Carta Semanal 1094 para descragar en PDF

Extractos de la presentación de Kévin Crépin, sindicalista, militante de la IV Internacional, en el Círculo de Estudios Pierre Lambert, celebrado en París el 15 de abril de 2026
(Publicado en Informations ouvrières n.º 906)
El Instituto para la Economía y la Paz informa de que el número de guerras en curso este año es el más elevado desde la Segunda Guerra Mundial. La sangrienta guerra en Ucrania, que lleva más de cuatro años causando estragos, ya ha dejado cientos de miles de muertos y heridos. Macron, Starmer, Merz, Meloni y, con ellos, la Unión Europea se felicitan por la derrota de Orbán, con la idea de que miles de millones adicionales, bloqueados hasta ahora, podrán destinarse a que la carnicería continúe. Todo ese dinero seguirá sin destinarse a los hospitales, a las escuelas, a la respuesta a las necesidades de la población.
El genocidio de los palestinos continúa, los atropellos diarios del ejército israelí en Cisjordania se intensifican. África, un continente ya devastado, ve cómo la guerra se intensifica y continúa en Sudán y en la República Democrática del Congo, con cientos de miles de muertos.
Todo el mundo observa la situación con preocupación y se pregunta: ¿es posible pararlas? ¿Cómo?
[…] Todo el mundo observa la situación con preocupación y se pregunta: ¿es posible pararlas? ¿Cómo? Todos los continentes se ven afectados. ¿Por qué hay hoy en día esta generalización de las guerras? ¿Es una fatalidad? ¿Se debe a dirigentes «malos», «malvados», «locos», a quienes bastaría con sustituir para que se frenara esta espiral bélica? ¿O es otra cosa?
Esta situación no es fruto del azar, hay una raíz común a todo esto. Detrás de todo esto está la crisis del modo de producción capitalista, la crisis del imperialismo, una crisis mortal para la humanidad, que no deja de crecer. Y por eso necesitan la guerra. Es la propia lógica del capital: necesitan la guerra como motor de la economía mundial en crisis. […] ¿Qué fuerzas pueden obligar a los dirigentes del capital a detenerse? ¿A detener la guerra? ¿A detener la marcha hacia la guerra?
Es la movilización de grandes masas lo que puede obligar a los Gobiernos a detenerse
La historia de estas últimas décadas está repleta de ejemplos que demuestran que es precisamente la movilización de los pueblos, de las masas más amplias, en la calle, en huelga, la que puede obligar a los Gobiernos a detenerse […]. Durante la guerra de Vietnam, los militantes de la IV Internacional, de su sección estadounidense, el SWP, llevaron a cabo una campaña contra la intervención militar estadounidense en Vietnam y desempeñaron un papel importante. Y, sin embargo, no éramos partidarios de Ho Chi Minh: había masacrado a los miembros de la sección vietnamita de la IV Internacional, mandando asesinar a cientos de ellos.
Pero considerábamos que la victoria del pueblo vietnamita contra el imperialismo, contra la guerra, era punto de apoyo, independientemente de cualquier otra consideración. Era una victoria para todos los pueblos, incluido el pueblo estadounidense, independientemente de cualquier otra consideración.
Y los camaradas estadounidenses explican que la consigna central, para ellos, era aquella que era capaz de reunir a amplias masas, que era capaz de reunir a millones, y que por lo tanto se cristalizaba en: «Out now!», «¡Fuera ya!». Que las tropas estadounidenses se marchen.
Es en ese contexto en el que, en Vietnam, y como consecuencia de la movilización en su propio territorio, como consecuencia de la movilización mundial contra la guerra de Vietnam, unida a la resistencia del pueblo vietnamita, el imperialismo estadounidense se vio obligado a detenerse. Se vio obligado por la fuerza de la movilización de la clase obrera y de la juventud.
Un ejemplo reciente: la situación en Italia
Me gustaría poner un ejemplo mucho más reciente: quiero detenerme en lo que ha ocurrido en Italia. Ayer, Meloni se vio obligada a anunciar que suspende su acuerdo de defensa con Israel. ¿Cómo se ha conseguido este retroceso? ¿A través de qué proceso? Nadie puede pensar que se ha gestado en el cerebro y en las buenas intenciones de Meloni. En Italia, a partir de la campaña que llevó la USB (Unión Sindical de Base), a partir de la movilización que iniciaron los estibadores de Génova, organizando el bloqueo de los envíos de armas, en mayo-junio pasados, se abrió una ventana de oportunidad de la que se valieron millones y millones, con la ayuda de nuestros amigos de Potere al Popolo que, como partido, han sido una ayuda para la movilización. Llegando incluso a convocar una huelga general en septiembre, y luego en octubre pasado, a la que la principal confederación sindical, la CGIL, tuvo que sumarse. Una huelga que reunió al menos a dos millones de trabajadores, en contra del apoyo del gobierno de Meloni al genocidio. Una huelga que fue el primer paso que condujo, unos meses más tarde, a la derrota del referéndum de Meloni, con el que intentaba someter a la justicia.
Fue precisamente la acción de la clase obrera organizada, la clase productora de mercancías, la que provocó la marcha atrás de Meloni. Por una razón simple y clara: es la clase obrera la que puede dejar de producir armas, la que puede dejar de transportarlas; es precisamente la clase obrera la que, al detener la producción, mediante la huelga, puede contrarrestar el reclutamiento forzoso de toda la juventud, puede paralizar el país.
En algunos círculos se oye decir que la clase obrera ya no existe, que ya no estamos en el siglo XIX, que ya no ocupa el lugar central que tenía. Es cierto, ya no estamos en el siglo XIX, y precisamente por eso: la clase obrera es hoy mucho más grande de lo que era hace ciento cincuenta años. El proletariado como clase es numéricamente mucho más importante a escala mundial. Y, sobre todo, el proletariado sigue estando en el centro de la producción capitalista. […]
Ayudar a superar el obstáculo de las direcciones del movimiento obrero
Millones de personas se han levantado en todos los continentes contra el genocidio en Palestina: estudiantes, jóvenes trabajadores. La situación internacional ya se ha visto modificada. Entonces, ahora: ¿qué hacer? Evidentemente, el camino más corto sería que los dirigentes de las centrales sindicales llamaran a la movilización general contra la guerra.
No lo hacen. Esto plantea la cuestión de las direcciones: la cuestión que se plantean todas aquellas y aquellos que se movilizan y quieren luchar, y que se enfrentan al problema de las direcciones del movimiento obrero, que sería poco realista ignorar y que hay que ayudar a resolver porque se trata de un verdadero obstáculo para la movilización de las masas de todas las categorías populares. Porque el sindicato es parte integrante, y no de las menores, de la conciencia de clase de los trabajadores en el sentido más amplio del término. Y porque, por ello, es una poderosa palanca de movilización.
Por eso apoyamos la decisión que han tomado decenas de sindicatos y federaciones sindicales a todos los niveles en Europa que se han sumado al llamamiento de Stop the War en el mitin internacional contra la guerra en Londres. Sindicatos de docentes, del transporte, de ferroviarios ingleses, que representan a cientos de miles de afiliados, a los que se han sumado en Francia sindicatos de CGT, FO, SUD… que retoman este llamamiento diciendo: «Sí, es nuestra responsabilidad impedir la guerra porque podemos impedir la guerra». En Francia, cientos de jóvenes han lanzado un llamamiento: «No iremos a la guerra». Llamamiento que os invito a firmar. Porque sí, hay que organizar el hecho de que esos miles de jóvenes que no quieren morir por su sucia guerra tienen razón, y que haremos todo lo posible, a todos los niveles, para que no vayan. Y es nuestro deber organizar la resistencia en este sentido desde ahora mismo.
Mediante la movilización podemos detener su matanza. Y un partido revolucionario organizado con esta perspectiva, que ayude, es un elemento capital, indispensable en esta situación. Un partido que apoye y ayude a cualquier grupo, a cualquier militante, a cualquier acción, por muy minoritaria que parezca, que, al expresarse y movilizarse, participe en esta ayuda para superar el obstáculo que suponen las direcciones del movimiento obrero. Esto es lo que estamos construyendo con la IV Internacional, un partido revolucionario que tiene como objetivo ayudar a las masas, en su propio terreno, a plantar cara a la ley de programación militar y a todos los ataques sociales que se derivan de ella, a abrir una salida mediante su propio movimiento. No ponemos ningún obstáculo a la unidad más amplia, podemos tener toda una serie de puntos de vista diferentes con otras muchas fuerzas políticas, y nunca hemos hecho del acuerdo sobre nuestro programa una condición previa. Consideramos que el imperialismo solo puede ser derrotado si se logra reunir ampliamente a escala internacional a todas las fuerzas de ruptura que se están levantando. Este es el sentido de nuestra participación, en igualdad de condiciones con otros, en el mitin de París y en el de Londres. Y es precisamente esta orientación la que constituye el núcleo de la política de la IV Internacional. Esto es lo que sometemos a debate.
