La IV Internacional ante la evolución de Azania/Sudáfrica

(publicado en la Carta Semanal 450)

BanderaIVEl fallecimiento, el 5 de diciembre, de Nelson Mandela, dirigente histórico del Congreso Nacional Africano de Sudáfrica provoca una oleada de comentarios y homenajes de todo tipo.

Recomendamos la lectura de la Carta n.º 22 de la Cuarta Internacional, que recoge dos días de discusiones del Secretariado Internacional con los responsables de la sección en ese país. Un país profundamente trastornado desde la huelga masiva de los mineros de Marikana, y luego de otras cuencas mineras en el transcurso del verano de 2012. Hay que situar el significado de esta irrupción de la clase obrera negra.

Cuando el levantamiento revolucionario de las masas negras puso fin al régimen del apartheid en 1991, el imperialismo se empeñó en preservar lo que para él era esencial. Había que salvar ya no la forma del régimen del apartheid, que, habida cuenta de la sublevación de las masas negras, no podía perdurar de este modo, sino la propiedad privada de los medios de producción. Es decir, el derecho inalienable de las multinacionales, de los capitalistas del mundo entero, de seguir explotando las inmensas riquezas naturales de Sudáfrica y sobreexplotar la fuerza de trabajo de la clase obrera.

La Carta parte, pues, de evocar los acuerdos de Kempton Park que dieron lugar a la peculiar “transición” sudafricana, un  poco como los Pactos de la Moncloa en nuestro país. Desde luego, la conformación de las clases y de sus relaciones dista mucho de Sudáfrica a España y por tanto se trata de “transiciones” muy distintas, con el elemento común de un plan del imperialismo para mantener su dominación al caducar el régimen tiránico que la había garantizado.

Hace unos 20 años, en Kempton Park, el ANC (Congreso Nacional Africano), la organización de Nelson Mandela, el Partido Comunista de Sudáfrica y la central sindical Cosatu, fundada en 1985, firmaron con los herederos del régimen del apartheid unos acuerdos basados en la garantía de la libertad de la minoría blanca de Sudáfrica de seguir gozando de todos los privilegios económicos, a cambio del reconocimiento de la igualdad política (formal) de los negros.

Hoy es frecuente oír que los trabajadores, los jóvenes digan: nuestras condiciones de existencia son hoy más difíciles, más miserables aún que en tiempos del apartheid. Oficialmente, el 70% de la juventud negra está condenada al paro y a la degradación. Para el 80% de la población negra de este país, en estos veinte años la situación social se ha degradado de modo dramático…

Cuando los mineros de Marikana, en 2012, rompieron la disciplina de la dirección del sindicato minero de Cosatu para reclamar condiciones salariales y laborales dignas, abrieron una nueva etapa en la lucha de clases, reivindicando los derechos del pueblo negro, que el régimen de Kempton Park no permitía defender. En esa misma lucha, los compañeros de la IV Internacional y el Partido Socialista de Azania en el que militan establecieron una colaboración con sectores del ANC que no compartían la deriva del gobierno del mismo partido, al que está vinculada la dirección de la central Cosatu.

Para la IV Internacional, que mantiene el objetivo de la República Negra –liberada de la sumisión al imperialismo– se abría así una nueva etapa de lucha por el frente único obrero, de recuperación de las organizaciones levantadas por los trabajadores y construcción de una dirección independiente del imperialismo y de la herencia del apartheid.

Ni que decir tiene que Obama, los dirigentes de la Internacional Socialista y Raúl Castro acuden a las exequias de Mandela para preservar lo contrario, el régimen existente. Pero las organizaciones obreras han de tomar posición por sus hermanos de clase.

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