La cuestión nacional y la crisis capitalista

(publicado en la Carta Semanal 467)

A modo de presentación de La Verdad 81 – abril de 2014

laverdad81La versión española del número 81 de La Verdad está ya a la venta. Una lectura necesaria para todos cuantos traten de entender cabalmente las múltiples crisis que sacuden hoy al imperialismo. Un análisis basado en la lucha de clases frente a tanta interpretación interesada y falsificadora de la realidad.

En el marco de la gran crisis del sistema capitalista, los artículos abordan la situación en Ucrania, en el África Oriental, España, Brasil y Japón, junto a otros dos que se ocupan del análisis marxista frente a quienes encuentran un “capitalismo bueno”, uno y del combate de Marx por un partido proletario (el cuarto de la serie sobre Marx), el otro.

Las ‘Notas editoriales’ dibujan los contornos de la crisis ucraniana, cuyo origen sitúa el artículo publicado en este número en la iniciativa de la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) exigiendo al gobierno Yanukóvich la total apertura de Ucrania al saqueo imperialista.

Como antes Gadafi o Sadam Husein, de interlocutor privilegiado del imperialismo, Yanukóvich es expulsado hoy por un golpe de fuerza. En un momento determinado tuvo que elegir y no escogió la opción que le dictaba el capital financiero norteamericano por medio de la UE y el FMI.

Tanto Yanukóvich como los personajes de la oposición y quienes les precedieron, hunden sus raíces en el proceso de descomposición de la burocracia estalinista y representan la misma capa mafiosa que vive del pillaje y de la destrucción de fuerzas productivas. Así, el nuevo “Primer Ministro” de Ucrania declaró en su toma de posesión que adoptaría “medidas extremadamente impopulares”, para afirmar a continuación: “estamos al borde del desastre. Bienvenidos al infierno”.

Se trata de la dislocación de la ex URSS y del proceso de “restauración del capitalismo”, de un capitalismo de saqueo, mafioso, que gangrena toda la economía mundial, un capitalismo basado, ante todo, en la destrucción de fuerzas productivas. Un proceso que ha mostrado sus límites, ya que ni ha podido ir hasta el final en la tarea de liquidar la propiedad social; ni las necesidades actuales del imperialismo se corresponden exactamente con la constitución de las gigantescas mafias que, incluso sometidas a sus exigencias, pretenden preservar, si quiera parcialmente, sus monstruosos privilegios frente a la tentativa del capital financiero estadounidense de tomar directamente el control de las gigantescas riquezas naturales de la antigua Unión Soviética.

Esto se combina en Ucrania con la cuestión nacional, lo que le confiere una dimensión internacional. En un artículo de 1939, ‘La cuestión ucraniana’ Trotski escribe: “el programa de la independencia de Ucrania en la época del imperialismo está directa e íntimamente ligada al programa de la revolución proletaria. Sería criminal mantener la menor ilusión sobre esta cuestión.” Y añade: la “verdadera emancipación del pueblo ucraniano” sería inconcebible “sin una revolución o una serie de revoluciones en el Oeste, que debería, finalmente, conducir a la creación de los Estados Unidos Soviéticos de Europa“.

En la medida en que emancipación nacional y emancipación social están totalmente relaciona­das, las ‘Notas editoriales’ afirman: “La responsabilidad de los que en el seno del movimiento obrero se niegan a romper con el sistema capitalista en descomposición es enorme, porque tratan de prohibir a la clase obrera luchar por la menor reivindicación democrática y nacional, queriendo someterla a los dictados de la Unión Europea y del FMI, instrumentos del imperialismo. La IV Internacional lucha incondicionalmente por el derecho del pueblo ucraniano a disponer de sí mismo, lo que pasa por la lucha contra las medidas reaccionarias tomadas por gobierno Yatseniuk que tienen como objetivo la dislocación de Ucrania.”

Bajo otra forma, la misma alternativa se plantea a todos los trabajadores y pueblos de Europa. Por eso la conferencia de París, en la que se reunieron delegaciones de 19 países, y concluyó con un llamamiento que declara especialmente: “Nosotros, 140 militantes obreros y responsables pertenecientes a diferentes organizaciones sindicales y a diversas organizaciones políticas del movimiento obrero de 19 países de Europa (…), nos levantamos contra la fábula de una “democratización” posible de las instituciones europeas por un pretendido “Parlamento” y apoyamos con todas nuestras fuerzas el rechazo de la Unión Europea y de sus instituciones que se expresará el próximo 25 de mayo (…). La esperanza de la clase obrera de todos nuestros países reside en su propia capacidad para unirse con sus organizaciones, cuya independencia habrá sido preservada, con el fin de abrir la vía a la movilización unida que triunfará sobre los obstáculos que se le oponen todavía. Decidimos ayudarla con todos los medios a nuestra disposición.” Se trata, evidentemente, de un primer paso en continuidad con otros, la realización de la conferencia de Tarragona hace un año, en particular.

En este marco aborda el artículo titulado ‘España: la clase obrera, los derechos de los pueblos, hacia una crisis revolucionaria’ la cuestión nacional en el Estado español, a partir de la situación abierta hoy en Cataluña por la masiva movilización del pueblo catalán defendiendo su soberanía, y la resolución aprobada por la mayoría del Parlament de convocar un referéndum el 9 de noviembre de 2014 sobre el derecho de Cataluña a constituir un Estado independiente. El artículo concluye:

Aunque el ejercicio del derecho de autodeterminación sigue siendo una cuestión crucial, hoy todas las fuerzas políticas que afirman defenderlo, tanto en Cataluña como en el País Vasco, plantean esta cuestión en relación con la Unión Europea. Dicho de otro modo, quieren establecer relaciones de subordinación a las instituciones de Bruselas (en nombre de Europa) sin pasar por Madrid.

En este marco hay que entender el combate de la sección de la IV Internacional en España, que establece un vínculo directo entre lucha por la emancipación social y lucha por la emancipación nacional, y formula la necesidad de dotar a la clase de un verdadero partido obrero que restablezca ese vínculo (…)

Ese combate adopta hoy la forma del combate por el frente único de las organizaciones contra los planes de austeridad y las contrarreformas, por la defensa incondicional de los sindicatos, en especial de la UGT, agredida por los aparatos judicial y militar, y pone en el centro el combate por la alianza de los trabajadores y los pueblos.

Este artículo debería ser discutido en reunión abierta de las unidades del POSI, dado el avance experimentado por la lucha de clase en el Estado español (antes y después de la marcha del 22 M) y el apoyo dado al gobierno franquista con el Pacto Social suscrito por Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, la patronal y el gobierno (ver su declaración conjunta); justo cuando Rajoy y el PP criminalizan cualquier expresión de las masas y buscan enfrentar abiertamente al pueblo catalán con el resto de pueblos de España (para lo que cuenta con el apoyo inestimable de Pérez Rubalcaba). Los militantes de la IV Internacional pueden y deben ayudar a otros compañeros de lucha, sindicalistas o militantes obreros, partidarios de la independencia de la clase obrera a clarificar la situación y a orientarse políticamente en ella poniendo a discusión sus puntos de vista.

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