Sobre la situación actual en Palestina

(publicado en la Carta IV nº 35 – 15 de julio de 2014)

Gaza bajo las bombas y la amenaza de una intervención terrestre del ejército israelí

BanderaIVLa situación actual en Palestina es una expresión concentrada de la situación mundial. La región del Oriente Medio está marcada por una ola de dislocación  (Irak, Siria). La crisis de dominación norteamericana a escala mundial se expresa nuevamente en su incapacidad para controlar el “orden”, como lo  demuestra la caída de Mosul y la conquista de una parte de Irak por el “Ejército islamista en Irak y en el Levante.”

Para intentar controlar estos acontecimientos, el imperialismo norteamericano ha tenido que volverse hacia Irán a expensas de sus aliados tradicionales, Arabia Saudí e Israel. Lo que agudiza las contradicciones  en toda la región. Los dirigentes del Estado de Israel tratan de utilizar esta situación para intentar asestar nuevos golpes a las masas palestinas que estas últimas semanas nuevamente habían emprendido un proceso de movilización en Gaza, Cisjordania, hasta las fronteras de 1948. Esto es la demostración de que lo que se llama la revolución palestina sigue siendo un peligro mortal no sólo para los dirigentes del Estado de Israel sino también para los dirigentes del imperialismo norteamericano.

El estado de Israel fue creado en 1948  patrocinado por la burocracia estalinista de la URSS, en base a la discriminación, a la expulsión del pueblo palestino y a la negación de sus derechos. Desde entonces, hay un consenso general de todos los aparatos PC, PS, y hasta del Secretariado Unificado pablista para decir que la existencia del Estado de Israel en la forma en que fue fundado en 1948 no puede cuestionarse. Y que la única perspectiva “progresista” sería la instalación de un “Estado” palestino al lado del de Israel.

Pero 20 años después de la firma de los acuerdos de Oslo se ha hecho la prueba de que la solución de los “dos Estados” es precisamente la situación concreta que conoce el pueblo palestino hoy. Con, por un lado, un Estado de Israel cuya esencia es no reconocer ningún límite a su derecho declarado imprescriptible de colonizar a toda Palestina. Y, por el otro, “territorios” (Cisjordania y Gaza), verdadera cárcel sin techo, totalmente sometida a las exigencias y dictados del gobierno israelí.

Es este consenso, con el apoyo de todos los aparatos de “izquierda” y de “extrema izquierda” internacional, incluidas las direcciones palestinas, sobre el que se apoyan el imperialismo y el Estado de Israel para mantener al pueblo palestino en la situación atroz que sufre hoy.

Ya el 12 de junio, el rapto de tres jóvenes colonos israelíes en Cisjordania había dado lugar a las más grandes operaciones de control de la población palestina desde la segunda Intifada. Las fuerzas israelíes, esencialmente compuestas de soldados venidos de las colonias de Cisjordania, marcharon sobre las ciudades y los pueblos palestinos, destruyendo todo a su paso, destruyendo las casas, pegando a los niños, arrestando masivamente. Más de 400 arrestos, miles de requisiciones.

Pero todo esto no era producto del azar. Los que fueron arrestados son los que habían sido liberados con el acuerdo sobre el soldado israelí Shalit en 2011, con algunos otros más, cuadros del Hamas los más. La lista estaba pues prevista de antemano. El objetivo de esta operación de arrestos era acabar con el acuerdo de unidad pasado entre le Fatah y el Hamas (abril de 2014). Recordemos que este acuerdo, marcado por la negativa del Fatah a romper toda coordinación de seguridad con el ejército israelí de ocupación y su voluntad de mantener “una puerta abierta” para la negociación, había llevado a varias organizaciones, entre ellas el FPLP, a abandonar la reunión. Es en definitiva un Fatah debilitado, que depende exclusiva- mente de la financiación exterior que había pasado un acuerdo con un Hamas no menos debilitado, privado de casi todos sus recursos financieros. Este acuerdo se hizo sobre la constitución en cinco meses de un nuevo gobierno bajo la presidencia de Abbas, garante de los acuerdos con el ocupante israelí y la convocatoria seis meses después de elecciones al Consejo Legislativo de la Autoridad palestina.

El descubrimiento de los cuerpos de los jóvenes colonos provocó una ola sin precedentes de manifestaciones anti árabes en el interior del Estado de Israel. Sin pruebas (los dirigentes israelíes generalmente no las necesitan), Netanyahu acusó a Hamas. Y, desde principios de julio, apenas año y medio después de la última operación israelí en noviembre del 2012, nuevamente una lluvia de fuego cayó sobre la banda de Gaza (300 ataques aéreos el 1 de julio). En unos días, 172 mujeres, niños, ancianos, hombres, civiles en su gran mayoría, han muerto. Hay miles de heridos. Edificios enteros  destruidos. Según las autoridades israelíes miles de objetivos han sido alcanzados en Gaza. La Banda de Gaza, son 460 km2 para 1 800 000 habitantes, de los que 50% tienen menos de 18 años, lo que supone 5 000 personas por km2. 1000 bombardeos, o sea que toda la banda de Gaza está afectada.

La población tomada como rehén está encerrada sin poder salir, sometida a un bloqueo horrible de las autoridades israelíes pero también de Egipto que ha reforzado su frontera desde la llegada del general Sisi al poder, y no deja pasar a casi nadie.

En el interior del Estado de Israel, la situación sigue siendo extremadamente tensa. Hasta ahora, las manifestaciones de los palestinos del interior estaban marcadas por enfrentamientos con la policía israelí. El hecho nuevo, esencial, de todo el último periodo es el aumento de los enfrentamientos y de las provocaciones de grupos de judíos israelíes contra palestinos del interior. Desde el descubrimiento de los cuerpos de los tres jóvenes colonos israelíes, las redes sociales israelíes se han visto inundadas de llamadas a vengarse. Ha habido manifestaciones anti árabes en Jerusalén, Jafa, Haifa. Desde el principio del mes de julio, los testimonios sobre este tipo de agresiones son cotidianos y cada vez más numerosos. Varios diputados y dirigentes políticos israelíes han organizado manifestaciones en que se gritaba “que mueran los árabes”, y que pedían en particular que se retirara la nacionalidad a los “árabes israelíes”. El punto álgido de esta brutalidad ha sido el asesinato de un joven palestino, Mohamed Abu Kdheir, quemado vivo por diez israelíes que viven en los territorios de 1967 y la paliza muy mediatizada de otro palestino que era sin embargo de nacionalidad norteamericana. Palizas, linchamientos, amenazas de expulsión para los palestinos del interior, arrestos, bombardeos, opresión física para los palestinos de los territorios de 1967. El Estado de Israel recuerda su verdadera naturaleza.

Los autores del linchamiento han sido calificados de “extremistas judíos”. Pero ¿no son ellos el producto de una sociedad fundada en el rechazo, la negación del derecho a la existencia de los palestinos sobre la tierra histórica de Palestina? Negación que toma la forma de una política continua de « limpieza étnica » de Palestina, siguiendo la Nakba de 1948 en la continuidad de la partición de Palestina. La situación actual es producto directo de la realización de hecho de la línea de los dos Estados, que no se puede afirmar si no es en el marco de un Estado supuestamente Judío dominante y muy  armado con un pseudo “Estado” palestino débil y encerrado, como  definieron los acuerdos de Oslo de 1993. Estos constituyeron una Autoridad palestina cuyo mandato principal era controlar a las masas palestinas en beneficio del ejército israelí. Veinte años después, según un artículo publicado en el periódico Haaretz el 9 de julio, solo el 10% de la población palestina sostiene a Abbas, “hundido” por su colaboración con Israel.

Después de esta escalada, grupos de Palestinos en todo el país, incluidos en los territorios de 1948, han tomado la iniciativa de crear comités populares para proteger los pueblos y las ciudades contra ataques posibles. Estos comités están compuestos por jóvenes voluntarios para vigilar todas las noches las principales entradas de sus pueblos. Es una nueva generación de jóvenes palestinos que se levanta hoy tratando de organizarse por sí misma, siguiendo el modelo de los que se levantaron en diciembre de 1987 (1° Intifada), y en septiembre del 2000 (2° Intifada). Es de notar que dos manifestaciones organizadas por movimientos de jóvenes, en Accra el 8 de julio y en Nazaret el 9, fueron anuladas por los dirigentes de los partidos palestinos del interior, impidiendo que los jóvenes manifestaran en las calles principales. Los alcaldes de las grandes ciudades y de los pueblos palestinos de 1948, miembros del Partido Comunista los más, han prometido a la policía israelí calmar la situación. En su gran mayoría, los jóvenes, por su lado, han decidido boicotear las manifestaciones oficiales convocadas por los partidos palestinos.

Crisis en el Estado de Israel y crisis en sus relaciones con el imperialismo norteamericano

Desde la guerra del verano del 2006 contra el Líbano en la que el ejército israelí fue vencido por la resistencia de la población libanesa, el Estado hebreo hace regularmente operaciones de bombardeos intensivos contra la Banda de Gaza;

Pero lo que pasa actualmente tiene un alcance diferente y debe relacionarse con los últimos acontecimientos en Irak, donde la caída de Mosul y la ofensiva contra Bagdad por el “Estado Islámico en Irak y en el Levante” llevan a la potencia norteamericana a buscar nuevas alianzas, en particular con Irán.

El callejón en el que están los círculos dirigentes del imperialismo norteamericano no para de provocar “daños colaterales”. En varias ocasiones el gobierno israelí ha intentado forzar a Obama, rechazando con desprecio las propuestas de John Kerry sobre la enésima vuelta al “proceso de paz”. En abril pasado, John Kerry provocó la ira del primer ministro israelí Netanyahu al declarar ante un grupo de altos funcionarios internacionales que una “solución con dos Estados estaba claramente avanzada como la única verdadera alternativa. Porque un Estado unitario no podría ser más que un Estado de apartheid con ciudadanos de segunda clase, o acabaría siendo un Estado que destruya la capacidad de Israel para ser un Estado judío. (…) Cuando integráis este marco en vuestra mente (…) comprendéis lo imperativo que resulta ser el aceptar la solución con dos Estados, a la que los dos líderes (palestino e israelí, NdR), ayer aun, dijeron que le estaban estrechamente ligados”.

Unos días después, el 1 de mayo, contestando a J. Kerry, Netanyahu anunciaba su intención de promulgar una ley “que estableciera un anclaje constitucional para el estatuto de Israel como Estado-nación del pueblo judío”, confirmando así de hecho sus verdaderas intenciones y provocando una crisis en  el estado hebreo con los partidarios de la solución de dos Estados como la antigua Primer ministro Lipsi Livni. La calificación – o la discusión – del Estado israelí como Estado de apartheid es frecuente en la prensa y el mundo político israelí, pero tal propuesta era hasta entonces inédita por parte de un Secretario de Estado norteamericano (aunque en los hechos bajo una forma diferente de la que se conoció en África del Sur, Israel ha sido concebida desde el principio y bajo cierta forma como un Estado de apartheid). La imposibilidad de traducir la solución con dos Estados bajo otra forma que la actual que prohíbe de hecho toda estabilidad, inquieta a las grandes potencias. Es efectivamente la supervivencia del Estado hebreo, elemento fundamental del mantenimiento del orden en el Medio Oriente lo que está en juego. Para el imperialismo norteamericano esta orientación se integra a la que trata de hacer que refluyan, por la guerra y la violencia cuando fuera necesario, los procesos revolucionarios en Palestina, en Libia, en Túnez así como en Egipto anteriormente. Pero toda restricción territorial va en contra de la lógica de la existencia del Estado de Israel que, por definición, reivindica la tierra, toda la tierra de Palestina.

El Estado de Israel, instrumento esencial del orden imperialista en el Medio Oriente, siempre sale reforzado por el debilitamiento o el desmoronamiento de los gobiernos de los países árabes. Los lazos de dependencia que traba con el imperialismo norteamericano no le impiden jugar su propia baza en relación con su lógica específica, o sea una Palestina sin Palestinos.

El Estado de Israel, expresión más avanzada de la reacción que caracteriza la época del imperialismo, está enzarzado en sus propias contradicciones. La Nakba  que dura desde hace 65 años está en el origen de la radicalización de una parte de la población israelí, que pide abiertamente que se acabe con los palestinos en tierras de Palestina constituyendo un “Estado judío” exclusivo. La tensión actual refuerza el fanatismo de muchos israelíes, educados en la perspectiva de una posible destrucción de los Judíos. Hasta se evoca la posibilidad de la constitución en el Estado de Israel de un movimiento sedicioso del tipo de la OAS (Organización del Ejército Secreto – una organización política y paramilitar de extrema derecha fundada en 1961 para defender la colonización francesa en Argelia) que actuaba cuando la Argelia francesa.

Pero este mismo estado militar policial, marco de corrupción y de enriquecimiento para algunos, en particular para los constructores de viviendas y los productores de tecnologías de vigía y militares, hunde a las masas cada día más importantes de la población judía bajo el umbral de pobreza, o se le acercan.

El grado de podredumbre del Estado hebreo, que necesita declararse en situación de guerra permanente, crece a medida que crecen las contradicciones en las que está sumido el imperialismo norteamericano. Hoy, la aceleración de la situación en Irak, la baja de la “resistencia” siria sostenida por los Estados Unidos lleva al imperialismo norteamericano a apoyarse sobre Irán, principal potencia regional (y que trata de acabar con el embargo que le imponen) en detrimento de sus aliados en el Golfo, en particular Arabia Saudí. El orden norteamericano apoyado desde decenios en grupos parasitarios corrompidos en la región del Magreb y del Medio Oriente ha sido desestabilizado por los procesos revolucionarios en Túnez y en Egipto que han influido en la caída de las dictaduras imperialistas. Aunque esos procesos están hoy contenidos, el imperialismo considera que todo puede resurgir en cualquier momento, porque detrás está planteada la cuestión de la soberanía de los pueblos, en particular en esta región productora de petróleo.

En estas condiciones de crisis de la dominación norteamericana es que los dirigentes del Estado de Israel empujan desde hace meses al enfrentamiento con los palestinos, y con Irán también. En una región en que la lucha de clases toma la forma de la guerra, empujan hacia la guerra, como único medio de supervivencia del Estado de Israel y de su personal. Pero, no tienen la capacidad de realizar sus amenazas contra Irán, porque ellos mismos están enfrentados a una crisis interior sin precedentes. Este reequilibrio con Irán en nombre de la “real politik” lleva así al Estado de Israel a ir cada vez más lejos en la represión masiva contra los palestinos.

La IV Internacional y el derecho de los pueblos

Para defender su orden amenazado y seguir su política de pillaje y de explotación, el imperialismo se debe de dislocar a las Naciones y a los Estados, y oponerse por la fuerza a la soberanía de los pueblos. Las divisiones y contradicciones que existen en las cúspides del imperialismo norteamericano se dan sobre la manera de proceder para restablecer el orden. Pero cualquiera que sea la manera de intervenir, todos están de acuerdo sobre la necesidad de aniquilar los procesos revolucionarios.

La posición de la IV Internacional es el apoyo incondicional a la lucha revolucionaria de los pueblos por la independencia y la soberanía. Defender al pueblo palestino es defender el derecho de todos los pueblos. La nueva prueba sangrienta sufrida por el pueblo palestino no es sino el producto de la política del imperialismo norteamericano que, en 1947 con la ayuda de la burocracia soviética, organizó la partición de Palestina. La situación actual es producto de toda la política del imperialismo norteamericano estos sesenta últimos años. Es la administración norteamericana la que impuso en 1978 los acuerdos de Camp David entre Egipto e Israel. O sea por primera vez el reconocimiento del Estado de Israel por un país árabe. Son estos acuerdos los que después permitieron al imperialismo norteamericano imponer la firma de los acuerdos de Oslo en 1993 en los que la dirección de la OLP renunciaba a la lucha del pueblo palestino para afirmar sus derechos nacionales, y en primer lugar el derecho al retorno de todos los refugiados.

En 1993, en una declaración contra los acuerdos de Oslo, la IV Internacional escribía: “En el momento en que el acuerdo firmado entre la OLP y el Estado de Israel anuncia sin duda alguna nuevas pruebas para el pueblo palestino y para todos los pueblos de la región, aparece claramente que el camino de la paz no puede diferir del camino de la democracia, o sea del derecho de todos los pueblos a vivir libres en sus tierras, empezando por el derecho del pueblo palestino al retorno y a la independencia nacional; esa es la única vía realista. Hoy, más que nunca, la paz en Oriente Medio es el derecho al retorno para todos los palestinos, es un solo Estado laico y democrático, una sola Palestina laica y democrática que se constituya en igualdad de sus componentes árabe y judía en todo el territorio de Palestina”.

Veinte años más tarde los hechos lo demuestran. Las violencias y las guerras contra el pueblo palestino no han parado de multiplicarse. La realidad es que se quiere dislocar al pueblo palestino, que está encerrado en la banda de Gaza sometido a Hamas, que está encerrado en Cisjordania sometido a la Autoridad Palestina, que está encerrado en los campos de Jordania, en el Líbano, en Siria y en muchos países. Pero la realidad es también la afirmación de la unidad de todas las componentes del pueblo palestino que reclama sus derechos nacionales y, a través de ellos, reafirma la existencia de una nación palestina. Y, en primera fila de estas reivindicaciones democráticas palestinas está la reivindicación del derecho al retorno de los refugiados y de la reconstrucción de los pueblos destruidos por la Nakba.

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