Primeras lecciones de la victoria de la ultraderecha en Sajonia-Anhalt

 Carta Semanal 1113 para descargar en PDF

El 6 de septiembre, el partido antiobrero y particularmente antimigrantes Alternativa para Alemania (AfD), un partido burgués de extrema derecha, obtuvo un 44% de los votos en las elecciones al Parlamento de Sajonia-Anhalt. Las causas sociales de este resultado son bien conocidas: el desempleo masivo —el grupo Volkswagen acaba de suprimir 100 000 puestos de trabajo en Alemania, con el acuerdo de los sindicatos, para reorientar la producción al sector armamentístico—, el empobrecimiento de la población, los ataques contra las pensiones y la Seguridad Social por parte del Gobierno de Merz y sus partidarios…

Una encuesta a pie de urna de la televisión pública ARD revela que el factor determinante del voto a favor de la AfD, entre todos los temas de la campaña, fue la «perdurabilidad de los sistemas sociales (25%)». Para extraer las primeras lecciones de esta votación, hay que volver sobre las causas políticas del voto: el partido Demócrata Cristiano (CDU), actualmente en el poder, así como todos sus aliados socialdemócratas, con todas sus variantes, han sido rechazados de forma masiva por la población. Jean-Luc Mélenchon tiene razón cuando afirma: «En Alemania, la victoria de la AfD es el resultado de la política neoliberal de los gobiernos alemanes de gran coalición entre la derecha y el PS». El candidato principal de la AfD incluso se refirió al canciller Merz como «su mejor aliado en la campaña».

Las medidas que está aplicando el gobierno federal –y las que tiene anunciadas- suponen un grave ataque a las conquistas sociales de la clase obrera alemana.

Entre estas medidas: facilitar los despidos en las empresas, aumentar la duración de los contratos temporales, y permitir acumular hasta seis contratos temporales seguidos, endurecer las bajas médicas, subir la edad de jubilación de forma gradual hasta llegar a los 70, restringir la jubilación anticipada sin recortes, reducción del 8 % de la plantilla de la administración, endurecimiento del subsidio de desempleo de larga duración, restricciones en el seguro de desempleo (los menores de 30 años con más de 5.000 euros ahorrados quedan excluidos de la prestación por desempleo).

Recortes en sanidad, 16.300 millones de euros el próximo año. Se incrementan los copagos en medicamentos y estancias hospitalarias, y se reduce la cobertura en ciertos tratamientos dentales; también se imponen fusiones y cierres de hospitales con  reducción de camas, se elimina la cobertura sanitaria gratuita para cónyuges sin ingresos propios.

Para muchos electores, la táctica de “cordón sanitario” para frenar a la ultraderecha de AfD ha llevado a que crean que los únicos adversarios de la política del gobierno sean, precisamente, los de AfD. Por haberse asociado al supuesto «cortafuegos antifascista» o al «cordón sanitario» con la derecha en el poder —que lleva a cabo una política abiertamente xenófoba, militarista y reaccionaria, rechazada, según las últimas encuestas, por el 87% de los alemanes—, el Partido Socialdemócrata (SPD), los Verdes y La Izquierda (Die Linke) han sido castigados al igual que la CDU. Die Linke ha registrado su peor resultado en Sajonia-Anhalt desde 1990. Todos ellos han respaldado el programa de armamento del Gobierno de Merz, cuyo objetivo declarado es que el ejército alemán sea el más poderoso de Europa y esté «listo para la guerra», en palabras del ministro de Defensa socialdemócrata, Boris Pistorius (SPD). Primeras lecciones que hay que tener en cuenta, y no solo para Alemania.

Ahora, todos llaman a repetir esa política de cordón sanitario, para impedir un gobierno de AfD, lo que significa apoyar un gobierno de la CDU. La CDU ha dejado claras sus condiciones: «No habrá concesiones, sino cinco años de CDU pura». Si se aceptan estas condiciones, impedir que acceda al gobierno de Sajonia AfD puede facilitar su camino hacia el gobierno federal.

Declaración del Consejo de Portavoces de la AGBSW del 8 de septiembre de 2026 (Extractos)

El resultado de las elecciones en Sajonia-Anhalt pone de manifiesto hasta qué punto es fuerte el deseo de gran parte de la población —y no solo allí— de un cambio fundamental en las condiciones políticas y sociales. La CDU, hasta ahora el partido más poderoso, ha visto cómo su porcentaje de votos (voto de lista) se reducía a más de la mitad. Ni Die Linke, ni el SPD, ni los Verdes han sabido aprovechar esta situación. El BSW, con un 5,3% de los votos en la votación de listas, ha alcanzado por los pelos su objetivo mínimo: la entrada en el Parlamento regional. En la votación uninominal, solo ha obtenido un 3,2 %.

AfD se ha convertido, con alrededor del 44% de los votos, en el partido más fuerte con diferencia, incluso entre los sindicalistas. La abrumadora mayoría de las personas en situación económica precaria y con un nivel de educación formal más bajo votó a la AfD, que ha logrado abordar los grandes problemas y la necesidad de otra política mediante su agitación simplista, que desvía la atención de las causas reales y se dirige contra «los viejos partidos», y con una retórica polarizante y excluyente contra las minorías. El «cordón sanitario» como estrategia contra la AfD ha fracasado estrepitosamente.

Según las encuestas, el BSW fue elegido principalmente por su programa en materia de justicia social, los intereses de Alemania del Este, la paz, la política educativa y las pensiones, de forma casi uniforme en todos los grupos sociales y de edad, tanto en la ciudad como en el campo. Los votantes del BSW están divididos en su actitud hacia la AfD; según una encuesta, más del 60% de ellos considera que un gobierno de la AfD sería bastante preocupante.

Los partidos en el poder en Alemania y en los Länder, la CDU/CSU, el SPD, los Verdes, el FDP, pero también Die Linke, representan una evolución en Alemania que un número cada vez mayor de personas percibe como muy negativa: estancamiento económico y declive de la industria, problemas sociales crecientes, salarios y pensiones demasiado bajos, pérdida de puestos de trabajo y temor por el futuro de los hijos. Los precios de los alimentos, la energía y los alquileres suben, y cada vez más personas ya no pueden llegar a fin de mes. Faltan viviendas asequibles, y la calidad de los colegios y las guarderías es insuficiente. Se recortan la seguridad social y las prestaciones públicas, las condiciones de vida en muchas regiones se deterioran y las desigualdades sociales y las divisiones se acentúan. La fuerte inmigración de los últimos 15 años y la insuficiente integración plantean problemas, sobre todo para los grupos de población ya desfavorecidos.

El peligro de guerra se hace cada vez más inminente con la escalada del conflicto en Ucrania y contra Rusia, impulsada por el Gobierno federal y la UE. Su política de rearme masivo acelera al mismo tiempo el desmantelamiento del estado del bienestar. La sociedad se militariza. Las exigencias de los empresarios para restringir los derechos de los trabajadores y de los sindicatos, en particular el derecho a la huelga, son cada vez más fuertes. Se restringen la diversidad de opiniones y los derechos democráticos. Observamos un marcado giro a la derecha de la política, del que los partidos en el poder son los principales responsables.

Sin embargo, AfD no es una alternativa que redunde en beneficio de la mayoría de la población. No es un partido pacifista, sino que apoya la política de rearme y militarización del Gobierno de Merz. Además, sus supuestas reivindicaciones sociales no son más que pura propaganda. Representa una continuación radicalizada de la política contraria a los intereses de los trabajadores y al estado del bienestar. Los problemas no se resuelven con una política contra los inmigrantes, una ideología etnicista-nacionalista y una guerra cultural contra los comportamientos y opiniones divergentes, más presión en los colegios y la negación de la crisis climática.

Al mismo tiempo, las elecciones han puesto de manifiesto hasta qué punto las ideas y los objetivos de una alternativa social, orientada hacia los trabajadores y la paz, tienen actualmente poca presencia y arraigo. BSW no ha logrado perfilarse como la oposición social y pacífica ni como la alternativa a la política dominante, ni tampoco a la AfD. En comparación con los resultados electorales de 2024 en Brandeburgo, Sajonia y Turingia, el apoyo al BSW se ha reducido drásticamente. En los últimos dos años ha perdido a gran parte de los votantes y militantes que, al principio, habían depositado sus esperanzas en el BSW como tal alternativa, una alternativa clásica de izquierda.

Las coaliciones en Turingia y Brandeburgo, así como la salida del Bundestag, han dificultado que BSW adopte un posicionamiento autónomo. En lugar de abordar de forma popular tanto la política y los discursos del bloque dominante como la agitación y la propaganda de odio de la AfD y de la extrema derecha etnonacionalista, el BSW apenas ha rebatido a esta última y ha actuado contra los gobiernos mediante acusaciones superficiales y generalizadas y eslóganes. BSW no debe jugar ni en el «equipo de la CDU» ni en el «equipo de la AfD». Debe luchar por conseguir votos frente a ambos bandos.

En esta situación, BSW necesita un nuevo comienzo. Necesita un perfil claro y propio, así como una postura ofensiva como representante de los trabajadores y de la «gente corriente». Tal y como lo fue la socialdemocracia en sus mejores épocas (y el SPD ya no lo es desde hace mucho tiempo). Sin ahuyentar a la mayoría de la gente (como hace Die Linke) con posturas o comportamientos mal orientados o excesivos, que solo defienden pequeñas minorías.

Hay que hablar del capitalismo y del imperialismo, así como de las alternativas posibles. La política dominante debe descifrarse —en términos populares— como una lucha de clases desde arriba, una política en interés del gran capital y las élites políticas vinculadas a él. El desmantelamiento del estado del bienestar y la política de guerra y rearme son las dos caras de una misma moneda. Y la restricción de la libertad de expresión y de la democracia es, por así decirlo, una tercera cara de esa moneda.

BSW debe centrarse en la lucha contra el rearme y la guerra, así como en la defensa de los intereses sociales de los asalariados, los pequeños autónomos y sus familias. Necesita un perfil claro como partido que aboga por buenos empleos, buenos salarios y pensiones, asistencia sanitaria, atención a las personas mayores, educación, servicios públicos y viviendas asequibles. En estas cuestiones, ni la continuación de la política actual ni una cooperación con la AfD ofrecen ninguna solución.

Tampoco basta con centrarse únicamente en la lucha dentro y por los parlamentos. Un partido que quiera cambiar las cosas debe estar arraigado en los entornos sociales, los sindicatos y otras organizaciones, y ser capaz de movilizar fuera de los parlamentos. Solo si consigue así ganarse a sectores cada vez más amplios de la población en contra de la política de guerra y de rearme y a favor de un fortalecimiento, en lugar de un desmantelamiento, del estado del bienestar, y movilizarlos contra la política del Gobierno, el BSW podrá acercarse a sus objetivos.

El BSW debe retomar la tradición de los movimientos democráticos, del movimiento obrero y también del antifascismo: «rechazamos las ideologías de extrema derecha, racistas y violentas de cualquier tipo». El BSW no debe aparecer como un partido que se opone de manera general a la inmigración, y no debe participar en la «guerra cultural», ni desde la «derecha» ni desde la «izquierda». El BSW está a favor de la paz y la libertad, de la igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas.

El BSW debe retomar el impulso con el que se fundó. En el programa del BSW se establecen las bases para un partido de este tipo: la justicia social, la razón económica, la paz y la libertad son orientaciones fundamentales y duraderas para el BSW. Como partido de este tipo, el BSW es muy necesario, ya que su ausencia se hace notar, más que nunca.

Nosotros no nos adherimos per se a ninguna organización porque tenga una orientación correcta en tal o cual punto, por importante que sea. Y en ningún caso lo haríamos con quienes planteen cuestiones que chocan con nuestros principios, como lo es el rechazo incondicional al racismo y nuestro apoyo al libre derecho a migrar para cualquier trabajador o trabajadora. Sí consignamos la importancia de todo agrupamiento que se oriente en una posición de defensa de los intereses de la clase trabajadora, de forma independiente de todo compromiso con las instituciones del capital.

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