Carta Semanal 1028 en catalán
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El lunes 20 de enero, Donald Trump fue investido 47º presidente de los EEUU. Recordemos que en las elecciones de noviembre el su resultado real en votos no superó al que obtuvo en 2020, y que fue, más que nada, la derrota de la candidata del Partido Demócrata, Kamala Harris, lo que explica su victoria. Derrota entre otras cosas porque, como señaló Bernard Sanders, el Partido Demócrata se había apartado de la clase obrera, mientras que la campaña de Trump insistió en la necesidad de aumentar los salarios y combatir la inflación, al lado, claro está, de culpar a los emigrantes de la situación de crisis del país. En una reciente encuesta entre votantes de Biden en 2020 que no votaron por Harris, un 29% respondió que por no actuar ante la violencia en Gaza, un 24% que por la situación económica, un 12% por la atención sanitaria y un 11% por la política ante la inmigración.
La tregua en Gaza
Por tanto, una de las principales causas de la derrota de Harris fue el apoyo incondicional de Biden al genocidio del pueblo palestino. Trump, que comparte con Biden esta orientación, ha jugado rápido, forzando, de hecho, la tregua de Gaza. El viernes 10 de enero envió a su consejero Witkoff a Tel Aviv, que forzó a Netanhayu a una reunión inmediata para aceptar la tregua. Evidentemente la tregua no es la paz, aunque representa sin duda un alivio para la población de Gaza, pero no pone fin al intento de Israel de acabar con el pueblo palestino. El propio Trump declaraba que no tenía claro si la tregua podría mantenerse, mantiene su apoyo total a Israel y no frena la continuidad de la colonización en Cisjordania y la represión contra los palestinos, para lo que el estado sionista cuenta con la ayuda inestimable de la Autoridad Nacional Palestina (institución creada en 1994 por los acuerdos de Oslo de 1993, y odiada por la mayoría de la población palestina)
La tregua, iniciada el domingo 20 de enero, apareció como el gran éxito de Trump y, sobre todo, desveló quién manda aquí, y cómo el gobierno y el Estado de Israel son absolutamente subsidiarios de los Estados Unidos. Trump considera que la supervivencia del Estado de Israel sólo es posible con un acuerdo con los regímenes árabes que han traicionado la causa palestina. Lo cual no impide constatar que la resistencia palestina ha conseguido no solo mantenerse sino, según el exsecretario de Estado Blinken, recomponer sus fuerzas. Una primera conclusión se impone: la movilización en apoyo al pueblo palestino es tarea prioritaria para todos los trabajadores y organizaciones que dicen defender el derecho de los pueblos.
Las 100 órdenes ejecutivas
Cuando escribimos esta Carta, el nuevo presidente ya ha firmado más de 40 “órdenes ejecutivas”, lo que sería para nosotros el equivalente a Decretos-ley.
Por orden de importancia inmediata habría que resaltar:
De entrada, la amnistía a los 1.600 condenados o procesados por el asalto al Capitolio el 6 de enero del 2021. Seguidores de Trump que no aceptaron la victoria electoral de Biden.
En segundo lugar, toda una serie de medidas contra los inmigrantes (que, pese a todo, siguen aportando una mano de obra imprescindible para el funcionamiento de la economía norteamericana). Entre ellas, una orden que acaba con la naturalización de los hijos de los indocumentados nacidos en suelo estadounidense. Cuestión inconstitucional, de hecho, contradictoria con la 14 enmienda, y que ha creado un conflicto institucional. Ya 22 estados y dos ciudades han impugnado este decreto en los tribunales. Además, ha decretado el fin del derecho de asilo, con paralización inmediata de las demandas. Lo que afecta en particular a México.
Emergencia fronteriza con México. Decisión de continuar la construcción del muro en la frontera y despliegue del ejército (otra medida de dudosa constitucionalidad) y otras medidas. De hecho, es la nación mexicana la que, de inmediato, es considerada como enemiga.
Retirada de los EEUU de la OMS y del Acuerdo por el clima de París.
Considerar a los carteles de la droga como grupos terroristas. Lo que abre la posibilidad de intervención del ejército en los países en que consideren que hay carteles de este tipo (como pasó en Afganistán o en Panamá con Noriega)
Posibilidad de despido de funcionarios con el argumento de «bajo rendimiento». Y para ello se crea una instancia o ministerio llamado de «eficiencia gubernamental » presidido por Elon Musk, el hombre más rico del mundo. Se acompaña de otras medidas contra los los funcionarios y, en particular, su derecho a la jubilación.
Abrir la exploración energética en territorios protegidos como Alaska.
Al lado de ello, Trump anuncia su imposición de aranceles del 25 por cien a México y Canadá y del 60 por cien a China. No son medidas inmediatas, sino que la Secretaría de Comercio va a realizar un estudio al respecto, antes de tomar medidas. Esto plantea varía cuestiones: imponer aranceles a México y Canadá es contradictorio con el Tratado de Libre Comercio, que existe desde los años 90, y que fue reformado por el propio Trump en su mandato anterior. Los aranceles sobre China, cuando las exportaciones de China aumentaron un 10% en 2024, supondrían un aumento brutal de la inflación en los EEUU.
Al mismo tiempo, Trump exige aumento de los gastos militares a todos los países de la OTAN, particularmente para que compren armas norteamericanas.
De inmediato su administración ha suspendido por 90 días la ayuda militar a Zelenski (que no fue invitado a la investidura), sin duda para presionar para un Acuerdo con Putin. El cual declaró el martes 21 que él está dispuesto a «negociar» con la nueva administración americana. No cabe la menor duda de que una «negociación» bajo la égida de Trump solo puede ser contraria a los derechos de los pueblos ucraniano y ruso. Entretanto, la guerra sigue, demostrando que tanto Zelenski como Putin solo pretenden mantener su poder y el de las oligarquías que representan.
Los Estados Unidos no son un tigre de papel, pero sí un tigre herido
En efecto, la crisis que atraviesa la sociedad norteamericana tiene una base material económica. Las multinacionales norteamericanas producen en buena parte fuera del país. Por ejemplo, Musk gran seguidor del MAGA (Make America Great Again, “Haz que América sea grande como antes») produce en China (por ejemplo, el 50% de su empresa Tesla). Los 13 multimillonarios que han rodeado a Trump en su ceremonia de investidura hacen lo mismo. Son las leyes del capital, es la única forma de combatir a la ley de la baja tendencial de la tasa de beneficios, fabricar, producir, en países con menores costes salariales, ya sea México, China o Turquía…
Para imponer su política, Trump tiene que emanciparse de todas las reglas internacionales, solo tiene un arma, «la ley de la fuerza» su potencia es por un lado el dólar, con el cual se realizan la mayoría de las transacciones internacionales y su ejército, sustentado por un 40% del gasto militar total mundial.
Los Estados Unidos tienen 750 bases en todos los continentes y mayoría de países, lo cual representa más de un millón de soldados repartidos por el mundo. Una parte de estas bases son en solitario, otras bajo la OTAN. Trump no va a abandonar la OTAN, pero va a presionar para que más gastos de la OTAN recaigan sobre los “aliados” europeos.
Y, con ello, no duda en amenazar también por la fuerza a supuestos aliados como México, Panamá o Dinamarca. Si se aplicaran los mismos criterios que con Putin, los EEUU deberían ser denunciados por otros países de la OTAN conforme al artículo 5 de esta «alianza».
Es evidente que la mayor preocupación para el imperialismo USA es la guerra comercial con China. Guerra en la que los Estados Unidos no dudan en utilizar la amenaza militar, con la contradicción aparente de que la mayoría de las multinacionales norteamericanas, y, en particular, los multimillonarios que apoyan a Trump, producen en China.
Pero su fuerza es su flaqueza. El hecho de que la potencia americana sea la única que puede intentar imponer el orden mundial capitalista, y más después de la desaparición de la URSS, hace que todos los conflictos a escala internacional impliquen a los EEUU, y se puedan convertir en conflictos internos en los EEUU, como hemos visto con la cuestión palestina.
El papel de los gobiernos europeos
Más que nunca, la lucha contra el imperialismo norteamericano es un elemento delimitador de todas las fuerzas que dicen defender los intereses de los trabajadores y los pueblos.
Y esto es válido, en particular en relación a la OTAN. Los días 24 y 25 de junio se realiza en La Haya la cumbre de la OTAN y allí se debe debatir sobre el aumento de los presupuestos de guerra. La media de los países europeos es oficialmente del 1,9 por cien del PIB (en España el 1,2%, en realidad, casi el 2%).
La sumisión de la Unión Europea a Trump es total. La comisaria de Relaciones Internacionales, Kaja Kallas, ha declarado que la UE debe gastar más en defensa hasta llegar al 5% del PIB. Concuerda en eso con Rutte, secretario de la OTAN, que declaró que había que detraer presupuesto de los gastos sociales.
Lo que demuestra que no son las instituciones de la UE quienes van a defender la industria, los servicios públicos o los derechos sociales de los países europeos. El combate en los próximos meses contra la OTAN, las bases, los gastos militares, es una cuestión crucial para los trabajadores y los pueblos.
¿Aliados de Trump, o meros siervos?
No hay término medio. A la investidura fueron invitados una serie de personajes de la extrema derecha. Trump no va a construir una Internacional reaccionaria, solo quiere súbditos. Incluso Orban no fue. O quizás veremos a Abascal y VOX defendiendo el 100% de aumento de aranceles a productos de España.
Estos asertos sirven para justificar la política de capitulación de gobiernos como el nuestro que se tacha de «progresista» diciendo: “aceptad nuestra política, si no vendrán Trump y los suyos”… No se puede frenar o hacer frente a la derecha y la extrema derecha con su misma política, no se puede hablar de enfrentar a Trump ampliando la base de Rota, aumentando el gasto militar en detrimento del gasto social.
La lucha de clases sigue
La fuerza de Trump está corroída por dentro. Rodearse de multimillonarios enfrenta directamente a los trabajadores con los capitalistas. No es casualidad que el sindicato de los funcionarios SEIU, de la AFL-CIO, con dos millones de afiliados, haya reaccionado de inmediato rechazando las medidas que permiten el despido de los empleados públicos y el recorte de sus derechos.
En el corazón de los Estados Unidos, el mismo lunes, se organizaron manifestaciones en más de 20 ciudades contra la política de Trump. En cabeza de estas acciones se sitúa Democracia Socialista de América, que declara luchar «en el marco de una movilización nacional contra el programa fascista de Trump y expresar nuestra solidaridad con Palestina. Los ricos multimillonarios de extrema derecha se reúnen detrás de Trump. La hora llegará para responder y agrupar nuestra propia organización».
La gravedad de la orientación de Trump está fuera de discusión. Pero, como señala el título de esta carta, no es una política “nueva”, sino más vueltas de tuerca a la política imperialista; una política destructiva de conquistas obreras y democráticas, ante la que sólo la clase trabajadora organizada políticamente en el terreno que le es propio, puede dar la respuesta necesaria. Es nuestro combate.
