La situación de la clase trabajadora ante el nuevo año 2017

(Publicado en la Carta Semanal 610)

Tras la caída del muro de Berlín y la voladura de los Estados Obreros del Este de Europa, provocada desde el interior por la propia burocracia que usurpaba el poder de la clase trabajadora, los defensores del capitalismo decretaron “el fin de la historia”, y nos prometieron el mejor de los mundos bajo el capitalismo triunfador. La burocracia estalinista agencia del imperialismo en el estado obrero degenerado actuó para destruir las conquistas de octubre, como planteaba ya en 1934 Trotsky en La Revolución Traicionada: o revolución política o restauración del capital. Pero esto no significó ni el “fin de la historia” ni la regeneración del capitalismo. Al contrario, éste, para poder sobrevivir, sometido a una crisis orgánica galopante se ve obligado a destruir todo lo que la lucha de clases consiguió.

En pocos años se ha demostrado la falsedad -falsedad interesada- de aquellas promesas de prosperidad bajo el régimen del capital. Los años de crisis han golpeado duramente a la clase trabajadora -que es, no lo olvidemos, la inmensa mayoría de la población- y a sus condiciones de vida.

En nuestro país, todas las conquistas y derechos arrancados después de la muerte de Franco están hoy brutalmente atacados, y especialmente desde el año 2008 y la nueva agravación de la crisis, se ha acentuado un rosario de ataques a la clase trabajadora. Tratan de hacernos creer que es inevitable estar peor que nuestros antepasados

Entre el año 2008 y finales de 2014, el peso de los salarios respecto del PIB ha caído desde el 49,43% del PIB hasta el 45,5%. Es decir, que en unos pocos años, las rentas salariales han perdido cuatro puntos porcentuales. 40.000 millones de euros que han pasado de los bolsillos de los trabajadores a la bolsa de los capitalistas. La destrucción de empleo y la bajada de salarios es la principal causa de esa formidable transferencia de dinero de los más pobres a los más ricos.

Al mismo tiempo, los servicios públicos, de los que la clase trabajadora depende, para su supervivencia están siendo destruidos por los recortes aplicados por los distintos gobiernos. Y, para perpetuar esta situación, se suceden las campañas y ataques contra las organizaciones de la clase trabajadora, para dejarla indefensa.

El desempleo crónico

Uno de cada cinco trabajadores está en paro. Incluso en 2016, cuando, según dicen, “lo peor de la crisis ha pasado” el paro afecta a 4.321 millones de personas, un 18,9% de la clase trabajadora. En el caso de los menores de 25 años, a un 41,9%. Casi un 42% de los 4,3 millones de desempleados lleva dos o más años en el paro. Y de los 1.811.200 parados de muy larga duración, 874.600 tienen más de 45 años. Es decir, que tienen muy pocas probabilidades de encontrar un nuevo empleo.

De estos cuatro millones trescientos mil parados, menos de la mitad recibe algún tipo de prestación. Sólo 1.923.100 son beneficiarios de prestaciones de desempleo. De ellos, 719.000 reciben prestaciones del nivel contributivo, que suponen una cuantía de entre 497,01 € y 1.397,84 €, dependiendo de la base de cotización y del número de hijos a cargo del trabajador o trabajadora.

La prestación que reciben la mitad de parados que cobran algo es de miseria. De los que reciben prestación 962.800 perciben prestaciones del “nivel asistencial” en sus distintas formas. En la mayoría de los casos, la cuantía de esas prestaciones es de 426 euros al mes.

Otros muchos no reciben nada. En España hay 1.572.900 hogares con todos sus miembros activos en paro. Y hay 721.900 hogares que no reciben ningún tipo de ingresos; no tienen rentas del trabajo, ni pensiones de la Seguridad Social, ni prestaciones por desempleo.

La precariedad rampante

La cuarta parte de empleados no tiene contrato fijo. En el tercer trimestre de 2016 había 18.527.500 trabajadores con empleo. De ellos, 14.375.200 con contrato indefinido y 4.152.300 con contratos temporales. De ellos, 15.830.000 estaban contratados a tiempo completo, y 2.697.100 a tiempo parcial .

Uno de cada cinco tiene contrato a tiempo parcial. Entre 2011 y 2016, el empleo a tiempo parcial ha aumentado en 350.000 ocupados, mientras que el realizado a tiempo completo ha disminuido en 200.000 empleos. La mayoría de estos contratos -un 61%- no son elegidos voluntariamente. En el caso de las mujeres, la cifra llega al 70%. También sufren este tipo de empleo precario los jóvenes menores de 25 años, que aglutinan el 90% de la totalidad de todos estos contratos. Un alto porcentaje de estos supuestos contratos a tiempo parcial son fraudulentos: trabajadores que trabajan una jornada completa (o incluso más), pero que cotizan -y cobran- por una jornada parcial. Una práctica favorecida por la modificación que en la última reforma laboral se hizo de los contratos a tiempo parcial.

Los trabajadores temporales cobran un 36% menos que los fijos. En comparación con los datos de 2012, la brecha salarial entre temporales e indefinidos ha aumentado más de dos puntos.

Cada vez más trabajadores pobres

Cada vez es más frecuente algo hasta hace poco desconocido en el estado Español, los “trabajadores pobres”. Según la Encuesta de Condiciones de Vida 2015, ha aumentado el porcentaje de trabajadores en riesgo de pobreza y exclusión social (del 17,6 en 2014 al 18,1% en 2015). Es decir, uno de cada cinco trabajadores con empleo está en riego de pobreza. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 9,9 % de los trabajadores por cuenta ajena se encuentra en esta situación, mientras que en el caso de los autónomos el porcentaje se eleva hasta el 25,5 %.

Ha habido un aumento del 9% del riesgo de pobreza desde el inicio de la crisis. Y lo más probable es que, en los próximos años, la bolsa de exclusión social crecerá. “Al ritmo actual, alcanzar las cifras de hogares sin ingresos anteriores a la crisis, ya elevadas de por sí, puede suponer siete años”, afirmaba Guillermo Fernández, miembro del comité técnico de la Fundación Foessa de Cáritas.

La precarización de las condiciones laborales ha elevado del 14,2 al 14,8% el porcentaje de trabajadores pobres, y la tasa de pobreza entre las personas en paro se sitúa en el 44,8%.

Son ni más ni menos que 13,4 millones de personas en riesgo de exclusión en el año 2014 (el 29,2 % de la población española).

No es de extrañar que el uso de comedores sociales haya aumentado más de 250% y que muchos colegios tengan que abrir sus comedores en verano para asegurar que los niños puedan tener una comida al día.

Salarios de miseria

Hace unos años se hablaba, de forma un tanto despectiva, de trabajadores mileuristas. Ahora cobrar mil euros es casi un privilegio. 5,7 millones, un tercio de los asalariados (34%), son seiscientoseuristas. Cobran el equivalente al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), una media de 645 euros al mes en 14 pagas. Una plaga que afecta sobre todo a los trabajadores y trabajadoras jóvenes. En este grupo está el 86% de los pocos jóvenes de menos de 18 años que tienen empleo (33.681 personas) y el 74,7% (1.107.104) de los de entre 18 y 25 años.

Pero no sólo los jóvenes sufren esta dura explotación. También sufre esta situación el 28,7% (1.427.204) de los que tienen entre 36 y 45 años, uno de cada cuatro asalariados (956.603) de entre 44 y 55 años, y el 26% (493.780) de los que tienen entre 56 a 65 años. Y, curiosamente, también se encuentra en este grupo el 63,7% (87.652 personas) del total de los trabajadores que han prolongado su vida laboral después de cumplir los 65 años y que, al recibir una pensión exigua, siguen trabajando. Las mujeres trabajadoras también sufren especialmente esta situación. De quienes cobran de 645,3 euros. Un 67,15 % son mujeres, 1.265.302, dos de cada tres personas asalariadas con estos ingresos.

Además de estos casi seis millones, hay muchos más trabajadores con bajos salarios. A este grupo le siguen casi dos millones de personas, que ganan entre una y 1,5 veces el SMI (entre 645 euros y 970 euros al mes en 14 pagas). Por tanto, hay casi 7,7 millones de trabajadores, el 46,4% de los asalariados totales, que ganan por debajo o muy por debajo de los mil euros. Casi la mitad de la clase trabajadora es mileurista o no llega ni a eso.

Y sin embargo, según datos del Instituto Nacional de Estadística se trabajan cada semana un total de 3.350.500 horas extraordinarias que no son remuneradas por las empresas, lo que equivaldría a unos 90.000 empleos a tiempo completo.

Pensiones de miseria

Forman parte de la clase trabajadora casi 9 millones y medio de pensionistas. La pensión media es de 907,8 euros (la de Incapacidad Permanente 930,7, la de Jubilación 1.048 €, la de viudedad 639,8 y la de Orfandad 375,5). El mayor grupo de pensionistas es el que cobra una pensión de entre 600 y 650 euros: 1.938.304 personas, que suponen un 20,70% del total de pensionistas. Seguido de este tramo, el segundo con más número de pensionistas es el que recibe una pensión de entre 700 y 800 euros con 885.859 personas, lo que representa al 9,46% de los pensionistas.

Y, sin embargo, según el Instituto Nacional de Estadística, el 34,3% de los hogares tiene en España, como principal fuente de ingresos, una pensión, contributiva o no contributiva, de jubilación, invalidez, viudedad, etc. Según un estudio de la Fundación ‘La Caixa’, cerca de 300.000 familias viven de la pensión de los abuelos.

Y aún esto está en peligro con la política de rebaja de salarios (y, por tanto, de cotizaciones) y de vaciamiento de la Caja de la Seguridad Social que ha practicado el PP.

Decenas de miles de personas expulsadas de sus casas

Los gobiernos que han gastado cientos de miles de millones en salvar a los banqueros han cerrado los ojos ante la situación de cientos de miles de familias trabajadoras desahuciadas, y no han dudado en enviar a sus policías a ayudar a los bancos a echarlos de sus viviendas.

Según los datos del Banco de España, entre el año 2012 y 2015, las familias españolas han tenido que entregar 177.900 pisos y casas a los bancos. De éstas, nada menos que 143.800 eran la vivienda habitual de los hipotecados. Entre 2008 y 2012, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca calcula que se llevaron a cabo al menos 244.278 desalojos de familias de sus viviendas. Es decir, un total de casi 400.000 familias que han perdido su casa y con ella los ahorros de toda su vida.

La destrucción de servicios y derechos

La clase trabajadora depende, para su supervivencia, de la existencia de una red de servicios públicos, conquistas arrancadas en la lucha de clases, que están siendo destruidas por los recortes aplicados por el Gobierno Central y las autonomías de uno y otro signo.

En la enseñanza pública, los gobiernos han reducido el gasto en 7.300 millones, con consecuencias devastadoras para el sistema. Hay 33.000 profesores menos en las enseñanzas no universitarias, y se han perdido un total de 64.000 empleos en el conjunto de la enseñanza pública. Y según datos de un estudio publicado por la Federación de Enseñanza de CCOO, el poder adquisitivo de los profesores de enseñanza primaria y media ha caído entre un 44 y un 63%. Y el número de horas de clase que cada uno debe dar ha subido un 16%.

Para los alumnos, las consecuencias también han sido graves. La ratio (número de alumnos por aula) ha subido de 25 a 30 alumnos en Enseñanza Primaria y 30 a 36 en Secundaria, con la consiguiente pérdida de atención recibida por cada alumno.

Los recortes en las Universidades Públicas -recortes de presupuestos, subida de tasas y recorte de becas, especialmente- han hecho que el número de estudiantes matriculados en grados haya descendido en 127.674 personas en los últimos cinco años, entre el curso 2011/2012 y el curso 2015/2016. Una caída en las matriculaciones del 8,7%. Al mismo tiempo, ha subido la tasa de abandono del estudio en el primer año, del 19% al 22,5%. Miles de hijos de la clase trabajadora han sido expulsados de la Universidad.

Y también se les cierra el paso a la Formación Profesional. Se calcula que 100.000 candidatos se han quedado sin plaza en FP en 2016. Sólo en Madrid, entre 18.000 y 22.000 (en 2012 fueron 8.000). En canarias, 15.000 se han quedado fuera en 2016 (en 2012 fueron 9.000). Entre un tercio y la mitad de los jóvenes que solicitaron plaza en FP se han quedado fuera.

Del mismo modo, desde 2011 hasta 2016, el gasto público en salud ha disminuido en unos 27.400 millones de euros en total, casi un 3% del PIB anual, y entre 2012 y 2016 se han perdido 15.236 empleos en la Sanidad Pública, un 3% del total. Entre 2010 y 2014 se han perdido 6.000 camas hospitalarias y el tiempo medio en lista de espera ha aumentado un 13%. Curiosamente mientras el gasto sanitario total ha bajado un 9,6% entre 2010 y 2014, el gasto en conciertos con centros privados apenas ha bajado un 0,24% (y en Madrid, Baleares y Canarias ha subido un 10%)

La situación de la juventud trabajadora

Los ataques a la clase se ceban en la juventud. Un 41,9% de los menores de 25 años está en paro. Y los que tienen trabajo sufren la mayor precariedad y explotación. Más de la mitad de los jóvenes que trabajan tienen un contrato temporal, alcanzando la tasa de temporalidad juvenil el 54%, más del doble que la tasa general. Y El 74% de los jóvenes de entre 25 y 29 años trabaja a tiempo parcial (o, más bien, está contratado a tiempo parcial y en muchos casos obligado a trabajar a tiempo completo).

Los que trabajan cobran salarios bajísimos. Entre los seiscientoseuristas se encuentra el 86% de los jóvenes de menos de 18 años que tienen empleo (33.681 personas), el 74,7% (1.107.104) de los de entre 18 y 25 años y el 38% (1.646.016) de los que se encuentran en el tramo de 26 a 35 años.

Como hemos señalado más arriba, más de 100.000 jóvenes han tenido que abandonar la Universidad, y unos 100.000 se han encontrado cerrado el acceso a la Formación Profesional. Paro crónico y expulsión del sistema educativo hacen que España sea uno de los países de la OCDE con más jóvenes sin estudiar ni trabajar, lo que se ha dado en llamar ninis. El 22,7% de quienes tienen entre 15 y 29 años son ninis, un porcentaje que supera en casi ocho puntos la media de la OCDE (sólo nos superan Turquía, Italia y Grecia)

No es de extrañar que miles de jóvenes trabajadores, muchos de ellos con un alto nivel de formación, decidan emigrar. Distintos estudios calculan entre 500.000 y 700.000 el número de jóvenes españoles que han emigrado en busca de trabajo. Según un estudio de UGT, seis de cada 10 jóvenes planean emigrar en busca de empleo.

Sólo hay una solución: la movilización unida contra este régimen y las imposiciones de la UE

Nada de esto es fruto de la fatalidad ni de la casualidad. Responde a la propia naturaleza del capitalismo, que supone la búsqueda del mayor beneficio basado en la explotación de la clase trabajadora. En su fase de decadencia imperialista, sólo puede sobrevivir destruyendo todas las conquistas sociales.

Pero para el capital lo robado a la clase trabajadora no es suficiente. Las instituciones del capital financiero: UE, FMI, OMC, exigen a Rajoy continuar con las “reformas”. Pero la contradicción está en que el gobierno es débil, como muchos otros gobiernos -y no sólo en la Europa en crisis. Por eso precisa de los instrumentos políticos para continuar las reformas, y, sobre todo, necesita la subordinación de los partidos que se reclaman de la clase trabajadora, y de los dirigentes sindicales, por medio del “diálogo social”. Pero a pesar de los ataques y retrocesos y del debilitamiento de los sindicatos, la clase obrera no está derrotada.

La crisis de los partidos que aseguraban la estabilidad, hace que la mayor incertidumbre atraviese la escena política. Los sindicatos viven la contradicción entre las aspiraciones de la clase y las presiones para mantener la paz social, en nombre de la estabilidad. Y eso cuando el gobierno no da nada y actúa para zapar su base social.

Estamos en vísperas de enfrentamientos históricos. Todos los derechos y conquistas sociales han sido arrancados en la lucha de clases. Del mismo modo, sólo la movilización unida de la clase trabajadora, uniendo bajo su bandera al conjunto de los oprimidos, puede poner fin a esta situación. Esta es la exigencia de los trabajadores y, por tanto, el deber de sus organizaciones. Esa es la conclusión del combate de la clase trabajadora en el centenario de la revolución de Octubre.

 

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