Lo que está en juego en Grecia

(publicado en la Carta Semanal 506)

Una apuesta arriesgada del capital financiero

Carta-506El primer ministro del gobierno de coalición Nueva Democracia/Pasok lanzó el órdago adelantando dos meses la elección del Presidente de la República. En Grecia esa elección no es directa, se realiza por medio del voto del Parlamento. El candidato debe conseguir dos tercios de los 300 diputados en las primeras votaciones (200) o tres quintos en la tercera y última votación (180). Ninguna de las tres votaciones dieron la mayoría requerida, lo que llevó a convocar el 30 de diciembre elecciones legislativas anticipadas para el 25 de enero. Samarás, bajo las presiones de las instituciones de la UE y del capital financiero, quería forzar un “acuerdo” con la oposición, particularmente con Syriza (71 diputados y al que las encuestas dan probable ganador en las elecciones).

En efecto, a pesar de que el 10 de abril de este año se declaró oficialmente que la crisis había terminado y que Grecia ya podía obtener créditos libremente en el mercado financiero, en el horizonte aparecían rumores de una nueva crisis e incluso de un nuevo plan de rescate. En los últimos días Samarás se había negado a aumentar el IVA de los medicamentos y reducir de nuevo las pensiones como le exigían las instituciones europeas. Esta decisión no era producto de la preocupación “social” de Samarás sino del convencimiento de que era imposible continuar la política de austeridad sin el respaldo directo de la oposición y particularmente de Syriza. La votación para presidente buscaba este consenso y al fracasar el intento la anticipación de las elecciones busca en particular asociar a Syriza al gobierno o, en caso de victoria, que este partido asuma plenamente la responsabilidad de la política de austeridad.

Estamos por tanto en una etapa de la crisis provocada por el capital financiero, por sus representantes políticos directos, en este caso Samarás, en una situación en que las masas están a la expectativa, han sufrido duros golpes y existe la sensación de que las seis jornadas de huelga general realizadas estos últimos cuatro años no han servido para gran cosa. Así, la última movilización, en noviembre, no reunió más de 30.000 manifestantes en Atenas. Debemos constatar en efecto que las repetidas jornadas de lucha sin continuidad ni perspectivas de ruptura con el Memorándum han servido por el momento para desorientar a los trabajadores, confrontados a la política de desgaste de las direcciones sindicales combinada con la política de división realizada por el KKE (Partido Comunista ortodoxo). Política de división que la dirección de Syriza reconduce al terreno electoral mientras a la vez “modera” extremadamente sus posiciones iniciales, en particular la exigencia de retirada del Memorándum de la Troika (o sea el plan de austeridad impuesto por las instituciones internacionales como contrapartida del rescate); exigencia con la que concurrió a las elecciones del 17 de junio del 2012 y que levantó las expectativas de buena parte de los trabajadores y de la juventud.

El precio del ajuste

Recordemos que el gobierno griego, presidido entonces por el llamado socialista Papandreu, solicitó el 23 de abril de 2010 un primer plan de rescate y en el verano de 2011 tuvo lugar el segundo, con un montante entre ambos de 240.000 millones de euros. La Comisión Europea, el BCE y el FMI formaron la Troika para supervisar las condiciones de aplicación del rescate y los términos de los planes de austeridad sucesivos.

El balance es aterrador: las consecuencias para los trabajadores, los jóvenes, la inmensa mayoría de la población han sido criminales, mientras la minoría de grandes capitalistas evadían tranquilamente sus capitales, evasión facilitada por las directivas europeas. Hoy, un país de poco más de 10 millones de habitantes tiene un 25 por ciento de paro (el 50 por ciento entre la juventud), la pérdida de renta media ha sido del 40 por ciento, un tercio de la población está por debajo del nivel de pobreza y, lo que es más grave, 3 millones de ciudadanos están excluidos del sistema sanitario. Los inmensos sacrificios de nuestros hermanos de clase griegos solo han servido para enriquecer aún más a la minoría capitalista, para que los grandes bancos se cobren intereses descomunales de una deuda que no ha cesado de aumentar y hoy se cifra en 320.000 millones, el 177% del PIB, un tercio más que al inicio de la crisis.

Grecia fue el primer país, seguido de Irlanda y Portugal, en sufrir estos planes, que de otra forma se han aplicado en nuestro país desde mayo del 2010 (el giro de Zapatero) y que en formas particulares se convierten en la disciplina presupuestaria oficial de todos los países europeos, estén gobernados por un gobierno o por otro. Planes que corresponden a los intereses del capital financiero, dominado por el imperialismo norteamericano que exige al gobierno alemán de coalición que se convierta en el gendarme económico de Europa. En la política de guerra contra los trabajadores y los pueblos, necesaria para el imperialismo norteamericano, la austeridad, es decir, la destrucción de las conquistas y derechos de los trabajadores y los pueblos de Europa ocupa un capitulo prioritario.

Sin embargo esta política ha llevado a un callejón sin salida: la clase obrera ha sufrido golpes terribles en todos los países, pero no ha sido derrotada. En los gobiernos y las instituciones imperialistas existe la convicción de que sin asociar estrechamente a las organizaciones obreras –partidos y sindicatos– en la continuidad de la austeridad, con formas distintas, esta política lleva a la explosión social. De ahí la necesidad de los pactos sociales con los sindicatos (conocemos bien las consecuencias del ASE en nuestro país y de la tregua al Gobierno dictada después de la huelga general del 14 de noviembre de 2012). Y esto se cubre con supuestas reformas de la UE, el plan Juncker al que se acogen las direcciones, o las alternativas más “radicales” del grupo de la Izquierda Europea (PCF, Syriza, Podemos, Izquierda Plural, Bildu).

En esta situación, la búsqueda de un gobierno de coalición con Syriza es un objetivo central del capital financiero. O, según el resultado electoral, dictar a la dirección de Syriza los términos de un acuerdo.

La evolución de Syriza

No se puede hacer abstracción de la evolución de la dirección de Syriza. De hecho, en su congreso de diciembre de 2012 la mayoría abandonó la exigencia de Retirada del Memorándum.

Hoy, después de múltiples contactos de su dirigente Alexis Tsipras con los gobiernos alemán, europeos y norteamericano, su programa es extremadamente “moderado”, por utilizar un término educado.

Proponen la quita de una parte de la deuda, y no pagar la restante si no se genera crecimiento. Y paralelamente un programa de creación de empleo, de la consabida reforma fiscal, aumento del salario mínimo, recuperación de la negociación colectiva. Todo ello se concentra en el llamado Programa de Salónica, que contiene un punto irrenunciable: 2.000 millones para las urgencias sociales (que al parecer ahora se rebajan a 1.300 millones para asistencia social urgente, o sea ayuda humanitaria), lo demás es a negociar.

Este programa se resume en “mantener a Grecia en el euro, pero renegociar el rescate”.

La evolución de Syriza ha sido meteórica (aunque para evoluciones rápidas tenemos en nuestro país suficientes ejemplos). En una declaración publicada el 23 de diciembre, los partidarios de la IV Internacional en Grecia, que editan el boletín Ergatiká Néa (Informaciones Obreras) explican:

“Tomemos el ejemplo de la reciente reunión regional de cuadros de Syriza en Trípoli.

En esta reunión, la dirección ha invitado a varias personalidades políticas a expresarse ante cientos de cuadros de Syriza. Se trataba de personalidades políticas provenientes del Pasok, de Dimar [Izquierda Democrática, escisión de Syriza por la derecha, que inicialmente apoyó al gobierno Samarás junto con el Pasok] y de otras formaciones.

No hay ninguna duda de que todos los que están a favor de una victoria electoral de Syriza en el menor tiempo posible con el fin de anular el Memorándum, no podrían sino felicitarse de que cualquiera, ante el fracaso total del Memorándum, de la Troika y de sus agentes Samarás-Venizelos [el presidente del Gobierno, de la derecha, y el dirigente del Pasok, que sostiene al Gobierno], se una o apoye a Syriza y su programa de junio de 2012: retirada del Memorándum.

Pero ¿qué han escuchado en Trípoli [región del Peloponeso] los militantes de Syriza?

A Tatulis [Presidente de la región, proveniente de la derecha], aunque no estaba invitado más que para dar un saludo, le han oído decir ¡que no hay vida posible fuera de ‘Europa y del Euro’ y que –sobre esta base– ¡’estaría encantado de cooperar con Syriza’!

¿No sabe todo el mundo que en el gobierno del Peloponeso se prepara la implantación de ‘zonas económicas especiales’ –donde los trabajadores no tendrían ningún derecho, los salarios serían aún más reducidos y donde los grupos privados nacionales e internacionales podría dedicarse libremente a explotar las riquezas regionales?

¿No es conocido por todo el mundo que aplica las instrucciones del [enviado del gobierno alemán] Sr. Fuchtel respecto a la ‘reforma’ de la administración local que lleva a su desmantelamiento?

Han oído a miembros de Dimar y de Anel [partido de la derecha] congratularse de la apertura de Syriza a la sociedad y la economía…

Repitámoslo: ¿qué proponen esas personas a los trabajadores griegos? ¿Continuar la política del Memorándum? Es exactamente lo que demandan el Sr. Juncker y los ‘mercados’.

Hemos escuchado el discurso de Alexis Tsipras en Salónica sobre un ‘programa realista’ de gobierno de Syriza.

Hemos oído lo que se ha dicho en reuniones a las que él ha asistido estos últimos meses con los dirigentes del gobierno norteamericano y dirigentes de las instituciones europeas.

Comprendemos que la dirección de Syriza sufre una enorme presión para que sea ‘realista’ y continúe la política del Memorándum.

Pero los trabajadores griegos, la juventud griega, la sociedad griega no puede continuar bajo la dictadura del Memorándum.”

Syriza es presentada a nivel europeo por cierta izquierda (IU y Podemos en nuestro país) como el ejemplo a seguir. Seamos claros, lo que señalan como ejemplo es su política de reforma de las instituciones europeas, de reestructuración de la deuda. Posiciones que se combinan con la llamada regeneración democrática y “lucha contra la corrupción”, en contradicción con las necesidades de las masas de retirada de los planes de ajuste, de ruptura con la Monarquía y con la Unión Europea.

Ninguna ilusión en la “reforma” de la UE

En Berlín el Ministro de Hacienda del gobierno alemán Wolfgang Schäuble declaró que las elecciones anticipadas “no cambian nada los acuerdos adquiridos por el Ejecutivo griego”, el nuevo gobierno “deberá atenerse a los pactos suscritos por el anterior”.

En estas condiciones, hay que explicar qué quiere decir la política de la dirección de Syriza de “mantener a Grecia en el euro para renegociar el rescate”. Como explica Pablo Iglesias, la renegociación de la deuda, las quitas que Syriza propone son la política que incluso el FMI plantea para que se siga pagando la deuda.

Es mantener los recortes, la austeridad, paliándola con algunas ayudas caritativas, en contradicción con los trabajadores, jóvenes y todos los sectores populares que se han movilizado en multiples ocasiones contra todas las medidas de austeridad y que por tanto exigen una política de ruptura con ella.

Al margen de las ilusiones que en sectores de masas pueda levantar una probable victoria electoral de Syriza, su política de supuesta “renegociación” del rescate y supuesta “reforma” de la política de la UE y sus instituciones no es más que un obstáculo a la resistencia de las masas.

Conocemos en nuestro país esta política, en nombre de la reforma de los planes de austeridad se dio una tregua al gobierno Rajoy en noviembre de 2012. Hoy, dada la crisis del régimen esto se cubre políticamente con las diversas versiones de la regeneración democrática, compartida desde el rey a Podemos.

Los que nos hablan de una política realista olvidan la realidad: el caos social, los ataques a todos los niveles, y evidentemente el restablecimiento de las ganancias de las empresas del IBEX 35. Desde que Rajoy está en el gobierno 40.000 millones de renta han pasado del trabajo al capital y las nuevas medidas de Rajoy anuncian en este año electoral un trasvase de 16.000 millones más.

La única política realista, en Grecia como en nuestro país, es la defensa incondicional de los intereses de los trabajadores y la población oprimida, que exige de entrada la anulación de todos los planes de austeridad y sus consecuencias.

Ninguna ilusión hacia los que pretenden que la perspectiva sea la reforma o reacomodo de los planes destructores del gran capital y sus instituciones.

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