señalar también que Vox obtiene bastante menos votos que en las generales del 28-A, lo que ha llevado a Casado a declarar con euforia que “PP solo hay uno” y que los ciudadanos escogen el original y no la fotocopia. Tienen razón, PP solo hay uno, el que viene directamente del franquismo, y que ahora se revuelve contra los apósitos que le han ido saliendo y le han perjudicado electoralmente. Sin embargo, combinaciones electorales al margen, hay un hecho indiscutible: todos los que han propuesto una política regresiva y pedían la aplicación del 155, han ido perdiendo posiciones. En Catalunya, el PP lleva camino de desaparecer (67 concejales, y 126.578 votos menos) mientras que C’s, aunque han aumentado el número de concejales (de 176 a 238) han obtenido 53.000 votos menos que en el 2015.

Sin duda, las presiones para que C’s levante el “veto” al PSOE, y para que a su vez, la dirección del PSOE se desprenda de la presión de la militancia que no desea un acuerdo con este partido, se van a recrudecer en los próximos días, a propósito de la posibilidad que C’s impida en algunas comunidades donde ha ganado el PSOE que éste gobierne, al establecer pactos con el PP y Vox. Pero independientemente de las combinaciones que puedan darse.

¿Qué se desprende de los resultados?

Hay una mayoría de izquierda en las Cortes. También en la mayoría de ayuntamientos y comunidades. Ya no hay excusas para seguir manteniendo el legado del PP, lo cual implica proceder a la derogación de las reformas laborales y de pensiones, la LOMCE, la ley Mordaza, el decreto 3+2. Nadie entendería que existiendo esta mayoría no se hiciera, aunque el gobierno en funciones sigue emitiendo mensajes ambiguos al respecto, cuando no directamente contradictorios, como las medidas contenidas en el Plan Nacional de Reformas enviado a Bruselas. Tampoco hay excusas para no acometer y solucionar de manera democrática la aspiración de buena parte del pueblo de Catalunya que quiere poder decidir y liberar a los presos republicanos catalanes.

Naturalmente, todo paso que dé el gobierno en el sentido de satisfacer las aspiraciones de la mayoría social va a ser saludado y encontrará la simpatía de los trabajadores. Pero sin lugar a dudas también va encontrar la oposición de la Monarquía y las instituciones del capital financiero. Lo que de nuevo va a plantear como único camino la lucha por la República.

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