Un clamor: Pedro, Pablo, ¡poneos de acuerdo para formar un gobierno que responda a las reivindicaciones y derechos!

(Publicado en la Carta Semanal 746ver en catalán)

Comienza el mes de septiembre con la incertidumbre de saber si finalmente los dirigentes del PSOE y Unidas Podemos lograrán ponerse de acuerdo para formar un gobierno -como exige la inmensa mayoría de quienes votaron a candidaturas de izquierda hace ya casi 5 meses- o si van a abocar a nuevas elecciones, con la incertidumbre de si éstas tendrán unos resultados similares o si las derechas conseguirán formar un gobierno “trifachito”.

Mientras en las alturas PSOE y UP intercambian documentos con cientos de propuestas, la vida real sigue, y el movimiento de la clase trabajadora en defensa de sus derechos y conquistas también. Oyendo a los pensionistas que en todas las ciudades de España han reiniciado sus movilizaciones preparando la movilización central en Madrid prevista para el 16 de octubre, un profundo malestar se expresa.

¿Qué gobierno?

Cientos de miles se preguntan: ¿A que esperan, si los partidos que dicen defender a los trabajadores y los pueblos han ganado, para formar ya un gobierno? Pero la gente no es tonta, no vale cualquier gobierno con cualquier programa. Quieren un gobierno que cumpla. Las necesidades de la mayoría son claras y precisas. No hacen falta cientos de páginas, de discursos, de supuestos argumentos, de juegos y maniobras, de marear la perdiz.

No hay que convocar a cientos de “expertos” ni mirar la bola de cristal ni consultar al oráculo de Delfos. Lo que debe hacer un gobierno favorable a la mayoría está escrito, y cabe en una carilla de folio. Está escrito en las movilizaciones de estos últimos años, en los cientos de miles de voces de trabajadores, jóvenes, jubilados, que han salido a las calles a reivindicar derechos. En lo que han reclamado ciudadanos de los distintos pueblos que forman parte del Estado, como el catalán, pero no sólo, de todos los pueblos que aspiran a la fraternidad entre los pueblos (que sólo puede basarse en el respeto de los derechos de todos y la unión libre). Muchos de ellos intuyen que el mayor obstáculo es la herencia franquista y los intereses del capital financiero que para mantener la explotación necesita enfrentar a unos contra otros. Y más en una situación en que la crisis económica del capitalismo anuncia nuevos desastres (todos hablan ya de una nueva recesión), y arrastra a la crisis a todos los gobiernos europeos. Una crisis que no es inevitable, que se concentra en qué política va a desarrollar el gobierno que se forme, ya sea ahora o después de nuevas elecciones (si es que entonces los números suman en las Cortes)

¿Hay que preguntar qué programa?

Cualquier trabajador, cualquier sindicalista, cualquier militante, podría, sin necesidad de sesudos estudios, explicar qué programa necesitamos que aplique el nuevo gobierno. Porque no hay otra salida a la crisis que responder a las reivindicaciones. Reivindicaciones que, como hemos dicho antes, han sido levantadas en cientos de ocasiones en los últimos años y meses:

De inmediato, defensa del sistema público de pensiones, derogando las dos últimas reformas, como reclaman desde hace meses miles de pensionistas en las calles, derogación de las contrarreformas laborales (como vienen exigiendo los trabajadores y sus sindicatos con varias huelgas generales y cientos de movilizaciones), anulación de la LOMCE y la Ley-Mordaza. Eliminación del artículo 315.3 del Código Penal, cuya aplicación ha llevado al procesamiento de cientos de sindicalistas. Poner fin a todos los recortes, presupuesto de urgencia para recuperar los servicios públicos y la inversión pública. Devolver a los empleados públicos todos los derechos que les han sido arrebatados. Garantizar el derecho a la vivienda para los trabajadores y, en especial, los más jóvenes.

Y, por supuesto, arbitrar una solución democrática a la “cuestión catalana”, lo que exige, de entrada, libertad para los presos.

No se puede perder ni un día más

La inmensa mayoría quiere que ese gobierno, con ese programa, se forme ya. No quiere más dilaciones, ni jugársela en unas nuevas elecciones. ¿Quién garantiza que quienes dejaron de abstenerse para votar el 28 abril, para cerrar el paso a la derecha no se sientan decepcionados – no les faltarían razones- y den la espalda a las urnas si se les vuelve a convocar?

La responsabilidad se concentra en los partidos y organizaciones que se presentan como los representantes de los trabajadores y los pueblos. Y muchos se preguntan, sin entender lo que está pasando, ¿a qué esperan para ponerse de acuerdo? Pero, ¡ojo!, no vale cualquier acuerdo. El mandato de la mayoría que se expresó el 28 de abril exige un acuerdo para satisfacer sus reivindicaciones, no para contentar al Rey, a Bruselas o al FMI (ese era el programa de los que perdieron esas elecciones, rechazado por la mayoría).

El tiempo corre. Que no le den más vueltas. Esta es la única vía para cerrar el paso a la derecha y tejer la Alianza entre los trabajadores y los pueblos que necesitamos para hacer retroceder a los enemigos de la democracia, de los derechos y conquistas sociales, se disfracen bajo las siglas que quieran.

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