Carta Semanal 1090 en catatalán
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Para la elaboración de esta Carta nos hemos basado en diversos materiales publicados en Informations Ouvrières
Los palestinos celebran el 50 aniversario del día de la tierra, mientras el genocidio se mantiene en Gaza y se extiende a Cisjordania.
El genocidio en Gaza no cesa
En Gaza, bajo el “plan de paz” de Trump, el “alto el fuego” al estilo israelí se manifiesta en una escasez de alimentos que roza la hambruna, un colapso casi total del sistema sanitario, continuos ataques aéreos y asesinatos selectivos que destruyen familias enteras. El cruce de Kerem Abu Salem solo permite el paso de unos 80 camiones al día, lo que alimenta la especulación, el mercado negro y la escalada de precios. Las organizaciones humanitarias estiman que se necesitan al menos entre 500 y 600 camiones diarios para cubrir las necesidades básicas de la población de Gaza. En tres meses se han producido 1200 ataques israelíes, que han causado la muerte de 702 palestinos, 1913 heridos y la destrucción de nuevos barrios.
Un comunicado del Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR), fechado el 15 de marzo, “condena a las fuerzas israelíes por la continuación de actos genocidas en la Franja de Gaza, incluyendo asesinatos continuos y la destrucción sistemática de todos los elementos esenciales de la vida”. El Centro subraya que “los asesinatos a gran escala y los ataques contra civiles, combinados con políticas de bloqueo, asedio y hambruna, conforman un patrón complementario de actos que constituyen el crimen de genocidio según el derecho internacional, en particular la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948”. El PCHR habla de “asesinatos cada vez más graves y del asedio en Gaza como parte de actos genocidas continuos”, y describe las “masacres, la hambruna organizada, la destrucción sistemática de viviendas y los desplazamientos forzados” como parte de un “patrón continuo de genocidio contra la población de Gaza”, posible gracias a la “impunidad garantizada por Estados Unidos y la complicidad de los estados europeos y el resto de la comunidad internacional”.
El Día de la Tierra
El Día de la Tierra conmemora la movilización de los palestinos que viven –como ciudadanos de segunda- dentro de las fronteras de Israel, a la que el ejército sionista respondió con una matanza de manifestantes.El 30 de marzo de 1976, la huelga general que paralizó a las comunidades palestinas dentro de Israel marcó un punto de inflexión histórico. Ese día, las autoridades israelíes pretendían expropiar miles de hectáreas de tierra en Galilea, en los alrededores de Sakhnin, Arraba y Deir Hanna, como parte de un plan para «judaizar Galilea». Cuando los agricultores llegaron a sus tierras para cultivarlas, encontraron marcas rojas que indicaban una «zona militar restringida». La respuesta fue sin precedentes: el Comité de Defensa de la Tierra convocó una huelga que resonó en todo el país. La represión convirtió ese día en un día de derramamiento de sangre: seis manifestantes palestinos murieron y cientos más resultaron heridos y arrestados.
Por primera vez desde 1948, los palestinos que viven dentro del país, supervivientes de la Nakba y considerados «ciudadanos» de Israel, se alzaron colectivamente, no como una minoría árabe que exige su integración, sino como parte del pueblo palestino que lucha contra la colonización de su tierra.
El contexto de 1976 era el de una ofensiva frontal del Estado sionista: confiscaciones masivas de tierras, mayor control sobre las aldeas árabes, prohibición de manifestaciones y una campaña de miedo destinada a disuadir a los trabajadores y empleados palestinos de unirse a la huelga. Campesinos amenazados con perder sus tierras, obreros y estudiantes estuvieron a la vanguardia de la movilización. La huelga se extendió por las ciudades de Galilea, el Triángulo (la concentración de ciudades y pueblos árabes israelíes adyacentes a la frontera con Jordania en la llanura de Sharon) y el Néguev. Fue la irrupción de la población palestina del interior de Israel, afirmando su identidad, lo que marcó un punto de inflexión en la resistencia a la colonización, hasta el punto de que muchos historiadores la denominan la «Primera Intifada» de los palestinos dentro de Israel.
Cincuenta años después, la importancia del Día de la Tierra va mucho más allá de las tierras confiscadas en 1976. Como señaló Awad Abdel Fattah, exsecretario general del partido Balad y coordinador de la Campaña por un Estado Democrático Único, “cada vez más palestinos, dondequiera que se encuentren entre el Mediterráneo y el Jordán, sienten que están siendo aplastados bajo un único sistema de control, discriminación y opresión: un sistema de apartheid colonial”. La política implementada durante décadas (políticas de zonificación que asfixian a las aldeas palestinas del interior, expansión continua de asentamientos y bloqueo de tierras en Cisjordania, bloqueos y destrucciones recurrentes en Gaza, proyectos de “desarrollo” en el Néguev destinados a concentrar y desplazar a los ciudadanos beduinos palestinos de Israel) ha tomado un giro cada vez más violento con el genocidio en Gaza y los pogromos anti-palestinos que se han convertido en sucesos cotidianos en Cisjordania.
Lo que comenzó en Galilea como una lucha contra la expropiación se ha convertido en un símbolo global de resistencia a un régimen de despojo perpetuo. Sin embargo, el Día de la Tierra no es solo un día de conmemoración. Cada 30 de marzo, se realizan manifestaciones en Sakhnin, Arraba, el Néguev, Cisjordania, Gaza y los campos de refugiados, así como en la diáspora palestina. Dentro de Israel, en varias ocasiones en los últimos años, marchas con una participación significativa de manifestantes judíos han servido para recordar la importancia de la lucha por la tierra y la igualdad de derechos.Entre el mar y el río, la cuestión de la tierra —que motivó la huelga de 1976— no puede separarse de la condición de los refugiados y desplazados, es decir, del derecho al retorno, ni de la lucha contra las formas actuales de segregación, limpieza étnica y genocidio que reivindica la mayoría de la clase política israelí.
La limpieza étnica en Cisjordania
En Cisjordania, se está desarrollando una amplia operación de hostigamiento a los palestinos, de expulsión de sus tierras.
Mientras continúan los bombardeos en Gaza, Cisjordania sufre abusos cada vez más violentos por parte de milicias de colonos, protegidas por el ejército de ocupación. Las incursiones militares, las demoliciones de viviendas, las confiscaciones de tierras y la expansión de los asentamientos se han intensificado desde el inicio de la guerra contra Irán, hasta el punto de convertir ciertas zonas palestinas en auténticos escenarios de guerra permanente de baja intensidad: incursiones nocturnas regulares en las que los soldados registran violentamente las casas, lo saquean todo y arrestan a jóvenes sin motivo alguno.Las cifras recopiladas por la Autoridad Palestina confirman esta ofensiva silenciosa: solo en febrero se registraron 114 arrestos, junto con 49 operaciones de demolición o nivelación de terrenos, y otras 143 órdenes de demolición o desalojo. Mientras las incursiones de colonos en el complejo de la Mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén se vuelven cada vez más masivas, a los peregrinos palestinos se les prohíbe entrar en ella. Los tiempos de viaje a las ciudades pueden multiplicarse por diez de la noche a la mañana debido a los puestos de control improvisados y los cierres repentinos de carreteras. En las aldeas de Jalud, Fandaqumiya, Silat ad-Dhahr, Qaryout y cerca de Ramallah, videos y testimonios de testigos presenciales describen edificios en llamas, residentes intentando evacuar a sus familias y ataques físicos que dejaron a varias personas gravemente heridas. En Burqa, una clínica local fue incendiada y un vehículo destruido, mientras que en Hawara, colonos irrumpieron en una escuela secundaria masculina, arriaron la bandera palestina, izaron una bandera israelí y pintaron con aerosol “Muerte a los árabes” en las paredes.
La periodista israelí Orly Noy, entrevistada por el canal de noticias independiente estadounidense Democracy Now, explica que esto forma parte de un patrón recurrente: “Cada vez que la atención pública, tanto local como internacional, se centra en Gaza o Irán, Israel aprovecha la situación para realizar cambios drásticos sobre el terreno”, hoy en día en el Líbano y Cisjordania, con tropas desplegadas. Para los palestinos, Noy describe un cambio cualitativo en la violencia en Cisjordania: “Hasta ahora, nuestra preocupación era la limpieza étnica de Cisjordania; ahora, se trata simplemente de la ejecución de palestinos, tanto por parte del ejército como de los colonos”.
Al mismo tiempo, el parlamento israelí ha aprobado una medida brutal para los palestinos que osen resistir: pena de muerte en la horca para todo palestino que mate a un ciudadano israelí. Como ha señalado el coordinador de la campaña por un solo Estado, Awad Abdel Fatah, «la ley no es el producto de una extrema derecha…sino que pone al descubierto el verdadero carácter del estado de Israel”.
Decisión que ha recibido múltiples condenas internacionales, incluyendo la del gobierno español. UGT declara que “La legalización de la pena de muerte en este contexto no es un hecho aislado, sino la continuación de una política sistemática de represión, desigualdad y violencia contra el pueblo palestino, que refuerza un sistema que vulnera derechos fundamentales y consolida un marco jurídico discriminatorio que profundiza aún más el conflicto. Ante esta situación, resulta imprescindible que la comunidad internacional y especialmente los Estados de la Unión Europea dejen de mirar hacia otro lado y actúen con firmeza para exigir el respeto del derecho internacional y de los derechos humanos”.
Al mismo tiempo, la represión continúa dentro de las cárceles y centros de detención.
En un informe titulado “Tortura y Genocidio”, la Relatora Especial de la ONU, Francesca Albanese, acusa a Israel de utilizar sistemáticamente la tortura contra los palestinos detenidos desde el 7 de octubre de 2023, a un nivel que “sugiere venganza colectiva e intención destructiva”.
Según el informe, más de 18.500 palestinos han sido arrestados, entre ellos al menos 1.500 menores; aproximadamente 9.000 permanecen detenidos y más de 4.000 han sido víctimas de desaparición forzada.
Testimonios recopilados por algunas agencias de la ONU describen palizas brutales, inanición organizada, negación de atención médica, así como violencia sexual, violación y tratos potencialmente letales, afirmando que el sistema penitenciario israelí es un régimen estructural de terror destinado a doblegar a los presos y a sus familias.
¡Ruptura de relaciones!
Nos hacemos eco de las palabras del Centro Palestino de Derechos Humanos, que citábamos al comienzo: todo esto sucede gracias a la “impunidad garantizada por Estados Unidos y la complicidad de los estados europeos y el resto de la comunidad internacional”. De ahí que todo el movimiento obrero, todas las organizaciones democráticas, deben hacer suya la exigencia de ruptura de todo tipo de relaciones (diplomáticas, económicas, comerciales, culturales, deportivas y, por supuesto, militares) con el Estado genocida de Israel.
