La curiosa evolución de los Verdes alemanes

Carta Semanal 983 en catalán

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Los Verdes (Die Grünen) de Alemania han sido durante años la cabecera del ecologismo político europeo. Aún hoy, formaciones del Estado español como Sumar, Equo, Más País, se identifican con ellos. Yolanda Díaz y Sumar han protagonizado recientemente actos a nivel europeo con este grupo, afirmando que son los aliados necesarios para “construir un bloque social con el que lograr la justicia social y climática”.

Sólo se puede decir que tal vez estén mal informados y vivan de las viejas políticas de Die Grünen. Porque su política actual queda muy lejos de las viejas proclamas antinucleares, ecologistas, pacifistas, de defensa de los emigrantes y levemente sociales de 1980. Algunos comentaristas políticos la definen como una organización “ecoliberal”. Otros quitarían, incluso, lo de “eco”.

Hoy, en la fachada de la sede de Los Verdes en Berlín, se despliega una enorme bandera de Israel en la que se puede leer “We stand in solidarity”. Y su apoyo al Estado de Israel ni se queda en la bandera, ni se ha modificado tras más de 150 días de bombardeos y más de 30.000 muertos en Gaza. El jueves 29 de febrero, el Parlamento Europeo votó sobre una propuesta para imponer un embargo de armas a Israel. Entre los 393 parlamentarios que votaron en contra estuvieron los nueve diputados alemanes del partido Bündnis 90/Die Grünen. Que hicieron campaña electoral con el lema “No a las armas y bienes de guerra en zonas de conflicto”.

Annalena Baerbock, ministra de Asuntos Exteriores y referente de Los Verdes alemanes, fue una de las primeras autoridades teutonas en mostrar su solidaridad con el Estado de Israel tras el ataque de Hamas del pasado 7 de octubre, antes incluso que Olaf Scholz, canciller alemán, afirmando que los “crímenes abominables” que se habían producido avalaban el “derecho a defenderse” de Israel.

Cuando el gobierno israelí utiliza el hambre en Gaza como arma de guerra, los Verdes no dudan en apoyar la decisión de suprimir la subvención a la UNRWA, de cuya ayuda depende la alimentación de millones de palestinos.

Del pacifismo al belicismo

El abandono de posiciones pacifistas y antimilitaristas no viene de nuevo. 

Ya en los 90, los antiguos pacifistas abandonaron su antigua postura anti-OTAN, cuando a cambio de entrar en su primera coalición de gobierno con el SPD, el por entonces líder de Los Verdes y también ministro de Exteriores, Gorka Fischer, argumentó a favor de la participación militar de Alemania en Yugoslavia del lado de la OTAN. Un comentarista político explicaba que “instrumentalizó el Holocausto y afirmó que las bombas de la OTAN eran necesarias para evitar un «segundo Auschwitz» en Kosovo, una mentira de guerra que funcionó”

Esta postura se repitió con relación a la intervención de tropas alemanas en la invasión de Afganistán en 2001. Esta tendencia siguió avanzando sin pausa, hasta llegar al escenario de 2022, cuando ante la guerra de Ucrania Los Verdes fueron el sector del gobierno de coalición alemán que más presionó por enviar armas pesadas a Ucrania, incluyendo tanques Leopard. Pocos meses antes, en septiembre de 2021, precisamente Annalena Baerbock había participado activamente, en campaña electoral, en contra de la exportación de armas y armamento a zonas de guerra.

Katrin Göring-Eckhardt, líder del grupo parlamentario de los Verdes y vicepresidenta del Bundestag, también apoya la entrega de tanques Leopard a Ucrania. En la antigua Alemania Oriental (RDA), fue miembro fundador de los movimientos de derechos civiles ‘Democracy Now’ y ‘Alliance 90’ y defendió el lema ‘Espadas en arados’. Ahora, en apoyo a la OTAN en la guerra contra Rusia, quiere convertir los arados en tanques.

Göring-Eckhardt ya había votado a favor de la participación de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas) en la guerra contra Yugoslavia en 1999.

Como parte de la coalición de gobierno, los Verdes han apoyado el aumento en 100.000 millones de euros del presupuesto destinado a armamento.

Ecologistas, “ma non troppo”

La decisión de apoyar la guerra de Ucrania y “dejar de depender” del gas natural ruso, más barato y suministrado a Alemania por varios gaseoductos, ha tenido graves consecuencias para la industria alemana, que ve encarecida su factura energética. Se anuncian importantes cierres de empresas, que van a suponer la pérdida de miles de puestos de trabajo.

A falta del suministro de gas ruso, los Verdes en el gobierno han abandonado su promesa histórica del cierre de centrales nucleares, y han promovido la puesta en marcha de centrales de carbón (las más contaminantes). En el conflicto entre su agenda ecologista y su agenda belicista, han optado por la sumisión a la OTAN, organización que en su día defendían abandonar.

La identidad antinuclear había sido una bandera del Partido Verde alemán desde su formación a finales de la década de 1970. El abandono de la energía nuclear en Alemania -originalmente previsto para 2022- era presentado como su mayor logro. La emergencia energética -provocada, insistimos, por su propia política de guerra- ha hecho que los Verdes apoyaran la continuación del funcionamiento de las dos centrales nucleares alemanas restantes como reservas de emergencia.

Al priorizar la seguridad energética, los Verdes optaron por los combustibles fósiles. El año pasado, más de 20 centrales de carbón alemanas se reactivaron o vieron retrasado su desmantelamiento. Y solo tres días después de la invasión rusa de Ucrania, el 24 de febrero, el canciller Scholz anunció el establecimiento de varias terminales de gas natural licuado (GNL). Una decisión que tiene intención de prolongarse en el tiempo. El vicecanciller verde que también es ministro de Economía y Clima, Robert Habeck, concertó un acuerdo de compra de GNL con Qatar por 15 años

Ahora bien, ese GNL es absolutamente antiecológico. El que viene de los EE.UU. (hoy por hoy, el principal proveedor para Alemania) se obtiene por fracking y es transportado en un largo viaje en barco con su correspondiente huella de CO2.

Su posición contra los inmigrantes

Mientras parte de la izquierda española, aliada en buena parte de Los Verdes alemanes, se suma a la campaña contra Sahra Wagenknecht, acusada de mantener una posición contra los inmigrantes, cierran los ojos a la posición de sus “amigos” verdes.  Ricarda Lang, copresidenta del partido verde Bündnis 90/Die Grünen, sorprendía recientemente con una llamada a sus socios de coalición —Socialdemócratas y Liberales— para llegar a un acuerdo que acelere los retornos de migrantes a terceros países y restrinja la entrada de solicitantes de asilo.

“Para evitar que lleguen más y más personas y aliviar realmente la carga de los municipios a largo plazo, ahora necesitamos los acuerdos de migración y repatriación incluidos en el acuerdo de coalición”, aseguró Lang en una comparecencia celebrada a tres semanas de las elecciones en los länderer de Hesse y Baviera. Lo curioso es que, cuando se firmó ese acuerdo, los Verdes explicaron que se lo habían impuesto como condición sus socios de coalición, pero que ellos estaban en contra.

Terry Reintke, líder de Los Verdes en el Parlamento Europeo, defiende que la postura de su grupo en este campo no ha cambiado y pasa por “combinar la responsabilidad humanitaria y los procedimientos ordenados que respeten el derecho internacional”. “Las personas que no reúnan los requisitos de asilo deben abandonar el país rápidamente”, explica.

La petición de la dirigente verde demuestra, además, un celo excesivo en la política antinmigrantes, ya que, durante los primeros seis meses del año pasado, se deportó un 27% más de personas en comparación con el mismo período del año anterior, según la respuesta del gobierno a una pregunta parlamentaria del partido La Izquierda (Die Linke). Los solicitantes de asilo rechazados por el sistema no tienen acceso a programas de integración, no pueden trabajar ni formarse, con lo que permanecen en ocasiones incluso años en estado vegetativo en albergues de asilo.

Es evidente que no podemos caracterizar a todas las fuerzas que en Europa se reclaman de la “ecología política” de la misma manera que a los verdes alemanes`, incluso cuando se solidarizan y se identifican con ellos. De hecho, algunas de estas fuerzas participan en el movimiento de apoyo al pueblo palestino o por el fin de la guerra en Ucrania. Sin embargo, el abandono del eje de “clase contra clase” que pone en el centro el combate contra el sistema de explotación capitalista desarma a estas organizaciones ante las respuestas a dar ante la guerra y la destrucción que significan el mantenimiento de este sistema

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