Archivo por meses: agosto 2026

En el 86 aniversario de su asesinato. La actualidad de las aportaciones de Trotsky sobre las revoluciones

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Carta Semanal 1109 en catalán

El rasgo característico más indiscutible de las revoluciones es la intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos. En tiempos normales, el Estado, sea monárquico o democrático, está por encima de la nación; la historia corre a cargo de los especialistas de este oficio: los monarcas, los ministros, los burócratas, los parlamentarios, los periodistas. Pero en los momentos decisivos, cuando el orden establecido se hace insoportable para las masas, éstas rompen las barreras que las separan de la palestra política, derriban a sus representantes tradicionales y, con su intervención, crean un punto de partida para el nuevo régimen. Dejemos a los moralistas juzgar si esto está bien o mal. A nosotros nos basta con tomar los hechos tal como nos los brinda su desarrollo objetivo. La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos (…) ¿Se replegarán las masas ametralladas sobre sus suburbios? No; no se replegarán, pues quieren conseguir lo que les pertenece.

Trotsky (1929-32); Historia de la revolución rusa.

El 20 de agosto de 1940 Trotsky fue atacado por un agente estalinista, Ramón Mercader, falleciendo el día siguiente (Mercader fue condecorado como “Héroe de la Unión Soviética” y recibió la “Orden de Lenin” en 1960, durante la supuesta “desestalinización”). Nadie con buena intención y el conocimiento más elemental puede cuestionar que fue asesinado por su condición de revolucionario, por su incansable lucha por la revolución. Por su extensión mundial, único medio para salir de la barbarie a la que conduce la supervivencia del capitalismo, para culminar la transición a una sociedad sana, en la que la producción se oriente al bienestar de la población y no a la ganancia privada; es decir, a una sociedad comunista. En este nuevo aniversario del crimen, la situación mundial es tan grave, con las guerras y el militarismo en el centro de la agenda imperialista, que no sólo justifica abordar las aportaciones de Trotsky sobre las revoluciones, teóricas y prácticas, sino que lo exige.

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Mujer, República, Revolución

 Carta Semanal 1108 para descargar en PDF

Carta Semanal 1108 en catalán

Publicamos en esta Carta Semanal la intervención de Isabel Cerdá, miembro de Republicanas, en el acto de aniversario de la revolución española celebrado el 16 de julio en Barcelona.

Gracias por invitarme a tomar parte en este acto tan necesario, que no debe ser solo conmemorativo, debe ser militante.

Nuestro encuentro hoy no pretende otra cosa que arrojar alguna luz sobre unos acontecimientos históricos no ya poco o mal estudiados, y, por ende, poco o mal transmitidos a las generaciones posteriores, sino sencillamente borrados de la historia. Está la II República, la mal llamada guerra civil, presentada como un conflicto entre hermanos con ideologías divergentes, pero la revolución que se inició en paralelo al comienzo del golpe militar, sencillamente no existió. Y no solo existió, sino que fue esa revolución de los obreros y las obreras armados y organizados en la CNT, la UGT y el POUM, principalmente, la que impidió que el golpe triunfara en ciudades como Barcelona y Madrid.

Otros compañeros tratarán este tema con más profundidad y solvencia. Yo solo pretendo esbozar un cuadro general del papel de las mujeres trabajadoras en esos años, la capacidad organizativa que mostraron y las enormes conquistas que arrancaron, pese a las innumerables dificultades interpuestas no solo por la burguesía y sus valedores, sino por los propios militantes de las organizaciones obreras, que no podían (o no querían) abstraerse de la noche a la mañana de toda la tradición patriarcal de siglos.

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Combate Socialista, Agosto 2026. Ceuta: Un crimen de Estado, la total responsabilidad del Imperialismo

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Introducción

Desde la entrada de 70.000 personas en Ceuta a finales de julio, han sido muchos los artículos y declaraciones que se han publicado.

Pero en ellos ha estado prácticamente ausente la muerte de 140 personas, ahogadas intentando llegar a Ceuta en busca de un futuro mejor. Porque las barreras que impiden la libre circulación de personas matan. Mataron en la valla de Melilla el 24 de junio de 2022 a 100 personas (según cifras de algunas ONG), han matado a 80.000 personas en el Mediterráneo, y han matado a estos jóvenes en Ceuta.

Son asesinatos. Como señala Engels, “Si un individuo produce a otro un daño físico tal, que el golpe le causa la muerte, llamamos a eso homicidio; si el autor supiera, de antemano, que el daño va a ser mortal, llamaremos a su acción asesinato premeditado. Pero si la sociedad reduce a centenares de proletarios a un estado tal, que, necesariamente, caen víctimas de una muerte prematura y antinatural, de una muerte tan violenta como la muerte por medio de la espada o de una maza; si impide a millares de individuos las condiciones necesarias para la vida, si los coloca en un estado en que no pueden vivir, si los constriñe, con el fuerte brazo de la ley, a permanecer en tal estado hasta la muerte, muerte que debe ser la consecuencia de ese estado; si esa sociedad sabe, y lo sabe muy bien, que esos millares de individuos deben caer víctimas de tales condiciones, y, sin embargo, deja que perdure tal estado de cosas, ello constituye, justamente, un asesinato premeditado, como la acción del individuo, solamente que un asesinato más oculto, más pérfido, un asesinato contra el cual nadie puede defenderse, que no lo parece, porque no se ve al autor, porque es la obra de todos y de ninguno, porque la muerte de la víctima parece natural y porque no es tanto un pecado de acción como un pecado de omisión. Pero ello no deja de ser un asesinato premeditado (…) un asesinato social, que ha reducido a los trabajadores a un estado en el que no pueden gozar de buena salud ni vivir mucho; que destruye, pedazo a pedazo, de a poco, la vida de esos trabajadores, y los conduce a la tumba antes de tiempo (…)” 1.

También habría que buscar con lupa en todo lo que se ha publicado alguna referencia al hecho de que Ceuta y Melilla, junto con los peñones de Alhucemas y Vélez de Gomera, con la isla del Perejil y las islas Chafarinas, son enclaves coloniales, los últimos restos de la ocupación colonial española en Marruecos. Apenas unas líneas en la entrevista de El País al escritor marroquí Tajar Ben Jelloun.

Ese ocultamiento se une a las declaraciones, prácticamente unánimes, de los partidos que viven en las instituciones del Estado, desde la extrema derecha a la extrema izquierda. Todos hablan de “invasión”, defienden la “soberanía” española sobre ambas ciudades, y no se ahorran calificativos contra el “tirano” marroquí. Se muestran muy republicanos… en Marruecos.

Nuestra posición es muy clara. Ceuta y Melilla son enclaves coloniales que deben ser devueltos al pueblo de Marruecos, junto con las islas y peñones que España ocupa en las costas de Marruecos. Publicamos una serie de informaciones que pueden ayudar a los militantes a mejorar su comprensión sobre esta cuestión.

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1 “La situación de la clase obrera en Inglaterra”, 1845.

CEUTA: LA CRISIS LLAMADA MIGRATORIA

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Carta Semanal 1107 en catalán

En el momento que escribimos esta líneas, una buena parte de los más de 60.000 ciudadanos marroquíes, en su mayoría jóvenes, que llegaron a Ceuta a nado o atravesaron la valla de la aduana del Tarajal, han vuelto a Marruecos, pero más de 70 de ellos murieron ahogados al intentar entrar en Ceuta. Paralelamente, unos 400 ciudadanos marroquíes lograron entrar en Melilla antes de que la guardia civil y el ejército español cerraran la frontera.

Los que han vuelto lo han hecho, en su mayoría, obligados por el hambre y la sed, ya que los comercios, bares y restaurantes de Ceuta fueron cerrados, mientras que el ejército español les empujaba hacia las fronteras. Y, en una ciudad tomada por la policía y el ejército, consintieron que grupos de ultraderechistas agredieran de forma organizada a algunos inmigrantes.

Enclaves coloniales

Para empezar, hemos de recordar un hecho: Ceuta y Melilla son enclaves coloniales españoles en Marruecos restos de la ocupación, del “Protectorado” establecido por la monarquía española en Marruecos antes de su independencia en 1957, y defendido a sangre y fuego, incluyendo el recurso a armas químicas, contra la voluntad de liberación del pueblo marroquí. Son, junto con los peñones de Alhucemas y Vélez de Gomera, la isla del Perejil y las islas Chafarinas, los últimos restos de la ocupación colonial.

La propia independencia de Marruecos fue tutelada por los regímenes español y francés, después de haber aplastado al Ejército de Liberación marroquí, en beneficio de la monarquía alauita. Esta monarquía corrupta se ha caracterizado como una institución enemiga del pueblo marroquí, al servicio del imperialismo y aliada del sionismo, y mantiene al pueblo de Marruecos en la opresión más atroz, mientras se apropia de la parte del león de la renta nacional. Una monarquía, por cierto, que siempre ha mantenido relaciones estrechas con la monarquía borbónica de España.

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A 90 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA. LECCIONES PENDIENTES

Carta Semanal 1106 en catalán

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Cuando se cumplen 90 años conviene recordar (y reafirmar) que en el verano de 1936 hubo en España una revolución social, una de las revoluciones obreras más importantes habidas en Europa en el siglo XX. Una revolución que, por otro lado, sigue siendo ignorada en muchas de las conmemoraciones actuales. Por ejemplo, si se observa la prensa actual es como si no hubiera existido. Con pocas excepciones, solo hay referencias al hecho de que se produjo un levantamiento militar contra la República que provocó el inicio de la guerra civil, etc. Y si se consulta la prensa asociada a partidos que tuvieron un papel hace 90 años, se produce la misma impresión. Por ejemplo, en el digital Mundo Obrero, órgano oficial del PCE, no hay ni una sola palabra o referencia a la revolución que protagonizaron millones de obreros y campesinos. Lo mismo ocurre con El Socialista, en el que incluso no hay referencias de ningún tipo. Desde luego, no se trata de un problema de desconocimiento “histórico” de los hechos. Hay una razón política.

Y sin embargo hubo una revolución

Efectivamente, aunque se intentó ocultar, la revolución fue un hecho en las dos terceras partes del país en las que la sublevación militar fracasó inicialmente. La reacción popular al golpe de eEstado no se detuvo en la defensa estricta de la legalidad republicana, sino que fue mucho más lejos. No buscó simplemente la neutralización de los militares golpistas y de la trama civil que los acompañaba, ni se limitó a señalar exclusivamente a los enemigos políticos de la República, sino que apuntó también hacia las clases dirigentes. Hacia la oligarquía terrateniente, responsable de la existencia de una masa de millones de campesinos que sobrevivían en la miseria. Hacia la burguesía asociada a aquella, e interesada exclusivamente en mantener un determinado orden social al precio que fuera. Hacia la Iglesia, siempre asociada al poder y a los poderosos. Todos ellos fueron acusados de amparar y fomentar la reacción de los militares que se habían sublevado contra la República. Aparecieron a ojos de las masas como la trama civil, la trama de “clase”, que estaba detrás del golpe y a la que había que abatir igualmente.

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