Carta Semanal 1112 para descargar en PDF

Con respecto a la cuestión de Ceuta, una extraña unanimidad se está operando entre las principales fuerzas políticas de nuestro país, desde la extrema derecha a la extrema izquierda -con muy pocas excepciones, entre las que nos contamos- unanimidad que abarca también al conjunto de sindicatos. Todos defienden a capa y espada la “españolidad” de Ceuta y Melilla, hablan de “invasión”, y denuncian –con diferentes matices- al gobierno de Pedro Sánchez por «capitular» ante Marruecos, le acusan de ser vasallo de la Monarquía alauí. Y arremeten contra la “dictadura” marroquí, el “tirano”, el “sátrapa” Mohamed VI. Todos son, indudablemente, republicanos…en Marruecos.
Ciertamente, unos van más lejos que otros. Unos piden que se tenga más firmeza ante Marruecos, que el gobierno denuncie la complicidad del gobierno marroquí en la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta, y que se llame a consultas al embajador. Algunos van más lejos y del “Pedro Sánchez, hijo de p…” (todo un programa político) se pasa a Sánchez, traidor. Por su parte, Sánchez, que es consciente de que necesita la colaboración de Marruecos para bloquear el paso de personas a través de unas fronteras artificiales y sumamente frágiles, se niega a acusar públicamente a las autoridades marroquíes e insiste en la colaboración con Marruecos para solucionar la situación.
En su defensa a ultranza de la españolidad de Ceuta y Melilla, el Gobierno y la izquierda en general se encuentran –como los últimos hechos demuestran- en un terreno pantanoso para ellos, pero en el que la derecha, la ultraderecha, e incluso los grupos abiertamente fascistas y neonazis, se mueven como pez en el agua y los ponen contra las cuerdas.
Recordemos algunos aspectos de la situación a los que pocos hacen referencia: 141 muertos de los que nadie quiere acordarse, decenas de ellos enterrados sin identificación, miles de niños sin protección y amenazados de expulsión, miles sin ser reconocidos sus derechos, es todo un programa. Al fin y al cabo – salvo honrosas excepciones- para todos ellos son «moros», “negros” y, en todo caso, pobres, que sólo tienen valor como mano de obra que, cuando es necesaria, se llama. Recordemos las ofertas de trabajo para contratos “en origen”, para mujeres marroquíes, que han de ser mujeres casadas y con hijos. Unas especificaciones que en una oferta de trabajo en España serían ilegales, pero que pocos denuncian. Y si la mano de obra es ilegal, sin derechos, mejor (No son pocos los colaboradores en el proceso de regularización que han oído cómo el inmigrante les cuenta que su patrón no quiere que se regularice). Es la esencia misma del sistema de producción capitalista.
Esta ofensiva política busca, conscientemente o no, aterrorizar a los millones de trabajadores emigrantes -oficialmente hay 960.000 ciudadanos marroquís legamente en España, que forman parte de nuestra economía y sistema social- y cuestionar el derecho a emigrar y el derecho de asilo, lo que supone otra de las formas de la política de guerra.
Y esto sucede en un país como España, que no existiría sin la emigración (exterior e interior), en un pasado no tan lejano, y en el presente (hay aún tres millones de ciudadanos españoles fuera de España, casi dos millones en América y más de un millón en Europa, entre ellos unos 500.000 jóvenes que emigraron a causa de la crisis de 2008). Somos muchos los españoles que tenemos familiares que emigraron a Francia, Alemania y otros países por motivos laborales (es decir, huyendo del hambre) y que conocemos las penalidades que sufrieron (Entre 1960 y 1975, entre 2,6 y 3,5 millones de personas marcharon a países europeos en busca de trabajo). En cuanto al derecho de asilo, recordemos que cerca de un millón de españoles tuvieron que huir en 1939, producto de la guerra. Muchos de ellos fueron encerrados, nada más pasar la frontera, en campos de concentración en Francia, como el tristemente famoso de Argelès-sur-Mer, como hoy marroquíes y subsaharianos son encerrados en Ceuta. Sólo el gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas dio asilo incondicional a los republicanos españoles, como había hecho antes con León Trotsky.
Y todo ello cuando, hemos de recordar, hace un año los dirigentes patronales pidieron urgentemente un millón de emigrantes para cubrir puestos de trabajo que son necesarios.
Multinacionales españolas en el saqueo de Marruecos
Hay emigrantes marroquíes en España, no al contrario. Esto ya determina una relación de dominación. Recordemos que son numerosas las empresas españolas que operan en Marruecos, explotando una mano de obra más barata. España es el segundo inversor europeo, después de Francia, y el tercer inversor extranjero en Marruecos. Grandes compañías como Inditex (Zara), Mercadona o El Corte Inglés operan en territorio marroquí también a través de filiales.
Acciona, Iberdrola, ACS, Cepsa, Gas Natural y Dragados participan en proyectos emblemáticos, como la construcción de plantas solares (Noor) y el desarrollo de las infraestructuras energéticas marroquíes. Telefónica (a través de Meditel) y Santander o CaixaBank tienen una presencia destacada en el sector financiero y de telecomunicaciones del país. Antolín (componentes para automóviles) e Inditex son ejemplos también de empresas que han deslocalizado parte de su producción a Marruecos para abaratar costes.
También Marruecos es uno de los grandes clientes de la industria armamentística española, con exportaciones militares españolas a Marruecos que alcanzan aproximadamente los 2,55 millones de euros sólo en los primeros meses de este año, sobre todo de munición.
La descolonización de 1956
En 1956, la dictadura de Franco y el régimen francés concedieron a Marruecos una independencia mutilada –de la que separaron Ifni, el Sahara y los enclaves coloniales de las costas del Mediterráneo- y limitada, bajo el gobierno de la dinastía alauí, no sin antes librarse “manu militari” del Ejército de Liberación Nacional Marroquí y de todos los elementos que pudieran cuestionar las condiciones de esa independencia.
Pero el conflicto interimperialista hace que Marruecos, que desde la independencia «concedida» en 1956 quedó como una semicolonia, se enfrente hoy a una penetración creciente del capital y el ejército norteamericano. Lo prueban las maniobras militares conjuntas y el hecho de que Marruecos sea uno de los pocos países árabes que han reconocido al Estado de Israel, en el marco de los “acuerdos de Abraham”, auspiciados por Trump. Una decisión que es rechazada por la inmensa mayoría del pueblo marroquí, como se ha podido ver con las potentísimas movilizaciones por Palestina que ha vivido el país. Estados Unidos y Marruecos firmaron en abril de 2026 una Hoja de Ruta de Cooperación en Defensa para el periodo 2026-2036 en el Pentágono.
La relación privilegiada con el imperialismo norteamericano no hace de la monarquía alauita y su carácter opresor y feudal una potencia imperialista sino subsidiaria del imperialismo (por más que, cuando ve la ocasión, reclame sus territorios).
El «giro» de la izquierda española
El movimiento obrero se constituyó en nuestro país contra las aventuras coloniales, tanto por parte del PSOE /UGT como de la CNT, a principios del siglo XX. Y alimentó movilizaciones como la “semana trágica” de 1909, contra la guerra en Marruecos, iniciada con una convocatoria de huelga general por parte de los sindicatos.
El PCE, cuya tradición, desde su fundación era abiertamente contra la colonización de Marruecos, Durante los años 1960 y 1970, el PCE exigió en numerosas ocasiones la restitución de Ceuta a Marruecos según el principio del llamado “deber histórico”. Hasta el documento elaborado para su 12º Congreso (1987), este partido siempre proclamó la retrocesión de Ceuta y también de Melilla a Marruecos. Sólo cambia de posición en 1986, tras la constitución de Izquierda Unida -no es por casualidad que el ABC, en un editorial, saludara la creación de esta coalición- y el PSOE aun en el Congreso de Suresnes (1977) mantenía un aposición contraria al mantenimiento de los enclaves coloniales.
E incluso los «soberanistas» catalanes reconocieron, en su día, la republica del Rif proclamada por Abd-el-Krim. Otros que se han olvidado de sus tradiciones
El giro formaba parte del pacto de1978 y la constitución monárquica… Pero resulta incomprensible que los que denuncian el régimen del 78 se plieguen a algunas de sus bases
Restablecer una política de clase, internacionalista
Una política que ha de basarse en la defensa del principal derecho democrático: el derecho a emigrar, y del derecho de asilo. Lo que hoy se traduce, en primer lugar, en la exigencia de asistencia humanitaria a todos los inmigrantes que han entrado en Ceuta, a su alimentación, a su alojamiento en condiciones que no impliquen hacinamiento (lo que puede suponer su traslado desde Ceuta a la península). En la acogida de los 1.500 niños y niñas, que ha de hacerse fuera de Ceuta, ya que allí no hay recursos suficientes para atenderlos.
Una política que debe acompañar a la defensa del derecho del pueblo palestino, y en el combate contra todas las medidas de una política de guerra.
