El capital financiero y su instrumento, la Unión Europea, son responsables del caos en que se hunde Europa

(Publicado en la Carta Semanal 704ver en catalán)

Declaración del Secretariado Internacional de la IV Internacional sobre Europa – 7 de noviembre de 2018

Hay que rendirse a la evidencia, todo está a punto para entrar en un nuevo episodio de la “crisis de la deuda soberana” que sangró, literalmente, a Grecia y a su pueblo(1).

Esta vez, parece que le toca a Italia el mismo papel que tuvo Grecia en 2010-2015.

Todo el decorado, a punto. Cada cual tiene su papel: los mercados, las agencias de calificación, la Comisión Europea de Bruselas, el FMI y sus expertos…

Acusan a Italia de amenazar con hundir a toda la zona euro, por negarse a someter sus presupuestos a las reglas del “pacto de estabilidad”.

Según eso, todo el sistema financiero europeo, estrechamente interconectado, debe de estar amenazado por la quiebra de uno solo de sus eslabones, Italia.

Y el pueblo italiano, al rechazar el presupuesto que la Unión Europea quiere imponerle, sería cómplice de las posiciones reaccionarias de Salvini y de Di Maio… llevados al poder por el rechazo de la política de austeridad dictada por Bruselas y aplicada por Renzi.

Pretenden que el pueblo italiano sea responsable de la tempestad financiera que todos los especialistas económicos veían llegar a Europa. Y le toca pagar los platos rotos.

Para ese mundo selecto de eurófilos, hay una sola salida: “Que el pueblo italiano se someta”. ¿De quién quieren burlarse?

La Unión Europea acusa y amenaza al pueblo italiano

Los grandes bancos europeos, como los grandes bancos norteamericanos, ahítos de miles de millones de subvenciones públicas, no han digerido –al cabo de 10 años– las consecuencias de la gigantesca crisis financiera de 2007-2008.

Sus balances siguen tocados por las temerarias operaciones especulativas que habían emprendido.

El capital financiero, asfixiado en los límites demasiado estrechos del mercado mundial, ha perfeccionado más de lo imaginable –aprovechando la desreglamentación de los mercados financieros emprendida a partir de 1971 por el imperialismo norteamericano– técnicas financieras que le permiten saciar con la especulación su sed inextinguible de beneficios, lo que lleva a la serie de quiebras estruendosas desde 2008.

Todos reconocen que la crisis de 2011-2012, una de cuyas principales víctimas fue el pueblo griego, fue la réplica en Europa de la crisis desarrollada en 2007-2008…

Como por casualidad, en el momento en que los expertos se preocupan de nuevo por el efecto de arrastre en las bolsas europeas que puede provocar la caída del Nasdaq (en este octubre de 2018), el coro de las agencias de calificación descubre la importancia de la deuda italiana.

Tras Italia, ese mundo distinguido nos anuncia ya que se perfila el contagio en Portugal, en España y en Francia…

Se precisa la escenificación

Dicen los expertos que hay que salvar a Europa de la desconfianza creciente que sus pueblos alimentan respecto de la Unión Europea, sus instituciones y sus tratados.

En realidad, lo que buscan esos señores es hacer lo que haga falta para tratar de salvar a toda costa los mecanismos que garantizan, con una brutal política de austeridad aplicada en toda Europa, el pago de las montañas de deudas contraídas con los bancos y fondos financieros de los que la UE es fiel instrumento.

Ahí, entran en escena las elecciones al supuesto Parlamento Europeo.

Supuestamente se enfrentan dos campos, el de los ‘progresistas’ frente al de los ‘nacional-populistas’. A toda costa hay que centrar la atención en la falsa oposición de esos dos ‘campos’ para camuflar lo esencial de la situación: el enorme rechazo, por parte de todos los pueblos, de la política de austeridad reforzada de la Unión Europea, un rechazo que provoca una crisis sin precedentes incluso en las cumbres del poder en Francia, en Alemania, en Portugal, en España, en la Gran Bretaña, aunque la Gran Bretaña no sea miembro de la zona euro y haya decidido abandonar la Unión Europea.

De un lado los Macron, Merkel, Juncker, Draghi… todos los cuales en uno u otro momento han formado parte de los estados mayores de Goldman-Sachs, Rothschild, J-P. Morgan…

Del otro, están los Salvini, Orban… a cuya elección contribuyeron los ‘progresistas’ como reacción contra la política de destrucción que desarrollan a la cabeza de la Unión Europea.

Mal que les pese a los señores ‘progresistas’, la resistencia de los pueblos a su política de destrucción de las conquistas sociales y políticas de la clase obrera y de las masas populares no puede identificarse con personajes como Salvini, Orban… Presentarlo así es una amalgama miserable. La resistencia de los pueblos para nada conlleva desorden ni caos.

Europa bajo los golpes de la ‘guerra comercial’ lanzada por Trump

Hay que llamar a las cosas por su nombre. En el marco del sistema de propiedad privada de los medios de producción, Europa está siendo inexorablemente expulsada de los sectores determinantes del mercado mundial por la guerra comercial en toda la línea lanzada por Trump y el imperialismo norteamericano.

Las economías nacionales del continente son dislocadas por la reorganización permanente de las “cadenas de valores” que los monopolios imperialistas efectúan, concentrando sus producciones en las zonas de bajos salarios.

Europa, de la que tiran los intereses contradictorios de las diferentes burguesías nacionales, condenadas inexorablemente a la decadencia por la ‘guerra comercial’ es incapaz de dotarse de la política común fiscal, presupuestaria y financiera que invoca regularmente, supuestamente para hacer frente a las embestidas del imperialismo norteamericano.

Su única política común se reduce a la política coordinada de destrucción en toda Europa de todas las conquistas sociales logradas por la clase obrera después de la guerra, con el fin de garantizar las condiciones de sobreexplotación exigidas por el capital financiero en crisis.

Nunca fue tan cegadora la semejanza de los planes que golpean a todos los pueblos de Europa. La avidez del capital financiero en plena crisis de descomposición exige la destrucción inmediata de toda reglamentación laboral, la destrucción de los sistemas de jubilación y de Seguridad Social, la aceleración de la privatización de todos los sistemas sanitarios, de todos los transportes públicos, de los servicios públicos de electricidad… En todas partes, la individualización está sustituyendo a los derechos colectivos basados en la solidaridad. Está amenazada de destrucción toda la sedimentación de derechos logrados con la lucha de clases y que ha modelado los rasgos fundamentales de la fisonomía del continente.

Ni los pueblos ni los migrantes amenazan con dislocar a Europa, ¡son la Unión Europea y los gobiernos!

Mal que les pese a los profesores de moral autoproclamados ‘progresistas’, la resistencia de la clase obrera y de los pueblos no amenaza con hundir al viejo continente en el caos, como sí hacen el capital financiero y sus instrumentos: la Unión Europea y los gobiernos sometidos a sus dictados.

Mal que les pese a los ‘progresistas’ que se han desenmascarado formando un bloque con los ‘nacional-populistas’ el 28 y 29 de junio para restringir brutalmente la acogida de refugiados, ni el pueblo italiano ni los pueblos de Europa Oriental, ni los ‘migrantes’ amenazan con dislocar a Europa. Los pueblos polaco, húngaro, checo… saben para qué han servido las subvenciones de la Unión Europea desde 2004. Han servido para que los bancos alemanes y austriacos organizasen la implantación de subcontratas de los grandes grupos monopolistas implantados en Europa Occidental para sobreexplotar a la mano de obra local, sometida al paro por el desmantelamiento de la propiedad social.

No son los pueblos los que se apartan de Europa, son la Unión Europea y los gobiernos sometidos a ella los que se encarnizan en destruir y dislocar las conquistas políticas y sociales de la clase obrera con las cuales los pueblos aspiran a unirse en una Europa de los trabajadores y de los pueblos.

No hay salida ni en el acompañamiento ‘humanista’ de la destrucción de todas las conquistas sociales y políticas de los pueblos de Europa, ni en la política de deportación forzosa de millones de migrantes por el imperialismo, ni en el callejón sin salida del repliegue sobre las propias fronteras.

La aspiración de los pueblos a recuperar su soberanía solo podrá realizarse en la lucha de la clase obrera para arrancar, a escala de toda Europa, el poder de las manos del capital financiero para reorganizar a escala de todo el continente los transportes, la energía, la industria y las infraestructuras al servicio de todos los pueblos y de todos los proletarios, de cualquier origen.

En toda Europa, se forman agrupamientos militantes 

En toda Europa, el rechazo de la política dictada por el capital financiero ha arremetido contra los poderes establecidos y a la vez contra los viejos partidos que se reclamaban de la defensa de los intereses obreros y de la democracia, que se han subordinado a sus respectivos gobiernos y al capital financiero, abriendo una crisis en su seno y llevando a algunos al borde de la implosión.

En todos los países del continente, buscan organizarse agrupamientos de militantes, surgidos de la convergencia entre elementos que vienen de esos partidos y la joven generación de militantes, para tratar de ayudar a la clase obrera a abrir, con la lucha de clases, el camino de una salida política conforme con la defensa de sus intereses de clase y con la reconquista de la democracia.

Cada uno con sus propias formas, buscan reapreciar toda la experiencia histórica del combate del movimiento obrero para acabar con el sistema de explotación capitalista e instaurar el socialismo.

Muchos de esos agrupamientos, cada uno a su modo, recuperan las conclusiones que estuvieron en el origen del combate revolucionario de la clase obrera.

En este periodo de maduración política acelerada, la IV Internacional se inscribe en el debate que surge y que está íntimamente ligado al combate práctico por ayudar a la clase obrera a agruparse en cada uno de los países del continente y para ayudar a que converja la lucha de todos los pueblos de Europa que pelean por quitar el poder de las manos del capital financiero, único camino para salir de la Europa de la dislocación y de la anarquía capitalista.

La IV Internacional se identifica más que nunca con la enseñanza de León Trotski, que en 1940 declaraba:

“La unificación económica es para Europa cuestión de vida o muerte. Pero realizar esa tarea no incumbe a los actuales gobiernos, sino a las masas populares, encabezadas por el proletariado. Europa ha de convertirse en los Estados Unidos Socialistas, si no quiere convertirse en la tumba de la vieja civilización.”

Pero se guarda mucho de evitar toda tentación de imponer en bloque sus conclusiones políticas.

La IV Internacional entiende que en el terreno de la práctica organizada se verificarán los acontecimientos, que las discusiones y divergencias se zanjarán no con palabras sino en la vida. Es absolutamente inevitable que se desarrolle la más amplia diversidad de opiniones políticas, pues el camino hacia la revolución mundial, en cuyo seno se integran los procesos europeos, abarcando a cientos de millones de hombres, hará aflorar en todas partes, en todos los países, en todas las organizaciones, tanto productos de la descomposición del sistema del imperialismo, como elementos avanzados que buscan soluciones progresistas.

La IV Internacional confía. Es consciente de que al encajar las piezas se operará una selección.

Con esta disposición se invita al debate que se desarrolla hoy a escala de todo el continente europeo.


(1) Desde 2008, Grecia ha perdido más de un millón de habitantes. Son sobre todo jóvenes que se han ido, empezando por los más cualificados. Entre sus diez millones de habitantes, Grecia cuenta hoy con cerca de 500.000 jóvenes entre 20 y 30 años menos que los que tenía en 2008.

La cura de austeridad ha hecho perder cerca de uno de cada cinco puestos de trabajo. El paro sigue estando en el 20%, a pesar del éxodo de los jóvenes.

El gasto público ha bajado un 30%, y sus consecuencias dramáticas se han visto en el incendio de Mati, no lejos de Atenas, con 97 muertos.

Los salarios reales de los griegos han bajado más de un 15% de media, y los ingresos de los jubilados se han hundido hasta la mitad.

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