Carta Semanal 1107 para descargar en PDF

En el momento que escribimos esta líneas, una buena parte de los más de 60.000 ciudadanos marroquíes, en su mayoría jóvenes, que llegaron a Ceuta a nado o atravesaron la valla de la aduana del Tarajal, han vuelto a Marruecos, pero más de 70 de ellos murieron ahogados al intentar entrar en Ceuta. Paralelamente, unos 400 ciudadanos marroquíes lograron entrar en Melilla antes de que la guardia civil y el ejército español cerraran la frontera.
Los que han vuelto lo han hecho, en su mayoría, obligados por el hambre y la sed, ya que los comercios, bares y restaurantes de Ceuta fueron cerrados, mientras que el ejército español les empujaba hacia las fronteras. Y, en una ciudad tomada por la policía y el ejército, consintieron que grupos de ultraderechistas agredieran de forma organizada a algunos inmigrantes.
Enclaves coloniales
Para empezar, hemos de recordar un hecho: Ceuta y Melilla son enclaves coloniales españoles en Marruecos restos de la ocupación, del “Protectorado” establecido por la monarquía española en Marruecos antes de su independencia en 1957, y defendido a sangre y fuego, incluyendo el recurso a armas químicas, contra la voluntad de liberación del pueblo marroquí. Son, junto con los peñones de Alhucemas y Vélez de Gomera, la isla del Perejil y las islas Chafarinas, los últimos restos de la ocupación colonial.
La propia independencia de Marruecos fue tutelada por los regímenes español y francés, después de haber aplastado al Ejército de Liberación marroquí, en beneficio de la monarquía alauita. Esta monarquía corrupta se ha caracterizado como una institución enemiga del pueblo marroquí, al servicio del imperialismo y aliada del sionismo, y mantiene al pueblo de Marruecos en la opresión más atroz, mientras se apropia de la parte del león de la renta nacional. Una monarquía, por cierto, que siempre ha mantenido relaciones estrechas con la monarquía borbónica de España.
El enclave de Ceuta, de unos 18 kilómetros cuadrados, está poblado por unos 84.000 habitantes. En este enclave colonial, como en el de Melilla, se ubican guarniciones militares “de elite” (legión y regulares), cuya misión histórica ha sido «proteger» a la monarquía borbónica y los intereses del gran capital. No es por casualidad –y hay que recordarlo 90 años después del levantamiento de Franco en 1936- que fuera desde los enclaves marroquíes donde se iniciara la sublevación militar-fascista contra la República.
La situación actual, al margen de todas las manipulaciones que han operado en la entrada masiva de jóvenes marroquíes, pone de manifiesto la inviabilidad y la terrible violencia que implica intentar de mantener los enclaves coloniales dentro de un país vecino, y la necesidad de una solución democrática.
Ninguna casualidad
Es evidente que la avalancha de decenas de miles de jóvenes marroquíes, muchos de ellos desplazados desde puntos alejados de la frontera de Ceuta, se ha hecho con la aquiescencia –y, en muchos casos, la implicación- de la policía, la gendarmería y los servicios secretos de la monarquía alauita. Ahí están las imágenes de policías conduciendo a los jóvenes o indicándoles el camino
No es difícil inducir a miles de jóvenes marroquíes a intentar entrar en España buscando mejorar su situación material, huyendo de la miseria y la falta de perspectivas. Marruecos conoce una crisis social sin precedentes, el 37% de la juventud está en paro, dos millones de jóvenes, más de la mitad de la juventud, solo aspiran a huir de la opresión y la miseria y labrarse un futuro en Europa y, como primer paso en España. Recordemos que más de un millón de trabajadores marroquíes ya viven y trabajan en nuestro país, ocupando lugares esenciales en la vida social y productiva.
Por lo tanto, estos millones de trabajadores y jóvenes pueden ser fácilmente arrastrados en búsqueda de un futuro para ellos y sus familias. Desde el punto de vista del movimiento obrero, debemos mostrar efectiva y prácticamente nuestra solidaridad con nuestros hermanos de clase, y reafirmar el derecho a emigrar, con especial sensibilidad si cabe en el caso de un país como el nuestro, que históricamente ha sido tierra de emigrantes. Y declaramos nuestra solidaridad con las familias de los más de 70 jóvenes que se han ahogado intentando entrar en Ceuta, que no pueden considerarse como muertes naturales, sino como crímenes de Estado, al igual que las 80.000 personas que la propia UE reconoce que han fallecido cruzando el Mediterráneo entre 2014 y 2025 (cifra que, obviamente, subestima la magnitud real).
Es evidente que la CIA, el Mossad y los servicios secretos marroquíes han tenido que ver con la puesta en marcha de este caos en la frontera para desestabilizar al gobierno, buscando forzar un cambio de rumbo en la política exterior española que, en todo caso, no constituye la respuesta que necesitan la clase trabajadora y los pueblos a escala mundial..
Una evidente manipulación
Sobre este fondo social se ejerce la manipulación de los gobiernos, que tienen intereses inconciliables con los derechos de los pueblos y, en primer lugar, con los del pueblo marroquí y del conjunto de África y las economías dominadas en todo el mundo por las potencias imperialistas.
La Monarquía alauita se ha prestado a ser el agente directo del sionismo en al región. El rey Mohamed VI es firmante de los acuerdos de Abraham, por los cuales distintos países árabes reconocen al Estado de Israel, es decir, aceptan la limpieza étnica y el genocidio contra el pueblo palestino. Una posición que rechaza la inmensa mayoría del pueblo marroquí. Las manifestaciones en apoyo al pueblo palestino han sido en Marruecos las más masivas fuera del Yemen, como expresión, también, de lucha contra la opresión monárquica.
Dejar entrar en España, e incluso inducirles a hacerlo, a decenas de miles de jóvenes, poniendo en dificultades al gobierno de Pedro Sánchez, sirve a los intereses de Israel y del gobierno de los Estados Unidos, que no tragan los gestos de Sánchez y su gobierno en favor de Palestina, ni la negativa a colaborar en los bombardeos contra Irán-por limitados que sean estos gestos-.. No es por casualidad que Netanhayu y varios ministros de Israel se hayan apresurado a intentar aprovechar políticamente los acontecimientos de Ceuta, y aplaudan con las dos manos la crisis provocada. Una actitud, claro está, apoyada por PP y VOX, y toda la caterva de gobiernos reaccionarios de Europa, que han aprovechado para criticar la regularización de inmigrantes que sacará de la clandestinidad y la explotación más negra a casi un millón de trabajadores en España, hermanos de clase cuyos derechos todo trabajador consciente debe defender, medida positiva por más que sea limitada..
Resulta patético que ahora, tanto el régimen marroquí como el gobierno español achaquen a las “mafias” que trafican con inmigrantes la responsabilidad de los sucesos de Ceuta. Como si a las mafias les interesara promover entradas en España con las que no ganan dinero y que compiten con su negocio de sangrar a los pobres migrantes. Mafias que, obviamente, no podrían actuar como lo hacen sin la complicidad de determinadas instancias de los respectivos aparatos de Estado.
¿A quién puede extrañarle que gobiernos como el de Meloni, promotora de la idea de expulsar a los inmigrantes e internarlos en campos de concentración fuera de sus fronteras, se apresuren a poner en dificultades al gobierno español que adopta algunas medidas positivas aunque limitadas? ¿O que la Unión Europea, que ha seguido los pasos de Meloni, haga lo mismo?
En un mensaje de la Casa Real, Felipe VI ha afirmado que ha seguido «con gran preocupación e indignación» la evolución de los acontecimientos y ha subrayado la necesidad de adoptar medidas que transmitan «de forma unida, clara y determinante a las poblaciones de Ceuta y Melilla el apoyo y cariño del resto de España»
Los trabajadores y los pueblos del Estado español, ante la gravedad de una situación que no es una “crisis migratoria”
No somos enemigos del pueblo de Marruecos, al contrario. Hay que señalar que la opresión de la monarquía alauita refuerza la propia opresión de la monarquía heredera del franquismo contra los pueblos de España.
El gobierno Sánchez, al igual que el conjunto de organizaciones del movimiento obrero, se enfrenta a una contradicción: no es posible defender los derechos de los pueblos y, al mismo tiempo, mantener los enclaves coloniales heredados del pasado. Enclaves que cada día se demuestran menos viables, incapaces de hacer frente a las olas migratorias por más valla asesinas que se levanten. Y que, además, son un feudo de la derecha y la ultraderecha, a las que garantizan de manera regular dos escaños en el congreso y cuatro en el Senado. Por ello, en necesario seguir exigiendo la devolución incondicional a Marruecos de las dos ciudades, los peñones y las islas Chafarinas y del Perejil a Marruecos. El interés del movimiento obrero es luchar por establecer la solidaridad y cooperación entre los pueblos, sobre la base de acabar con la opresión colonial y la monarquía que la tutela.
Dentro y fuera de las fronteras, sólo hay una clase obrera, formada por nativos e inmigrantes. Todos sus componentes nos enfrentamos a la explotación y a los planes del gran capital de robarnos los derechos y conquistas arrancados en la lucha de clases. Por ello, el interés de la clase trabajadora es permanecer unida y oponerse a todos los que buscan enfrentar a distintos sectores de la clase, y luchar por la derogación total de la Ley de Extranjería y fin de las devoluciones en caliente. Por el fin de las vallas de la vergüenza de Ceuta y Melilla y de todo «elemento de contención», terrestre o marítimo. Por el desmantelamiento de Frontex y la regularización inmediata de todas las personas migrantes.
La expresión “crisis migratoria” puede inducir a una grave confusión: entender lo acontecido como resultado de la actuación de extranjeros que “invaden” un país “soberano”. No, la única invasión en Ceuta y Melilla es la del Estado español que mantiene estos territorios africanos como enclaves coloniales. En este caso, la provocación de EE. UU. y el Estado sionista de Israel, a través de la monarquía marroquí, se aprovecha de la penuria vital de la población marroquí y de la negación de un derecho inalienable para cualquier persona trabajadora, que es el de desplazarse adonde pueda encontrar un medio de vida.
¡Por el derecho a migrar! ¡Todos los derechos legítimos a todos los trabajadores, con total independencia de su procedencia, nacionalidad, lengua, sexo, etnia, religión si la tienen!
