Carta Semanal 1087 para descargar en PDF
La clase trabajadora empieza a sufrir en su vida cotidiana las consecuencias de la guerra desencadenada por los EEUU e Israel contra Irán: los combustibles han subido hasta un 20% en pocos días, y se prevén más subidas, y se anuncian incrementos de los precios de los alimentos y la energía. Todos ellos componentes que suponen buena parte de los gastos de las familias trabajadoras, especialmente las que sobreviven con salarios más bajos, y que ya llegan con enormes dificultades a fin de mes.
La inflación, además, puede desencadenar nuevas subidas de los tipos de interés y, con ellos, de los intereses de las hipotecas, lo que puede abrir paso a una nueva oleada de desahucios.
Subidas debidas a la especulación
La clase trabajadora, expulsada de los centros de las ciudades –e, incluso, de las propias ciudades- por la especulación inmobiliaria y los pisos turísticos, depende en buena medida de sus vehículos particulares para ir a trabajar (ante la ausencia de una red eficiente y rápida de transporte público o por el deterioro y mal funcionamiento de la misma). La subida de los carburantes le supone una dificultad añadida para llegar a fin de mes. Una subida que se produce por el traslado inmediato al consumidor de la subida del petróleo, aunque el combustible que se vende ahora se compró hace meses a precios mucho más baratos. Pero las compañías distribuidoras de combustible aprovechan la ocasión para especular con los precios. Tiene razón Podemos al plantear, entre las medidas para hacer frente a la subida de precios, la nacionalización de Repsol.
