El nuevo presidente de los Estados Unidos y la “realpolitik”

(Publicado en la Carta Semanal 606)

En un marco de crisis que afecta a los dos partidos de la burguesía norteamericana, el Partido Demócrata y el Partido Republicano, con una abstención récord (recordemos que tanto Trump como Clinton tuvieron en cantidad menos votos que los candidatos de las elecciones del 2012), Trump consiguió la mayoría de los grandes electores -en el sistema federal norteamericano– y fue elegido presidente.

No es difícil recordar que su campaña estuvo basada en la denuncia del “establishment”, contra los Tratados de Libre Comercio, prometiendo relocalizar los empleos en los Estados Unidos, todo ello “adornado” con las peores proclamas racistas e incluso misóginas.

Sin embargo pocos días después de la elección las grandes multinacionales le recuerdan quién manda. La General Motors decide un nuevo plan de despidos, Walmart invertir masivamente en México. El capital financiero recuerda a Trump que el “proteccionismo es imposible”.

Es ahora, cuando se está formado la nueva administración, cuando las cosas “parecen volver a su cauce”. Recordemos que el presidente de los Estados Unidos tiene entre sus competencias la de nombrar 4.000 cuadros de la administración, empezando por los ministros (secretarios). Y es en la composición de estos nombramientos donde se puede entrever, dejando de lado las promesas electorales –que, como dijo alguno, sólo comprometen a quienes se las creen–, la verdadera política que va a seguir.

Primero ha designado a unos pocos derechistas para continuar con su demagogia pro blanca. En segundo lugar, lo que sin duda es más importante, ha nombrado a cuatro militares para puestos esenciales, lo nunca visto. Y más en un país en que parecían ser una norma las formas parlamentarias, la aparente dependencia del ejército respecto del poder político,.

Pero ha sido la designación del Director General de la petrolera Exxon-Mobil, Rex Tillerson, el nombramiento más significativo.

Recordemos que la Exxon es el trust petrolero más importante del mundo (con 500.000 millones bloqueados en Rusia a causa del embargo). Un ex dirigente de esta empresa decía que “la Exxon no es una empresa norteamericana, es una empresa mundial. Sus decisiones no están calcadas de los intereses de los Estados Unidos”.

Recordemos que antes Trump había nombrado para su gobierno a un dirigente de Goldman Sachs (tan denostada en su campaña).

Reconozcamos que por una vez El País del 14 de diciembre no parece equivocarse cuando caracteriza al gobierno Trump como “un ejecutivo de militares y oligarcas”.

Militares porque necesita un gobierno “fuerte” contra los trabajadores y los pueblos del mundo. Y la falta de control que Obama ha demostrado en los conflictos internacionales -el ejemplo de Siria es preclaro, las fuerzas y grupos “rebeldes” armados por los EEUU, Francia y sus agentes están siendo aplastados por el régimen sirio, sin que la administración norteamericana sea capaz de reaccionar aparte de hacer una cínica campaña “humanitaria” sobre las espaldas del horror que sufre la población siria. Un horror del cual son enteramente responsables los que desde fuera animaron la conversión de movilizaciones en una guerra civil, que luego han armado hasta los dientes a las diferentes facciones de la “oposición” siria.

Claro está, el nombramiento de militares como ministros no garantiza por sí solo que la nueva administración retome el control de la situación mundial.

Por otro lado el nombramiento de oligarcas (representantes del capital financiero y los trust) tampoco es garantía de que prevalezcan los intereses generales del imperialismo de mantener el orden.

Las grandes corporaciones no tiene otros intereses que la consecución del beneficio y para ello querrán negociar con el diablo y con su abuela. Al tiempo que sin duda van a multiplicarse los conflictos de intereses.

Para la clase obrera norteamericana y los pueblos del mundo se abre una nueva etapa. En la que la descomposición del capital financiero va a intentar multiplicar los ataques contra los trabajadores y los pueblos, aunque no parece que tengan instrumentos políticos para ello.

Estamos en vísperas de cambios brutales y de reacciones de masas como nunca hemos visto.

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