Sobre las elecciones de Bolivia

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Carta Semanal 807 en catalán

Publicamos este documento elaborado por camaradas latinoamericanos en que se establece un análisis claro de cómo se enmarca la situación de Bolivia en el contexto continental en vísperas de las elecciones en los EEUU.


La resistencia de las masas al golpe vuelve a llevar el MAS al poder

Hace un año, después de acciones violentas de la derecha y motines de policías contra un pretendido “fraude” en las elecciones que daban la victoria a Evo Morales para un cuarto mandato en Bolivia, el alto mando de las FFAA “sugirió” la renuncia del presidente y de su vicepresidente, Álvaro Garcia Linera, para evitar un “baño de sangre”.

Vale recordar que también la dirección de la COB (Central Obrera Boliviana) pidió al “compañero Evo” que renunciara para evitar la “guerra civil”. La OEA, una agencia del imperialismo de EEUU, llamada a supervisar las elecciones por Evo, tuvo un papel decisivo al publicar un relato indicando “irregularidades” en las mismas. Evo Morales y García Linera renunciaron y salieron de Bolivia rumbo a México, mientras en El Alto y otras regiones del país, las movilizaciones de indígenas y trabajadores se enfrentaban con una brutal represión con decenas de muertes, coreando “Evo, no estás solo”.

Desde el exilio mexicano y después desde Buenos Aires, Evo y Linera siguieron dirigiendo el MAS, denunciando el rol de la OEA en el golpe. La senadora derechista Jeanine Añez asumió la presidencia interina, violando la Constitución (emanada del primer mandato presidencial de Evo) y con la omisión de diputados y senadores del MAS, que tenía mayoría en las dos cámaras del parlamento.

Evo y Linera siempre orientaron el MAS y su base popular a “tener paciencia” y esperar nuevas elecciones, aceptando la prohibición de los golpistas de que ellos fuesen candidatos. Cambiando inclusive el  primer candidato anunciado por el MAS –un joven cocalero de Chapare (bastión de Evo)– por Luis Arce, su “moderado” ministro de Economía, teniendo como vicepresidente a David Choquehuanca (excanciller de Evo, que fue el único presidente “progresista” que acudió a la toma de posesión de Bolsonaro en Brasil).

El hecho indiscutible es que las masas populares y la clase obrera –a pesar de su posición inicial, la COB  participa en la resistencia al golpe– derrotaron en las urnas, en primera vuelta (55% de los votos para Arce) a Carlos Mesa  (29%, centroderecha), Luis Fernando Camacho (el “Bolsonaro boliviano”, 14% votos), con la retirada de otros dos candidatos que apoyaron el golpe, Dorian Medina y Tuto Quiroga, contra Evo y el MAS.

La victoria electoral de Luis Arce es debida no a la “táctica genial” de Evo –como dicen los miembros del Foro de São Paulo, al cual pertenece el MAS– ni tampoco a las teorías de “capitalismo andino” y “plurinacionalidad” de Linera. Fue la resistencia de las masas populares y trabajadoras de Bolivia, resistencia abandonada por sus líderes principales en el momento del golpe, pero que se mantuvo,  incluso durante la pandemia. Se debe a los indígenas, mineros, fabriles, maestros que no aceptaron el golpe promovido por  una oligarquía racista –menos del 20% de la población boliviana es “blanca”, privilegiada con la propiedad de las minas y el agronegocio, apoyada por los milicos y el imperialismo de EEUU.

La victoria en la primera vuelta de Arce se explica también por la división de las candidaturas de derechas –cada una representaba intereses oligárquicos regionales, solo unidas en la sumisión al imperialismo– y por la crisis del sistema y del gobierno Trump en EEUU, acelerada por la explosión social en medio de la pandemia (“Black lives matter”) y en vísperas de las elecciones del 3 de noviembre.

Un detalle, que puede tener consecuencias, si recordamos la inminencia de secesión que hubo en el primer gobierno Evo (2006-09): Carlos Mesa ganó en dos departamentos de los 9 de Bolivia, Tarija y Beni, mientras que Camacho ganó en Santa Cruz, importante por el agronegocio e históricamente separatista (cambas X collas[1]) respecto del altiplano occidental. Santa Cruz tiene hoy un estatuto de autonomía –negociado con el MAS en la Asamblea Constituyente (2009)– muy amplio.

 ¿Y ahora?

Todos los gobiernos de América del Sur, inclusive el de Bolsonaro, reconocieron el resultado electoral de Bolivia. El Departamento de Estado de EEUU –que enseña sus dientes contra Maduro en Venezuela– reconoció el resultado y Mike Pompeo declaró que su país está dispuesto a colaborar con el nuevo gobierno presidido por Luis Arce.

Desde el punto de vista regional, la recuperación del gobierno de Bolivia por el MAS viene a sumarse a la victoria del Frente Amplio en Montevideo y a la posterior contundente victoria del “apruebo” (77%) en el plebiscito sobre la Constituyente en Chile, dando aliento a la resistencia del pueblo de Venezuela al criminal bloqueo impuesto por EEUU, a la lucha para poner fin al gobierno Bolsonaro en Brasil y a todas las luchas antiimperialistas en Latinoamérica (como las de Colombia y Costa Rica).

Queda una pregunta que sólo el desarrollo de la situación podrá contestar: ¿qué hará el MAS con el poder reconquistado gracias a la resistencia de las masas bolivianas? Serán castigados los golpistas por sus crímenes? Las FFAA verán sus altos mandos limpiados y serán reestructuradas al servicio del pueblo? Las ilusiones difundidas por el MAS sobre un “capitalismo andino” ¿serán sustituidas por una política que atienda las demandas históricas del pueblo boliviano?

Las primeras declaraciones y entrevistas de Luis Arce no van en el sentido de responder positivamente a esas cuestiones. Arce, que fue elogiado por el FMI por el crecimiento económico de Bolivia siendo ministro de Evo, declaró que pretende la “estabilidad económica”. En el actual escenario de crisis mundial del capitalismo acelerada por la pandemia, suena muy difícil repetir el “boom” de las materias primas y productos no elaborados que benefició a las exportaciones de varios países de la región y en particular a Bolivia. Hoy el país enfrenta una crisis profunda con una contracción del PIB que puede alcanzar el 11,11% este año. Arce parece esperar que el litio (mineral raro) releve a los hidrocarburos –nacionalizados por Evo y cuya renta fue utilizada para mejorar las condiciones de vida del pueblo– pero la incertidumbre en el mercado mundial en crisis – que no se resolverá, sino que se profundizará, gane quién gane las elecciones en EEUU– no apunta en este sentido.

En el plano político, Arce descartó la posibilidad de que Evo participe en su gobierno, dice querer gobernar para “todos los bolivianos”, presentándose como “modernizador” del propio MAS, hablando de atraer profesionales, jóvenes y “sectores sociales que no fueron tomados en cuenta” (el “MAS 2.0”, dijo). Hay que agregar que el MAS tiene disputas internas relacionadas con los papeles de unos y otros durante y después del golpe, como demuestra el pronunciamiento tras las elecciones –que dieron también  mayoría de más del 50% al MAS en el parlamento– de la confederación de campesinas Bartolina Sisa: “El MAS no es de Evo Morales, pero sí de los movimientos sociales”.

La fuerza de las masas, que ha devuelto el MAS al poder en Bolivia, tendrá la última palabra.

¡Viva la lucha de la clase obrera y del pueblo boliviano!

28 de octubre de 2020

Julio Turra

[1] Cambas: habitantes del Altiplano. Collas: habitantes de las zonas orientales, más cálidas (nota de la Redacción)

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