Sobre la cuestión de los refugiados y “migrantes” en Europa

Declaración del Secretariado Internacional de la IV Internacional – 6 de septiembre de 2018

Es imposible no reaccionar ante las imágenes de esos ”parias de la tierra” amontonados en las cubiertas de los barcos que acababan de rescatarlos y, a la vez, no sentir la mayor cólera ante la vergonzosa manipulación política orquestada por todos los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea.

No pasa día sin que estos cientos de miles de hombres, mujeres y niños, expulsados de sus tierras por la guerra y el saqueo de los recursos naturales de su país por las potencias imperialistas, entregados a guerras supuestamente étnicas y manejados por mafias de traficantes, no sean presentados de manera insidiosa por los medios oficiales como factor potencial de desestabilización de todo el continente europeo, sembrando así el veneno del racismo y de la xenofobia.

Son los jefes de Estado y de gobierno quienes, a imagen del gobierno francés, han lanzado sus ejércitos al África y Medio Oriente, provocando desplazamientos forzosos de poblaciones. Unos jefes de Estado que, paralelamente, se han apresurado a destruir la legislación laboral en sus países para preparar en ellos “la acogida” humanitaria de una mano de obra esclava… y que se atreven a acusar a los pueblos de Europa de racismo y xenofobia.

Son los mismísimos jefes de Estado y de gobierno que, en nombre de esta “acogida humanitaria”, conminan a los países de África del Norte a organizar “plataformas de desembarco” que no pueden ser sino “campos de agrupamiento”.

En nombre de la ampliación de la Unión Europea y de sus “valores humanistas”, se abalanzaron en los años 1990 como aves de presa sobre la industria y las infraestructuras de Polonia, Hungría, República Checa… para privatizarlas y desmantelarlas.

Han echado a cientos de millones de obreros cualificados al paro, han obligado a la juventud de estos países a emigrar. Han pisoteado la aspiración legítima de los trabajadores de sus países a ganarse unos derechos y los estándares de vida de sus hermanos del Oeste tras la caída del Muro de Berlín.

Y estos señoritingos se atreven a acusar a los trabajadores y pueblos de Europa del Este de racismo y xenofobia.

Para garantizar al capital financiero el pago de la deuda de los Estados, han aplicado a Grecia un programa de austeridad que no tiene parangón en tiempos de paz. Han sometido a Portugal y España a verdaderos “planes de ajuste”. Hoy, amenazan directamente a Italia. Y ellos tildan a los pueblos griego, italiano… de xenofobia.

¡Son ellos y únicamente ellos los responsables de que accedieran al poder los Orbán, Salvini y compañía!

Hacen como que la crisis que atraviesa a Europa tuviera por causa la llegada de algunos cientos de miles de refugiados. Con un solo propósito: hacer desaparecer las verdaderas causas de la dislocación del continente europeo.

Han transcurrido diez años desde que estalló la crisis financiera de 2008, y Trichet, el expresidente del BCE, está alarmadísimo. Acaba de declarar que la situación actual es más peligrosa que la de hace diez años.

Todos captan las señales de que en todo el continente todos los pueblos rechazan cada vez más la política dictada por el capital financiero. Temen por encima de todo un levantamiento de estos pueblos contra la política asesina dictada por el capital financiero y ejecutada por los diferentes gobiernos que presumen de estar “obligados” a poner en marcha estos planes por causa de las instituciones de la Unión Europea.

Buscan dislocar preventivamente este levantamiento. Buscan dislocarlo antes de que haya podido cobrar forma. Ésta es la causa de la vergonzosa puesta en escena que presenciamos sobre el tema “¡Todos contra el populismo!”, y que debe servir de eje a la campaña de las elecciones europeas.

Dicen que hay por un lado los partidarios de un mundo “abierto” que se afanan en salvar las instituciones de la Unión Europea, instrumento del capital financiero, cerrando filas con Macron-Merkel, y por el otro el mundo del “repliegue nacionalista y xenófobo”.

Esta falsa alternativa tiene como objetivo desviar la clase obrera y los pueblos de Europa de la lucha por echar atrás y derrotar la ofensiva en curso, arremetiendo contra los cimientos del sistema de explotación capitalista y deteniendo la política de intervención militar de las grandes potencias imperialistas.

No hay salida ni en el acompañamiento “humanista” de la política de desplazamiento de poblaciones por el imperialismo ni en el callejón sin salida del repliegue en las fronteras de cada uno.

La industria y la agricultura de las naciones europeas están amenazadas en su existencia por el desguace del que son objeto por parte de los monopolios que dominan el mercado mundial. La industria y la agricultura europeas no tienen tamaño suficiente para enfrentarse con estos monopolios imperialistas.

Las fuerzas productivas se asfixian en el marco estrecho de los Estados nacionales. No puede haber vuelta atrás.

La aspiración de los pueblos a recuperar su soberanía solo podrá realizarse en el combate de la clase obrera para arrancar, a escala de toda Europa, el poder de las manos del capital financiero con el fin de reorganizar a escala de todo el continente los transportes, la energía, la industria y las infraestructuras poniéndolas al servicio de todos los pueblos y todos los proletarios sea cual sea su origen.

Tal vez nunca tuvieron tan candente actualidad los términos que usó Trotski:

“Para salvar la sociedad, escribía, no es necesario parar el desarrollo de la técnica, ni cerrar las fábricas ni conceder primas a los agricultores para sabotear la agricultura, ni convertir la tercera parte de los trabajadores en mendigos, ni echar mano de unos locos como dictadores. Todas estas medidas, opuestas a los intereses de la sociedad, son inútiles. Lo indispensable y urgente es separar los medios de producción de sus propietarios parasitarios actuales y organizar la sociedad con un plan racional. Con ello sería al fin posible curar realmente a la sociedad de sus males. Los que saben trabajar encontrarían trabajo. La duración de la jornada laboral disminuiría gradualmente. Las necesidades de todos los miembros de la sociedad encontrarían cada vez más posibilidades de satisfacción.”

No hay verdadero combate para socorrer a los “refugiados” –nuestros hermanos de clase– que pueda separarse del combate político de la clase obrera por derribar el orden establecido, crear empleos, construir millones de viviendas, re construir las infraestructuras deficientes de los servicios públicos abandonados por el capital.

Únicamente la lucha de la clase obrera y de los pueblos de Europa por construir sobre las ruinas del Estado burgués en crisis los Estados Unidos Socialistas de Europa será capaz de abrir una salida a la crisis en la que se hunde el continente.

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