¿Qué sucede en Francia?

Carta Semanal 997 en catalán

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Los resultados de las elecciones europeas del 9 de junio han abierto la vía a un verdadero terremoto político. El presidente francés, Emmanuel Macron, sufrió una humillante derrota en esas elecciones, en las que la lista de su partido obtuvo sólo el 14% de los votos y el 7% de los votantes registrados (la abstención fue del 50,01%). El rechazo a Macron y su política se manifestaba, además de por medio de la abstención, por el voto a la ultraderecha del Rassemblement National (RN) de Marine Le Pen y Jordan Bardella, que obtuvo el 31% de los votos. Y por el voto a La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon, que obtuvo 1 millón de votos más que en las europeas anteriores, con porcentajes impresionantes, a veces de más del 50%, en los barrios donde se concentra la población más explotada del país.

Inmediatamente después de hacerse públicos los resultados, Macron anunció la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria de elecciones legislativas anticipadas para el 30 de junio y el 7 de julio. Unas elecciones que podrían abrir las puertas del poder a la extrema derecha y a la posibilidad de un gobierno “de cohabitación” con Macron como presidente y Bardella como jefe del gobierno.

La ultraderecha ha basado su crecimiento en una combinación de propuestas contra la inmigración y contra el crecimiento de la población musulmana con medidas “sociales” como la derogación de la reforma de pensiones impuesta por Macron contra la voluntad de más del 70% de la opinión pública, la eliminación del IVA de los alimentos y artículos de primera necesidad. Y en el rechazo de buena parte de la población a todos los partidos del sistema (gaullistas, macronistas, socialistas y comunistas), que han gobernado Francia en los últimos 40 años aplicando una misma política de desreglamentación y de recortes sociales.

Una movilización de la juventud y la población trabajadora

En las horas y días que siguieron a la convocatoria de elecciones, se produce una importante movilización, especialmente entre la juventud trabajadora. Recordando lo sucedido en la primera vuelta de las elecciones, cuando la división de candidaturas impidió que Mélenchon pasara a la segunda vuelta, los jóvenes salieron a las calles y exigieron la unidad de los partidos LFI, PS, PCF y Verdes para presentar un candidato único por circunscripción y eliminar al RN y a los candidatos apoyados por Macron. Algunos vieron en esa movilización un eco de lo que sucedió en febrero de 1934, cuando dos manifestaciones separadas de los partidos socialista y comunista se fusionaron por decisión de los participantes a los gritos de “¡Unidad! ¡Unidad!”.

Al mismo tiempo, en pocos días, se producen más de 43.500 nuevas adhesiones a LFI, y más de 18.000 a los Grupos de Acción de LFI. La constitución y el desarrollo del LFI como fuerza política de ruptura con la V República y sus políticas es un proceso que viene de lejos. Podemos situar el inicio del proceso en el 17 de noviembre de 2018, cuando 300.000 personas participaban en la primera manifestación nacional del movimiento de los Chalecos Amarillos en Paris, en un movimiento surgido de la base que se mantuvo durante meses y que obligó al gobierno de Macron a retirar la proyectada subida de los combustibles. Movimiento que se continuaba en la oleada de huelgas contra el retraso de la jubilación a los 64 años, y que buscaba construir una representación política. 

Ahora, se trataba de evitar una repetición de lo sucedido en las presidenciales, cuando la exclusión de Mélenchon de la segunda vuelta obligaba a elegir entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen (es decir, entre la peste y el cólera), y cuando buena parte de las “izquierdas” que impidieron con sus candidaturas que pasara Mélenchon llamaron a votar a Macron “para cerrar el paso a la extrema derecha” Frente a las ventanas donde se desarrollaban las negociaciones que dieron origen al “Nuevo Frente Popular” (NFP), coreaban: “¡No nos traicionen!”. 

Durante meses, los líderes del PS, el PCF y los Verdes, junto con algunos “disidentes” de LFI –de acuerdo con Macron y los círculos gobernantes del capital financiero- habían maniobrado para liquidar a LFI y reeditar una especie de “unión de la izquierda” como la que gobernó a Francia en ocasiones anteriores, aplicando el programa del gran capital y de la Unión Europea. La movilización por la unidad ha hecho que todo se hiciera añicos. El Consejo Representativo de Instituciones Judías de Francia (CRIF) protestó contra la alianza con LFI, que participó, alentó y organizó movilizaciones en defensa del pueblo palestino. A pesar de que el NFP es sistemáticamente denunciado como una alianza con los “antisemitas” de LFI, multiplicando por diez la odiosa campaña orquestada durante 8 meses, como dijimos antes, miles de personas, incluidos muchos jóvenes, se unieron a los grupos de acción de LFI en 3 días para actuar y derrotar al dúo Macron-RN. Temiendo perder sus posiciones y su grupo parlamentario, los líderes del PS, el PCF y los Verdes han firmado un acuerdo sobre el reparto de circunscripciones que sitúa a LFI en primer lugar. L’Express publicaba que “Los parlamentarios ecologistas temían que La France Insoumise presentase candidatos frente a ellos en estas Legislativas. (…) Los resultados de LFI en las circunscripciones ecologistas les asustaban. Por lo tanto, hicieron saber a su dirección que se negaban a sentarse en la mesa de negociación de una coalición en la que La Francia Insumisa no apareciera”.

Una polarización entre la ultraderecha y sus aliados y LFI y los suyos

La crisis política ha conmocionado al principal partido de derecha de la Quinta República (Los Republicanos, de origen gaullista), cuyo líder formó una alianza con RN a espaldas de sus instancias de dirección. La vida política francesa está ahora polarizada entre dos bandos: LFI y RN. En el medio, un conjunto de diputados en suspenso ligados a Macron. Los círculos económicos están especialmente preocupados por la inestabilidad política y social de la situación en la que se encuentra el país, pero se orientan hacia el apoyo a RN. Financial Times publicaba, bajo el titular “Las empresas francesas están cortejando a Marine Le Pen”, lo siguiente: “Cuatro altos ejecutivos y banqueros dijeron al Financial Times que la izquierda, que según las encuestas es el bloque más poderoso que compite contra Le Pen, sería incluso peor para los negocios que los recortes de impuestos no financiados y las políticas antiinmigración de la Agrupación Nacional”. “Las políticas económicas de RN son más bien una pizarra en blanco que las empresas creen que pueden empujar en la dirección correcta” dijo un ejecutivo de negocios del Cac 40 –el equivalente al IBEX 35- sobre el partido de Le Pen.  Otro importante líder empresarial e inversor en Francia agregó: “Si me hubieran dicho hace dos semanas que la comunidad empresarial apoyaría a RN y excluiría a Macron, no lo habría creído”.

Al mismo tiempo, RN comienza a matizar o retirar sus propuestas más “sociales”. Inmediatamente después de la convocatoria de elecciones, el portavoz del RN, Bardella, se apresuraba a “retirar” una de sus promesas: la derogación de la reforma de pensiones y la vuelta a la jubilación a los 60 años, algo que el RN había defendido hasta entonces. Según él, “la situación económica no lo permite”. Pocos días después, otra medida social era retirada. En una entrevista con Le Parisien, Jordan Bardella, declaraba, pocos días después, que la supresión del IVA de los productos de primera necesidad no se haría de manera inmediata si llegaba al gobierno. Esta supresión se haría en “un segundo tiempo”, sin precisar calendario. Marine Le Pen exponía públicamente su voluntad de convertir el actual acuerdo tácito con Macron sobre las principales cuestiones políticas en un acuerdo explícito. El 16 de junio declaraba a Le Journal du Dimanche: “No estoy llamando al caos institucional, habrá simplemente una cohabitación “. Y señalaba al enemigo común: “Yo no pongo a los dos bloques en pie de igualdad. Es obvio que la abominación para el país, es la Nupes II, que es el islamoizquierdismo”.

Los patronos están tratando de fortalecer al RN y debilitar al NFP, incluso desde adentro, atacando violentamente a LFI y Jean-Luc Mélenchon y presentando como candidato al expresidente François Hollande, que se está adornando con la etiqueta de NFP a pesar de la reticencia del secretario general del PS y el disgusto de activistas de todos los ámbitos, pero que cuenta con el apoyo de Macron.

Las masas, aunque enfurecidas por estas maniobras, están aplazando el ajuste de cuentas y quieren impedir primero que el RN llegue al poder. Cientos de miles de personas salieron a las calles el fin de semana del 15 y 16 de junio en todo el país, en una movilización contra la ultraderecha. Para ellas, incluso el programa del NFP pasa a un segundo plano, aunque incluye medidas rupturistas como la derogación de la reforma de las pensiones de Macron, contra la que se movilizaron millones hace un año, la derogación de la ley de inmigración, de la reforma del seguro de desempleo, la congelación de precios, el aumento del salario mínimo en un 15% y del salario de los funcionarios en un 10%, el desarrollo de los servicios públicos… Como consecuencia de la situación, este programa también incluye el apoyo a Ucrania que el capital y sus representantes utilizaron para tratar de impedir la constitución del NFP. Como todos los programas de una campaña electoral destinada a unirse para hacer frente a la extrema derecha, implica compromisos sobre en qué cuestiones pueden expresarse diferencias, incluso dentro de los partidos. Es el caso de Ucrania, que ha sido objeto de debate desde el principio. Sin embargo, está claro que la inmensa mayoría de la población está a favor de la paz, no quiere una economía de guerra y menos aún quiere enviar tropas. Cabe recordar que cuando Zelenski fue recibido en la Asamblea Nacional en Francia, la mayoría de los diputados de LFI se ausentaron, lo que les valió acusaciones histéricas desde los estudios de televisión. Por ello, los trotskistas franceses continuarán su lucha para convencer a la gente de que esta guerra no sirve a los intereses de los trabajadores rusos ni de los ucranianos, y que la paz es necesaria ahora. Para convencer a los militantes, se apoyarán, en particular, en la campaña para firmar el llamamiento europeo contra la guerra.

Toda la situación lleva a los militantes franceses de la IV Internacional a formar parte del NFP y a descartar comparaciones equivocadas con el Frente Popular de 1936. Se está desarrollando un enfrentamiento en el que estamos plenamente comprometidos, incluso en las organizaciones sindicales. La misma secretaria de la CGT Sophie Binet llama  a votar al NFP, implicando de hecho a la Organización sindical

Como señala un artículo de Informations Ouvrières, “Ahora es posible reagruparse y organizarse, trabajadores, jóvenes, militantes, asociaciones, partidos, sindicatos, cada uno con sus particularidades. Los mayores enfrentamientos, clase contra clase, están por llegar”

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