Carta Semanal 1115 para descargar en PDF

Los acontecimientos políticos, militares, económicos y sociales que se suceden a velocidad de vértigo hacen que muchos sindicalistas, activistas, militantes, se encuentren desconcertados. Y, al mismo tiempo, desvelan el verdadero carácter de las instituciones.
El conflicto abierto con la entrada en Ceuta –enclave colonial- de decenas de miles de personas marroquíes y de otros países africanos, entre los que se encontraban miles de niños, ha puesto en evidencia la verdadera política de todas las fuerzas de este país. Todas han salido en tromba a defender la “españolidad” de Ceuta, a hablar de “invasión”, a exigir la expulsión de los migrantes (con más o mensos garantías, según de qué fuerza se trate). Pero son pocos los que han dedicado unos segundos a recordar a los más de 140 muertos, a exigir un trato humano a las personas que han entrado en Ceuta, a pedir para los niños y niñas la atención que merecen, por humanidad, y porque así lo exigen las leyes.
Al mismo tiempo, el Rey reúne, el lunes día 7, a la ministra, al jefe del Estado Mayor del ejército y a varios mandos militares para hablar de Ceuta. Nadie sabe de qué se ha hablado exactamente en esta reunión no agendada. Al fin y al cabo, el rey es, constitucionalmente, el jefe de las fuerzas armadas y al parecer, como un sátrapa oriental, rinde cuentas de lo que quiere. Al tiempo que por detrás presiona al gobierno para que organice su viaje a los enclaves coloniales, lo que provocaría, sin duda, un enfrentamiento con Marruecos. También, constitucionalmente, las fuerzas armadas “tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.
Todos contra los inmigrantes
La derecha y la ultraderecha exigen la “caza” a los inmigrantes, “que se vayan por donde vinieron” ¿A nado y con peligro de ahogarse? Desde el gobierno garantizan que “todos serán expulsados”, pero siguiendo unos trámites legales. La Unión Europea hace responsable de todo al gobierno de España, asegura que es posible la expulsión, y se compromete a ayudar a defender las “fronteras de Europa” en Ceuta. Es bueno recordar, en particular para quien intenta aun camuflar el papel de la UE y del conjunto de sus instituciones, el papel que desempeñan. El 12 de junio se firmó el nuevo Pacto sobre emigración y asilo inspirado por Meloni, que permite la expulsión de demandantes de asilo a campos de concentración en Uganda, Ruanda, o donde sea.
El rey Felipe VI por donde va no se cansa de repetirlo «España debe ser fiel a sus compromisos internacionales», por tanto, a la política antiobrera, racista y reaccionaria de la Unión Europea y la política de guerra, de rearme, de encuadramiento militar de la juventud, que promueve e intenta adoptar la OTAN.
Los emigrantes, señalados como chivo expiatorio para dividir a l clase trabajadora, son declarados enemigos, sin derechos. Lo que no impide que se eche mano de ellos en función de la necesidad del capital. Tenemos muy buenos ejemplos en España. Mercadona, la mayor cadena de supermercados de España, es propietaria de miles de hectáreas en Marruecos, explota su mano de obra de este país (ayudada por el régimen autocrático alauita). En sus establecimientos se ofrecen las hortalizas y frutas a más bajo precio producto de esta explotación. Al mismo tiempo, el señor Juan Roig no duda en jalear a los racistas ceutíes, impulsar a VOX y denunciar la «invasión de los migrantes” Es una muestra del doble lenguaje del capital.
Un gobierno contra las cuerdas
Más allá de la importancia estratégica (como Gibraltar, que sí forma parte de España y es una colonia británica) de Ceuta y Melilla, la reacción franquista y las instituciones del Estado y utilizan este conflicto para darle la puntada final al gobierno, con el apoyo de Trump, que no perdona sus veleidades de «independencia» y desmarque de la política imperialista.
Los dos partidos franquistas, los jueces, los sindicatos policiales, la UCO, la UDEF, el CNI, todos ponen su granito de arena para acabar con este gobierno, siguiendo las palabras de Aznar “el que pueda hacer, que haga”. Como dijo Ester Muñoz portavoz del PP en el Congreso «el Estado se defiende» o sea acosa al gobierno desde todos los ángulos, incluso hoy, cuando busca soluciones para los migrantes de Ceuta (intento en el que todos, gobierno de Ceuta, autonomías, sindicatos policiales, órganos judiciales, se afanan en poner palos en las ruedas).
Es necesario, a ocho años de formación del gobierno de coalición (los primeros con la participación de Podemos) establecer un balance de su acción. No negamos los pasos positivos, como su política en relación a Palestina –resultado, en gran medida, de la potente movilización en las calles- sus reticencias a aumentar en la medida que Trump, exige el gasto militar (aunque hay que señalar que aumentarlo, lo ha aumentado, al doble), las subidas del SMI, la mini reforma de las reformas laborales, la Ley de dependencia, la ley de amnistía (que los jueces siguen esforzándose en paralizar), la regularización de emigrantes (impulsada por una iniciativa apoyada por 700.000 firmantes)…
Todo ello hay que contrastarlo con lo no cumplido de su propio programa electoral, como la derogación de la ley Mordaza y la ley de Extranjería, cuya no derogación facilita la acción de los franquistas, sus partidos y las instituciones del Estado.
Para el gobierno, no es posible seguir nadando y guardando la ropa
La situación del gobierno no es casual. Es el resultado de la incompatibilidad entre las instituciones franquistas heredadas y la democracia, que estalla. Estas instituciones –y los partidos que las representan- nunca han considerado legítimo a este gobierno. Y este ha sido incapaz de hacerles frente, porque defiende a esas instituciones (es patético oírle hablar, por ejemplo, de la independencia del poder judicial).
La única manera de enfrentar a esas instituciones con posibilidades de victoria es movilizando a los trabajadores y a los pueblos contra ellas. Por ello, está en la contradicción: «no se puede vencer al enemigo cuando eres prisionero de él». La historia se repite: en julio de 1995 después de haber perdido las elecciones, Felipe González confesaba que «la gente no entiende que tuvimos que gobernar con las instituciones del pasado»… gobernar con ellas traicionando el mandato del 28 de octubre de 1982 que le dio una mayoría absoluta en las Cortes “por el cambio”.
La enseñanza es que no se puede gobernar en favor de la mayoría y, la vez, conciliar con estas instituciones. Pues son la representación del poder de la oligarquía capitalista, de la gran banca, del IBEX 35, de lo más reaccionario, de la jerarquía militar y eclesiástica, del poder judicial. Todo lo que la transición del 77/78 respetó y la Constitución monárquica del 6 de diciembre del 78 registró.
Durante 50 años, los partidos de origen obrero y nacionalista han arrimado el hombro para mantener al régimen monárquico porque para sostenerlo se precisaba del consenso. Pero, hoy, ese mismo consenso está en peligro. Los sectores más extremos exigen acabar con esa situación. Como dijo Aznar “no se trata de cambiar de gobierno, sino de sistema”.
Para hacer frente a la ola reaccionaria no basta con reunir a los que ya se declaran antifascistas. Es necesario movilizar a las más amplias capas de la población trabajadora. Y ello solo es posible desde el combate por las reivindicaciones, los salarios, las pensiones, la vivienda… En esta difícil situación, hay que agrupar a todas las fuerzas dispuestas para ello.
Todo ello, en una situación en que se cuece una explosión social
La subida intolerable de como los combustibles, que asfixia a la clase trabajadora expulsada de las ciudades y que debe desplazarse en coche para trabajar ante la carencia de transportes públicos o su mal funcionamiento, y de los precios en general, el imposible acceso a la vivienda, el deterioro de servicios públicos esenciales como la sanidad y la enseñanza, los escándalos de corrupción que ponen de manifiesto cómo vive la “clase política” a costa de la población trabajadora, los beneficios escandalosos de las petroleras, la banca, las grandes empresas, configuran una situación explosiva en la que, a falta de una respuesta adecuada del gobierno y de las organizaciones obreras, la ultraderecha crece y amenaza con llegar al gobierno.
Antes o después, se avecina una explosión social. Y las huelgas de la enseñanza, la de Airbus, demuestran que la clase trabajadora empieza a tomar en sus manos la acción, imponiéndola a los sindicatos o pasando por encima de ellos.
La clase obrera y los pueblos no están derrotados
Frente al fatalismo de algunos, que dan por inevitable el acceso de la ultraderecha al gobierno e, incluso, se preparan para ello, las movilizaciones en curso –desde Airbus a la enseñanza- muestran que el potencial de la clase está vivo. La mayor dificultad es el instrumento organizado. Los sindicatos están semiparalizados por la política de diálogo social. Y, en algunos casos, aparecen como defensores de las empresas.
La supuesta reindustrialización a través del rearme corroe a sectores importantes de las secciones sindicales.
Los partidos políticos, en su mayoría, se «descubren chovinistas» defensores de los enclaves coloniales en contradicción con su propio pasado de lucha contra el colonialismo y, en particular, contra las guerras en Marruecos y su último episodio, la guerra del Rif, como fueron en su época el PSOE la UGT, el PCE y la CNT. Es urgente retomar las tradiciones antiimperialistas del movimiento obrero y, de entrada, desvelar la naturaleza de la monarquía Borbónica.
El único objetivo del rey es salvar al régimen, como hizo su bisabuelo apoyando la dictadura de Primo de Rivera para encubrir la incompetencia y la corrupción militar en Marruecos, y su padre, implicado en el 23F.
En toda Europa, los pueblos padecen gobiernos que no defienden las libertades conquistadas, las soportan…»por el momento», e inscriben su política y acción en la vía de la orientación del capital –hoy, a escala mundial, la política de guerra-, gobiernos reaccionarios, destructores de los derechos sociales y democráticos. Su política sigue los consejos de Christine Lagarde, presidenta del BCE, sobre la necesidad de dirigir las inversiones al complejo militar-industrial en detrimento de los gastos sociales. Lema que hacen suyo todos los gobiernos europeos inspirados por Trump que propone aumentar un 50% el presupuesto militar.
Frente a ello el pueblo de Palestina sigue resistiendo, como la nación iraní -al margen de su régimen-, un potente movimiento contra la militarización se desarrolla en toda Europa y a escala mundial, y, entre la juventud, contra la reintroducción del servicio militar. Los trabajadores y la juventud de los USA multiplican su oposición a Trump, lo cual se refleja también en el Partido demócrata con el crecimiento de nuevas fuerzas como la DSA.
En esta situación, la constitución de fuerzas políticas de ruptura con el sistema es esencial. Fuerzas independientes de la monarquía y sus dominios coloniales, de su sumisión al imperialismo y la OTAN y luchadoras por la paz en Palestina y en Ucrania, contra el genocidio, por un solo Estado democrático, en apoyo a los verdaderos héroes de la guerra de Ucrania, los desertores
La Cuarta Internacional y su sección en España combaten con todas las fuerzas dispuestas a la lucha por todas las reivindicaciones sociales en curso, contra la guerra y el genocidio inscribiendo su acción en la continuidad de las campañas europeas que se reflejaron últimamente de París octubre 2025, Londres junio 2026.
