Carta Semanal 1114 para descargar en PDF

Según los datos oficiales los precios han aumentado en este mes de agosto hasta el 4,3%.Particularmente en alimentos frescos, carburantes, gas, electricidad y el desbocado precio del alquiler.
Los sindicatos denuncian unánimemente que los aumentos por convenio no siguen la espiral inflacionista. Los convenios registrados han pactado una subida media del 3,04% hasta agosto, por debajo del IPC interanual (4,3%) y de la subida media del IPC de enero a agosto (3,2%). aunque los convenios firmados en 2026 han pactado subidas salariales más altas (3,7% de media) la gran mayoría de los convenios con efectos económicos se firmaron antes de 2026 y su subida media es menor (2,9%).
Pero los datos oficiales no reflejan la realidad. La fuerte subida de la vivienda se come las subidas salariales y no figura en el IPC, que no incluye ni el coste de comprar una vivienda (+12,2% interanual en el segundo trimestre de 2026) ni del préstamo para financiarla. Tampoco refleja correctamente la subida del alquiler (los nuevos contratos se han encarecido un 23% entre 2020 y 2024 según el INE).
El hecho es que en muy pocos convenios se consigue la revisión de salarios según el IPC. En cuanto a las pensiones, el aumento según el IPC medio del año pasado, un 2,7% queda muy por debajo de este aumento del 4,3% de los precios.
Responder a esta situación exigiría múltiples medidas. Desde aumento del SMI hasta 1800 euros limpios, la recuperación de una paga compensatoria para los pensionistas, incluir en los convenios un aumento automático ante la inflación. Sin duda todas estas reivindicaciones son justas, porque colocan en el centro la principal exigencia de los 22 millones de trabajadores inscritos en la Seguridad social, de los 10 millones de jubilados y pensionistas, de los dos millones y medio de desocupados oficiales. La defensa del salario, pensión o complemento de renta es algo vital. Es la existencia misma de la clase obrera o de la clase productiva de la sociedad lo que está en juego, frente a los intereses del capital de reducir el costo de la fuerza de trabajo y convertir a la mayoría social en un grupo masivo de pedigüeños, sin derechos.
La existencia y función de las organizaciones sindicales y/o todo movimiento social es precisamente la defensa de la reivindicación: salario, pensión o prestación de desempleo (que son salario diferido). Cuestión que por sí misma no acaba con la explotación capitalista, es decir, la extorsión de la plusvalía, el «trabajo no pagado» que es la base del beneficio de los capitalistas como clase.
La lucha de clases tiene, como contenido más básico, reducir la tasa de explotación por parte de los trabajadores, y aumentarla por parte de los capitalistas. No como un imperativo moral. Los capitalistas, sometidos a la competencia entre ellos, necesitan aumentar sin fin la tasa de explotación, si no, son expulsados del mercado. Por el contrario, los trabajadores lo que se juegan es su existencia, su supervivencia
Los beneficios de las empresas del IBEX 35 se disparan
El balance oficial de resultados de las empresas del IBEX, Encabezadas por el sector bancario y las empresas de energía para el primer semestre del año no pueden ser más clarificadoras.
Los seis grandes bancos: Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja, presentan un beneficio neto en el primer semestre de 20.164 millones, un 18% por ciento más que el mismo periodo del año pasado. El sector financiero anotó un margen récord del 29% sobre sus ingresos (39.724 millones de euros en 2025), superando los registros de 2022 a pesar de enmarcarse en un periodo de bajada de tipos de interés.
En el sector de la energía solo un dato, quizás el más espectacular, Repsol anunció el 23 de julio 2.200 millones de beneficios hasta el 30 de junio, tres veces más que en 2025 (en que fue de «solo» 603 millones) O sea que la penuria de carburante debida a la guerra imperialista contra la nación iraní, el cierre del estrecho de Ormuz, las sanciones contra Rusia, la guerra de Ucrania han producido, además de miles o decenas de miles de muertes y destrucción, el engorde delos beneficios de las grandes empresas petroleras.
El comercio mayorista de combustibles conserva márgenes superiores al 30%, haciendo uso de su poder de mercado para absorber el alza en costes de aprovisionamiento y elevar sus beneficios en términos absolutos.
No es un fenómeno español. De entrada en los USA la gasolina en el surtidor ha aumentado en un 50% para los ciudadanos y las grandes petrolíferas han ganado en el primer semestre 100.000 millones de dólares a costa de la población. Lo mismo sucede en todos los países, en particular en Europa: la gran petrolera francesa TOTAL, ha multiplicado por 4 sus beneficios en este semestre.
Anuncian en todas partes que hay una reducción de la oferta, a causa de las guerras, de alrededor de 3 millones y medio de barriles por día. El dato es engañoso, no obstante. China ha reducido la demanda echando manos de la reserva estratégica, Rusia ha aumentado las exportaciones «fuera del mercado». El factor principal del aumento de los precios es la brutal especulación de las grandes petroleras y la negativa de los gobiernos a hacerles frente.
En España. Cuando difundimos esta carta, los precios de gasolina y gasóleo rondan los dos euros, a pesar de las rebajas de impuestos que ha decidido el gobierno. La única medida que puede frenra la especulación desenfrenada de las petroleras el bloqueo de los precios.
Así como los beneficios empresariales en general
Un informe de CCOO explica que los márgenes empresariales se mantienen en máximos históricos tras la crisis de 2022, impulsados principalmente por el sector energético y, en especial, por el refino de petróleo, que explica casi un tercio del incremento de precios general. En el segundo trimestre de 2026, las empresas alcanzaron un margen de 97.000 millones de euros, consolidando una rentabilidad alta donde el valor añadido (24,5%) y el margen bruto (12,8%) superan ampliamente los promedios de 2009-2021.
El sector inmobiliario (31,1%) y el extractivo (22,3%) alcanzaron también máximos históricos de rentabilidad.
Al mismo tiempo, el peso de los salarios en el valor añadido bruto continúa estancado desde el primer trimestre de 2025, sin lograr recuperar la participación perdida en favor de las rentas del capital durante la crisis de 2021-2022. Y la brecha entre productividad y remuneraciones se amplía: entre 2018 y 2026, el valor añadido por empleado creció un 44% y el margen empresarial un 55%, frente a un alza del salario medio de solo el 33%.
En realidad es un problema de lucha de clases. El capital necesita someter, aplastar a la clase obrera hasta límites de subsistencia para facilitar el camino a la guerra abierta.
En estas condiciones, no es de extrañar oír barbaridades como las declaraciones de Christian Lagarde, directora del BCE, exigiendo «a los gobiernos europeos reducir las partidas presupuestarias públicas para dirigir recursos al complejo militar/industrial y al sector tecnológico»
O, por ejemplo, ver en Francia al gobierno Lecornu plantear para el presupuesto 2027 acabar con la premisa constitucional de actualizar las pensiones según el IPC, para ahorrarse 6.000 millones (justo la cantidad en que quiere aumenta el gasto militar, por encima del aumento ya previsto).
El significado profundo de las huelgas en curso
Hay una cuestión de fondo que relaciona las movilizaciones y huelgas en curso. Antes del verano, se iniciaron en Catalunya y Valencia movilizaciones de los enseñantes en torno a reivindicaciones muy precisas: aumento de salarios recuperando la pérdida de poder adquisitivo, reducción de los alumnos por clase, refuerzos para la aplicación de la “escuela inclusiva”: Reivindicaciones, junto con otras -como la de mejorar las condiciones climáticas de los establecimientos- que son comunes a todas las comunidades del país. Por más que la enseñanza esté regionalizada, los problemas son los mismos, y el gobierno central, que establece el marco presupuestario general, tiene responsabilidades específicas al respecto.
Por eso, en la demás comunidades aparecieron conatos de movilización, como en Aragón o Navarra. De hecho, hoy la movilización ha retornado en Valencia y se anuncia una huelga indefinida en Madrid para el 14 de octubre (excepto en la Universidad), a las cuales se suma la movilización de los trabajadores de los 0/3 que tiene una dimensión estatal.
Estas movilizaciones tienen otra característica: el rechazo a los sindicatos que se niegan a ponerse a la cabeza de la mobilizacion y no respetan el sentir democráticamente expresado de los enseñantes.
En este sentido, la movilización de los 14.000 trabajadores de Airbus desde el 1 de julio tiene una importancia capital. Movilización, como la de los trabajadores de la Enseñanza, basada en las asambleas, y en utilizar a los sindicatos para organizar la huelga, pero sin someter a los trabajadores a decisiones y acuerdos firmados desde la cúpula, sin su aprobación. En el caso de Airbus, sin duda, la inmensa mayoría de los trabajadores del sector, especialmente en la zona sur de Madrid, tienen la atención concentrada al respecto.
Con características propias, la movilización de los médicos, y su huelga anunciada para el 28 de octubre enlaza también con las anteriores citadas, con reivindicaciones justas como acabar con las jornadas de trabajo interminables, aunque la posición de los sindicatos mayoritarios, apoyados por la ministra, que no han asumido esa reivindicación, ha permitido que los sindicatos corporativos intenten desviar la movilización hacia el «estatuto propio»
¿Qué salida?
Evidentemente las reivindicaciones avanzadas son necesarias, y es justo movilizarse por ellas. Pero esto es insuficiente sin medidas políticas centrales y sin el combate por la plena implicación de las diferentes organizaciones en torno a las reivindicaciones comunes.
Y es ahí donde se integra la responsabilidad del gobierno, entrampado en la crisis de Ceuta que es una crisis de un régimen monárquico que pretende conservar los últimos restos de su «imperio» colonial, y que no es capaz de responder a las necesidades de la población trabajadora, cuya situación exige medidas urgentes. Para ponerlas en práctica, hace falta la voluntad política.
Frenar a la derecha y la ultraderecha, detener a los fascistas, no puede ser obra sólo de los que se consideran antifascistas, exige la movilización del conjunto de la población trabajadora, que sólo puede producirse sobre la base de las reivindicaciones. Medidas como bloquear los precios de los carburantes y los productos de primera necesidad, bloquear los márgenes de aumentos por parte de las multinacionales, introducir fuertes tasas a los beneficios brutales del IBEX 35, aumentar el SMI, indexar salarios y pensiones al IPC real, expropiar viviendas de los especuladores y fondos buitre para ponerlas en alquiler a un precio asequible.
Ello solo es posible con la movilización organizada por las organizaciones obreras, partiendo del apoyo a las huelgas en curso. Estos ejes políticos que implican un enfrentamiento y ruptura con el régimen permiten una batalla de unidad de todas la fuerzas que se reclaman de la clase obrera y los pueblos, incluso en el terreno electoral.
