Combate Socialista 22 para descargar en PDF

La conmemoración del golpe de Pinochet no tiene nada de académico. El gobierno de la Unidad Popular de Allende ha sido presentado al movimiento obrero internacional y particularmente en Latinoamérica como el ejemplo a seguir.
La muerte trágica, como combatiente, de Salvador Allende, ha sido utilizada para justificar supolítica, que en buena medida, a nuestro parecer, facilitó involuntariamente la victoria del golpe.
El periodo de la Unidad Popular significó para la clase obrera un avance considerable en sus reivindicaciones y organización. Proceso que se realizó enfrentándose frecuentemente a las directrices del Gobierno, particularmente a su ala más reaccionaria: los ministros del PC chileno y el sector más reformista del Partido Socialista.
Hoy la clase obrera chilena se enfrenta al continuismo de la Constitución pinochetista que la
Concertación (acuerdo del PS, la democracia cristiana y hoy el PC) garantizó. En el estado español conocemos esta política. La del Pacto de la Moncloa, la preservación de instituciones claves del franquismo y la Monarquía. Pretendemos con este folleto dotar a la vanguardia obrera y juvenil de instrumentos de análisis y balance para entender el pasado, única manera de no repetir los mismos errores. Desde luego desde la Cuarta Internacional y su sección en el Estado español, el POSI, no pretendemos tener la verdad revelada, realizamos nuestro análisis y conclusiones y los sometemos al debate.
Los tres documentos publicados y la recomendación de lectura de un libro –de los muchos que
se han editado– se presentan por sí mismos. Esperamos con ello contribuir al esclarecimiento necesario sobre una cuestión clave de la lucha de clases internacional: el rol de la UP, el carácter del pinochetismo y la supuesta salida que representa la Concertación (hoy nueva mayoría) acompañado, claro está, por una propuesta de salida política presentada particularmente por el compañero Luis Mesina, secretario de la Confederación de trabajadores de la banca.



A últimas horas del 3 de octubre de 1934 el Presidente de la II República nombra un gobierno con ministros de la CEDA, próximos al fascismo y dispuestos a erradicar el movimiento revolucionario de las masas obreras y campesinas que había traído la República, eliminar las conquistas logradas y aplastar a las organizaciones. Antes de que el nombramiento sea público se declara el estado de guerra contra las organizaciones obreras. El Partido Socialista, la UGT y las Alianzas Obreras -coaliciones unitarias formadas en diversas zonas con composición diversa- convocan huelga general revolucionaria contra el golpe de Estado. La amplitud y duración de la huelga muestra la eterminación de las masas. Pero los dirigentes socialistas se demoran, vacilan y eso permite que el ejército asalte las casas del pueblo, acuartele a las tropas y desbarate el levantamiento insurreccional en Madrid y a escala estatal. Los dirigentes de la CNT1 combaten la huelga, lo que impide una insurrección en Barcelona (entonces, la capital obrera) y en el conjunto de Cataluña.
1.- Cuál es nuestra responsabilidad y qué problemas debemos superar La actividad que hemos desplegado en el último periodo, en particular tras la discusión que tuvimos en torno al Congreso Mundial sobre la necesidad de dar a toda nuestra orientación un eje claro, la Unión libre de Repúblicas Libres del Estado español, adolece de Contradicciones evidentes. Tenemos que afirmar claramente que hemos cabal- gado en realidad dos líneas diferentes: una que deriva todo de la lucha por la unión libre de Repúblicas Libres del Estado español, y otra que, sufriendo las enormes presiones de los aparatos (y del Estado de las Autonomías), nos desvía de la lucha por la unidad. Así, durante meses no hemos realizado la campaña por una solución democrática en el País Vasco, porque las cúpulas sindicales apoyaban al aparato de Estado y a Zapatero.
Cuando se escriben estas líneas, la lucha contra la llamada “Constitución Europea” continúa en toda Europa. En ella se agrupan las mejores fuerzas de las organizaciones obreras del continente, tanto en los sindicatos como en los partidos en que la clase trabajadora se organizó. Y es que lo que está en juego es el conjunto de conquistas obreras, resultado de la lucha de clases, e inscritas en la legislación nacional de cada estado nacional (Códigos del Trabajo, Estatutos de los trabajadores y de los funcionarios, seguridad social, servicios públicos…). Y con ellos, la democracia política, ya que el proyecto de “constitución” elimina toda soberanía de los parlamentos y los estados nacionales, y somete a todos los pueblos de Europa al dictado delas instituciones antidemocráticas de la Unión Europea, y en particular a la Comisión Europea y el
La clase obrera sólo puede intervenir en política por medio de su organización. Por eso la clase se organiza en sindicatos, en partidos y en asambleas y soviets. De manera consciente o inconsciente, los obreros sienten que su fuerza está en su organización, en el peso de la acción de miles, de cientos de miles, de millones. Por eso, la clase trabajadora siente una profunda aspiración hacia la unidad de sus filas, y también hacia la unidad de sus organizaciones. La primera Internacional, que agrupaba en su filas a organizaciones políticas y sindicales, y a los elementos marxistas y
