Después de las elecciones gallegas

Carta Semanal 980 en catalán

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Los análisis sobre las elecciones autonómicas celebradas en Galicia este 18 de febrero y sus consecuencias deberían permitir situar a todas las fuerzas políticas en perspectiva de lo que puede ocurrir.

Aportamos algunos elementos de análisis, no como “comentaristas políticos”, sino hechos a partir de nuestro objetivo: cómo avanzar hacia la constitución de un movimiento político que ayude a la población trabajadora y a la juventud a recuperar su iniciativa. Un movimiento que se base en las reivindicaciones, y que no someta su satisfacción a otras consideraciones, y que se oriente hacia la ruptura con el régimen del 1978, es decir, con la Monarquía, y con el sistema de explotación capitalista. Un movimiento que parta de las necesidades de los trabajadores y los pueblos del Estado español, intrínsecamente ligadas a la lucha de clases mundial y al combate, hoy prioritario, de apoyo al pueblo palestino, que lucha por su supervivencia como pueblo frente a la barbarie imperialista.

Sintetizamos nuestro análisis a partir de las premisas siguientes:

En primer lugar, constatar que sociológicamente los resultados no suponen un gran cambio: el PP se mantiene (aumenta ligeramente en votos y baja ligeramente en escaños, pero mantiene la mayoría absoluta), y la “izquierda” tiene el mismo porcentaje, con un ligero aumento de votos, y, sobre todo, un trasvase de votos del PSOE al BNG. Podemos sigue sin representación (saca poco más de 3.000 votos), Vox no avanza y Sumar pincha.

En segundo lugar, la participación sube, a pesar de que el 20% de votantes son gallegos residentes en el extranjero y, por tanto, aumenta la abstención (por ejemplo, en Argentina solo ha votado el 6,7 % del censo)

Además, hay que señalar que el PP, que mantiene en Galicia una poderosa estructura clientelar, a partir de los ayuntamientos y diputaciones, con apoyo de los caciques y la Iglesia, mantiene un voto cautivo.

El PSOE, en plena desarticulación, no ofrece ninguna propuesta de ruptura o reivindicativa, ninguna reivindicación seria. Por el contrario, el BNG, bien organizado, le arrebata al PSOE buena parte de sus feudos obreros, como Vigo (industria naval y automovilística), con un programa vagamente social, sin apenas detalles nacionalistas y sin hablar de la amnistía, que apoya en Madrid. Un tema que, por otra parte, es evidente no ha jugado ningún papel en estas elecciones.

La cuestión de fondo

El reparto de escaños en Galicia no es proporcional a la población. Provincias con menos población total y más población rural, como Lugo y Ourense, están claramente sobrerrepresentadas frente a A Coruña y Pontevedra. Ourense elige un diputado por cada 18.000 habitantes, Lugo elige uno por cada 19.000 habitantes, A Coruña uno por cada 37.000 habitantes, Pontevedra uno por cada 39.000 habitantes.

El voto rural es, en buena parte, cautivo. Por dos motivos: uno es la fuerte dependencia del alcalde o el presidente de la Diputación para conseguir determinados empleos, y otra, más de fondo: en el campo gallego impera el minifundio, amenazado de desaparecer por el Pacto Verde de la PAC. El principal defensor de la PAC es el Gobierno. ¿Qué ofrecen, entonces, el PSOE y Sumar a los campesinos? Desaparecer.

El PP, que tiene la misma política, juega con ventaja. Se apoya en el carácter conservador del campesinado, y camufla demagógicamente su política, diciendo que ellos defienden a los campesinos.

El PSOE ha renunciado a actuar como un partido obrero que busca la alianza con los pequeños campesinos, defendiendo su derecho a trabajar y vivir. Los tractores, que rechazan las ofertas de Bruselas y de Planas, han entrado en Madrid rompiendo el cinturón protector de las direcciones de Asaja, Coag y UPA, que ‘negocian’ con el Gobierno, y buena parte de sus bases han entrado en Madrid con la Unión de Uniones (U. de Pagesos entre otros). Se han enfrentado a cargas de los antidisturbios no vistas en mucho tiempo.

De la misma manera, no beben de las reivindicaciones de los obreros a causa de su sumisión al capital financiero y a la monarquía. Recordemos que la destrucción del potente proletariado asentado en la construcción naval de Vigo y Ferrol fue obra de los gobiernos de Felipe González. Vigo, que mantiene el alcalde socialista, ha dado esta vez el primer lugar al BNG.

Galicia tiene, además, una población altamente envejecida (sólo un municipio, en toda Galicia, tiene crecimiento demográfico positivo).

Jugando con cartas marcadas, y ante la ausencia de una política que puede movilizar al electorado agrario junto con la población obrera urbana contra él, el PP ha podido asentarse en la Xunta de Galicia año tras año desde 1975 con sólo un breve paréntesis entre 1987 y 1990.

Y, sin embargo, la aparición de las Mareas en las elecciones municipales de 2015, cuando, surgiendo de la nada, ganaron las alcaldías de A Coruña, Santiago y Ferrol, demuestra que hay espacio para una fuerza política que pueda movilizar el voto. Ahora bien, el balance de los gobiernos de esas mareas demuestra, también, que esa fuerza política sólo puede construirse desde bases políticas sólidas.

Consecuencias inmediatas

Si el PSOE no consigue que se vote la ley de amnistía, este gobierno tiene los días contados. Page vuelve al ataque tras al fracaso gallego. Feijoo se mantiene –a la vista de los resultados Ayuso no ha movido ficha– y ya ha indicado a Puigdemont que el indulto era posible… Bruselas hace difíciles las concesiones a los campesinos y las elecciones vascas y europeas dificultan que el Gobierno lance operaciones de ajuste escandalosas. Pero entretanto las exportaciones empiezan a caer, la gran reconversión del automóvil espera…

Podemos, aunque sobreviva en las europeas, si se repiten los resultados en Euskadi, tiene los días contados.

Sumar, a un mes del Congreso, sigue sin cuajar, y resurgen todas las oposiciones al personalismo de Yolanda Díaz sin que se vea recambio. Ya hay signos de rebelión en sus filas: Compromís pide autonomía, en Comú también la exige. Incluso IU entra en liza pidiendo una cuota mayor en la futura dirección.

A modo de conclusión

La situación general de falta de representación política se amplifica. Sectores crecientes de la clase obrera no se sienten representados o se consideran mal representados. Los medios hablan de que el PSOE tiene un problema territorial. Es falso: Galicia no tiene un problema propio, como hemos dicho antes el PSOE perdió la mayoría socialista con la reconversión naval y luego con los recortes de Zapatero, como hizo todo el partido (también con la reconversión perdió el control de la margen izquierda de Bilbao). Mientras mantenga el Gobierno, el PSOE –que no aspira a recuperar esa mayoría socialista y daba pena como corifeo del BNG sin reivindicaciones propias– evita hundirse con el inestable apoyo de los regionalistas.

Está a la orden del día la lucha por levantar un movimiento obrero republicano de ámbito estatal, que movilice a sectores importantes con una línea de alianza con los campesinos y los pueblos, con una propuesta de ruptura con el régimen del 78, que es la única esperanza seria. Los partidarios de la IV Internacional, que luchamos por un partido obrero revolucionario, apuntamos en ese sentido con el CATP, en el que trabajamos con compañeros socialistas, comunistas, de Podemos, de otras organizaciones. Los cortejos por Palestina, las columnas de Republicanas, los actos por la Amnistía, el encuentro de sindicalistas por la auditoría y otras iniciativas preparan el Encuentro del 27 de abril para que sea un paso importante.

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