La Internacional Socialista y Venezuela

(Publicado en la Carta Semanal 715ver en catalán)

Este domingo, El País publica un largo artículo en el que explica cómo la administración de Donald Trump ha organizado de principio a fin el golpe de estado de Venezuela. Lo que no quita para que ese mismo periódico siga dando su pleno apoyo a la intentona golpista. No están solos en esa tarea.

El Consejo de la Internacional Socialista (IS), reunido el 28 y 29 de enero en Santo Domingo, ha hecho pública una declaración sobre Venezuela en la que se reconocen los esfuerzos del líder opositor de Venezuela Juan Guaidó “de conducir una transición hacia la democracia, apoyada en la legítima Asamblea Nacional”, y se añade que la única manera de avanzar es la celebración urgente de nuevos comicios. Unas elecciones que, según el Consejo de la IS, han de “ser vigiladas por una nueva autoridad electoral plenamente independiente e imparcial”.

El Consejo de la IS ha dicho que el Parlamento, que preside Guaidó, que el pasado miércoles se proclamó presidente interino de Venezuela, “es el poder legítimo para conducir la transición democrática”. También reiteró su posición de que el proceso electoral de mayo pasado, en la que Nicolás Maduro logró un segundo mandato, “no contó con credibilidad democrática, ya que fue realizado ‘ilegalizando líderes y partidos políticos’, lo que obliga a la IS ‘a desconocer dicho proceso, por ser contrario a las normas democráticas de competencia, libertad y garantías’”.

En efecto, en mayo de 2018, cuando se celebraron las elecciones presidenciales que ganó Nicolás Maduro, la IS las declaró “ilegítimas”. ¿Cómo pueden declarar ilegítimas unas elecciones a las que se presentaron varios partidos de la llamada “oposición” de Venezuela, y en las que Maduro obtuvo el apoyo de un porcentaje del censo electoral superior al que apoyó a Trump, a Macron y, por supuesto, a Pedro Sánchez? Recordemos que poco antes de esa elección hubo una mediación de Zapatero por la cual se llegó a un acuerdo sobre las elecciones, pero al final se retiró la mayoría de candidatos de la “oposición”, por presiones de los USA.

La decisión de la Internacional “Socialista” supone, simple y llanamente, la alineación de ese organismo internacional con las posiciones del gobierno de Donald Trump, instigador y organizador del golpe de Estado que intenta llevar a cabo Guaidó. No olvidemos que, en Venezuela, forman parte de la Internacional Socialista tres partidos de la llamada “oposición”: Acción Democrática, Voluntad Popular (al que pertenece Juan Guaidó) y Un Nuevo Tiempo.

Lo que expresan los dirigentes de la IS está muy lejos, sin duda, de los deseos y las opiniones de miles de sinceros militantes socialistas de Latinoamérica y de todo el mundo, que se sienten, sin duda, mucho más próximos a lo que ha dicho el dirigente del Partido Laborista de Gran Bretaña, Jeremy Corbyn (“El señor Maduro sigue siendo el presidente del país. No apoyamos las interferencias externas (…) pensamos que sólo el diálogo y una solución negociada pueden permitir superar la crisis en Venezuela. El futuro de Venezuela es de los venezolanos”).

Llueve sobre mojado: el caracazo

Hemos señalado antes que uno de los partidos que representa a la IS en Venezuela es Acción Democrática. Ese partido gobernó el país durante muchos años, siendo presidente del país su dirigente Carlos Andrés Pérez (CAP), que fue, a su vez, vicepresidente de la Internacional Socialista

El gobierno de CAP pidió en nombre de Venezuela los primeros prestamos al FMI, pasando la deuda externa venezolana, durante su mandato, de 1.500 a 30.000 millones de dólares, un 66% del PIB de Venezuela[1]. Para hacer frente a esa situación, CAP emprende un plan de “liberalización” de la economía venezolana, a base de privatizaciones, eliminación de subsidios a bienes de primera necesidad, bajada de salarios y subida de precios que llevó a la población a la miseria.

El 27 de febrero de 1989, la población, que no tenía ya ni para comer, se echó a las calles con manifestaciones, motines, saqueo de los supermercados (llenos de productos importados que no podían comprar), un levantamiento popular que fue conocido como el “caracazo”. El gobierno de CAP respondió sacando al ejército a la calle. Resultado: entre muertos y desaparecidos, 3.000. Decenas de miles de heridos. En la “represión de Maduro” que tanta repugnancia provoca a los dirigentes de la Internacional Socialista, se habla, según la propaganda de la “oposición” de unos 40 muertos.

¿Qué hizo en 1989 la IS ante los 3.000 muertos del caracazo? Pongamos por ejemplo a Felipe González, entonces presidente del gobierno de España, que hoy dice que Maduro “Es peor que un dictador, es un tirano arbitrario”, y ha sido de los primeros en pedir a Pedro Sánchez que reconozca al golpista Guaidó como presidente de Venezuela. Felipe no montó, precisamente, en cólera por el ametrallamiento impune de civiles que ejercían su derecho a manifestarse. Por el contrario, sólo dos días después del caracazo, cuando todavía los muertos estaban frescos, llamó a su amigo Carlos Andrés Pérez y le ofreció un préstamo inmediato de 600 millones de dólares, “para ayudarle en estos críticos momentos”. Nada de sanciones. CAP era entonces vicepresidente de la Internacional “Socialista”, que lo consideraba un “demócrata a carta cabal”.

La relación de Felipe González con CAP y con Venezuela no se quedó ahí. En 1984, Galerías Preciados fue vendida al multimillonario venezolano y también amigo del tándem Pérez-González, Gustavo Cisneros, por 1.500 millones de ptas., de los que finalmente sólo tuvo que pagar 750. Cinco años después, en 1988, Cisneros vendió Galerías Preciados al grupo británico Mountleigh por la friolera de 30.600 millones. Todo un fabuloso negocio.

La IS, enemiga de la revolución venezolana desde el principio

La Internacional Socialista y su representante en Venezuela, Acción Democrática, se opusieron a los gobiernos de Hugo Chávez desde el primer momento. Ya en el año 2000, apenas seis meses después de la primera victoria electoral de Chávez, la SICLAC (Comité de la IS para América Latina y el Caribe, creado en 1980), mostraba su desaprobación por el “enfrentamiento del gobierno de Venezuela con las instituciones”. Poco antes del golpe de Estado contra Chávez en 2002, Acción Democrática pedía en la Asamblea Nacional de Venezuela “designar una junta médica que pruebe la incapacidad mental del presidente”. Cuando se produjo el golpe, la SICLAC manifestó su apoyo a Acción Democrática, uno de los principales actores movilizadores en pro del quiebro constitucional.

El gobierno de Pedro Sánchez, después de que el embajador USA llamara a Borrell, decidió “reconocer” a Guaidó y dio un plazo de ocho días a Maduro para que se sometiera a las condiciones dictadas por Trump y convocara elecciones. Cualquier socialista, cualquier demócrata, se pregunta con razón con qué desfachatez Sánchez, como otros gobiernos europeos, “deciden” sobre lo que deben hacer otros pueblos, pueblos, además, que han sufrido y sufren el expolio de las multinacionales españolas.

Ayer decían que Trump era de extrema derecha. Hoy, al parecer, es el “defensor de la democracia”… en Venezuela (aunque no en Arabia Saudí), tanto es así que el secretario de Seguridad de los EE.UU., John Bolton, se ha permitido declarar que van a enviar a Maduro a Guantánamo.

Es indignante. Ningún trabajador o demócrata, sea de la posición que sea, puede permitir una nueva Libia en Venezuela. Ninguna organización que se declare democrática puede aceptarlo.

Compartimos con millones de socialistas de todo el mundo la indignación por el servilismo de los dirigentes de la IS ante Donald Trump, y su apoyo al derecho del pueblo de Venezuela a decidir libremente su futuro sin injerencias del imperialismo y de sus esbirros internos. Por nuestra parte, damos pleno apoyo a la campaña que ha lanzado el Acuerdo Internacional de los Trabajadores contra la injerencia imperialista, de la que el gobierno español tristemente participa.

[1]    En 2018, y debido a la política de los distintos gobiernos chavistas de respetar religiosamente los pagos de la deuda, había pasado a 103.000 millones de $ (4000 $ por habitante).

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