Archivo por meses: marzo 2026

Sobre las elecciones municipales en Francia

 Carta Semanal 1089 para descargar en PDF

Mientras en España se multiplican los análisis y las propuestas de “unidad de la izquierda” para las elecciones, en Francia, las elecciones municipales se han saldado con una abstención histórica y con un avance importante de la única fuerza con proyección de masas que presenta un programa de ruptura: la Francia Insumisa (LFI). Tras las elecciones, que se han visto precedidas y acompañadas de una potente campaña en los medios de comunicación contra LFI, esa campaña toma una nueva forma: los comentaristas a sueldo capital, defensores de las instituciones podridas de la V República, advierten de los peligros y las supuestas consecuencias de una alianza de las izquierdas institucionales con LFI. El líder del Partido Socialista Francés (PS), Olivier Faure, ha atribuido, también, la derrota de varios alcaldes socialistas a sus alianzas con esta formación, y ha llamado a reconstruir la unidad del bloque progresista junto a “aquellos que comprenden claramente los problemas y se niegan a seguir ciegamente el ruido y la furia” (debe referirse a aquellos que, como el PS, apoyan al gobierno del macronista Lecornu y se niegan a votar mociones de censura contra él). “Al afirmar que La France Insoumise es una máquina perdedora electoralmente –leemos en Informations Ouvrières, semanario del Partido Obrero Independiente de Francia (POI)- en realidad esperan mantener la alianza entre Macron y el Partido Socialista (PS), con el apoyo de la derecha y la Agrupación Nacional (RN). Esta es precisamente la alianza que LFI denunció sin cesar durante la campaña para las elecciones municipales”.

En esta Carta Semanal, partiendo de textos publicados en Informations Ouvrières, , compartimos algunas reflexiones sobre esas elecciones municipales.

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La población trabajadora necesita medidas reales para protegerla de las consecuencias de la guerra

Carta Semanal 1088 en catalán

Carta Semanal 1088 para descargar en PDF

La clase trabajadora empieza a sufrir en su vida cotidiana las consecuencias de la guerra desencadenada por los EEUU e Israel contra Irán: los combustibles han subido hasta un 20% en pocos días, y se prevén más subidas, y se anuncian incrementos de los precios de los alimentos y la energía. Todos ellos componentes que suponen buena parte de los gastos de las familias trabajadoras, especialmente las que sobreviven con salarios más bajos, y que ya llegan con enormes dificultades a fin de mes.

La inflación, además, puede desencadenar nuevas subidas de los tipos de interés y, con ellos, de los intereses de las hipotecas, lo que puede abrir paso a una nueva oleada de desahucios.

 Subidas debidas a la especulación

La clase trabajadora, expulsada de los centros de las ciudades –e, incluso, de las propias ciudades- por la especulación inmobiliaria y los pisos turísticos, depende en buena medida de sus vehículos particulares para ir a trabajar (ante la ausencia de una red eficiente y rápida de transporte público o por el deterioro y mal funcionamiento de la misma). La subida de los carburantes le supone una dificultad añadida para llegar a fin de mes. Una subida que se produce por el traslado inmediato al consumidor de la subida del petróleo, aunque el combustible que se vende ahora se compró hace meses a precios mucho más baratos. Pero las compañías distribuidoras de combustible aprovechan la ocasión para especular con los precios. Tiene razón Podemos al plantear, entre las medidas para hacer frente a la subida de precios, la nacionalización de Repsol.

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La población trabajadora necesita medidas reales para protegerla de las consecuencias de la guerra

Carta Semanal 1087 en catalán

Carta Semanal 1087 para descargar en PDF

La clase trabajadora empieza a sufrir en su vida cotidiana las consecuencias de la guerra desencadenada por los EEUU e Israel contra Irán: los combustibles han subido hasta un 20% en pocos días, y se prevén más subidas, y se anuncian incrementos de los precios de los alimentos y la energía. Todos ellos componentes que suponen buena parte de los gastos de las familias trabajadoras, especialmente las que sobreviven con salarios más bajos, y que ya llegan con enormes dificultades a fin de mes.

La inflación, además, puede desencadenar nuevas subidas de los tipos de interés y, con ellos, de los intereses de las hipotecas, lo que puede abrir paso a una nueva oleada de desahucios.

Subidas debidas a la especulación

La clase trabajadora, expulsada de los centros de las ciudades –e, incluso, de las propias ciudades- por la especulación inmobiliaria y los pisos turísticos, depende en buena medida de sus vehículos particulares para ir a trabajar (ante la ausencia de una red eficiente y rápida de transporte público o por el deterioro y mal funcionamiento de la misma). La subida de los carburantes le supone una dificultad añadida para llegar a fin de mes. Una subida que se produce por el traslado inmediato al consumidor de la subida del petróleo, aunque el combustible que se vende ahora se compró hace meses a precios mucho más baratos. Pero las compañías distribuidoras de combustible aprovechan la ocasión para especular con los precios. Tiene razón Podemos al plantear, entre las medidas para hacer frente a la subida de precios, la nacionalización de Repsol.

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Bombardeo de Irán y Líbano. La Guerra: Una Necesidad para el Imperialismo

Carta Semanal 1086 en catalán

Carta Semanal 1086 para descargar en PDF

Reproducimos en esta Carta Semanal un artículo aparecido en Informations Ouvrières, semanario del Partido Obrero Independiente de Francia.

Una vez más, las imágenes de bombardeos, destrucción, de hospitales y escuelas impactadas, muertos y heridos. Después de Gaza, es el turno de Irán y Líbano de sufrir un diluvio de fuego y hierro por parte del imperialismo.

El 2 de marzo, Trump y su secretario de Estado, Rubio, hicieron numerosas declaraciones intentando justificar los bombardeos de Irán. Según la prensa estadounidense y europea, las explicaciones fueron vagas y confusas. Rubio insistió en que la guerra no duraría mucho (aunque Trump había declarado que duraría de cuatro a cinco semanas), respondiendo así a la creciente preocupación del público estadounidense, que en gran medida discrepaba con la guerra en Irán.

Confusas o no, las explicaciones de Trump se reducen a una sola cuestión: la del orden mundial.

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