La Verdad 118 está a la venta

Carta Semanal 1096 para descargar en PDF

La edición en español de La Verdad nº 118 se encuentra a la venta. En portada el epígrafe «luchar contra la guerra es luchar contra el capital», resume su contenido.

En el sumario, tras las notas editoriales, la sección Tribuna Libre recoge una entrevista exclusiva a John Rees, uno de los impulsores de Stop the War; en la sección Política, tres artículos: la guerra en Ucrania, Alemania y la guerra permanente; en Actualidad Política, el artículo La guerra permanente: necesidad y negocio del imperialismo, la situación en los EE. UU. y las agresiones del imperialismo norteamericano en América Latina, Europa y África. En la sección Argumentos, la resistencia palestina como elemento central de la crisis imperialista; Por último, la sección Historia, versa sobre la respuesta popular en España al golpe de Estado fascista de julio de 1936.

Sirvan como introducción a la lectura de este número de La Verdad, las notas que siguen.

Notas sobre la situación mundial

La crisis de descomposición del orden imperialista mundial ha marcado un punto de inflexión con la multiplicación de las guerras, con el secuestro de Nicolás Maduro, violando las normas elementales de la soberanía de Venezuela. Pero Trump tiene su primer y principal enemigo en el interior de los Estados Unidos, el pueblo estadounidense, cuya resistencia provoca contradicciones en los grupos dirigentes del imperialismo y empuja a la guerra, a la barbarie, para tratar de encontrar una salida al caos.

Pese a las reticencias levantadas en los Gobiernos europeos por la brutalidad de la intervención en el estrecho de Ormuz, todos ellos se pliegan a las exigencias de Trump de disparar el gasto militar, como lo han hecho ante el genocidio del pueblo palestino.

La crisis del mercado mundial no deja más solución a la administración estadounidense que la marcha a la guerra. Trump anuncia que el presupuesto militar de los EEUU alcanzará 1,5 billones de dólares, y la guerra en Irán y el Líbano cuesta 1 000 millones de dólares diarios. La carrera de armamento juega el papel de motor de arrastre del sistema capitalista en descomposición.

En esta crisis de dislocación del mercado mundial, el imperialismo estadounidense debe atacar a China, principal competidor de los EEUU en el mercado. El déficit de la balanza comercial estadounidense con China supera los 200 000 millones de dólares. Con la guerra, el imperialismo norteamericano pretende acentuar su presión contra China, disputándole su lugar en el mercado mundial. China compra el 90 % del petróleo iraní y el 80 % del venezolano.

Los brutales recortes presupuestarios impuestos por la marcha a la guerra generan procesos de resistencia en múltiples formas. Quienes hoy se niegan a emprender la lucha contra la guerra se ven abocados a acompañar la militarización, los recortes presupuestarios y la destrucción de sectores enteros de la civilización.

No hay duda: los pueblos están dispuestos a levantarse contra la política de sus gobiernos que aplican esta política militarista de guerra social.

En los propios EEUU aparece una fuerza política de ruptura, la organización Democratic Socialists of America. Más de ocho millones de personas participaron el 28 de marzo en todas las ciudades de Estados Unidos en las manifestaciones No Kings.

Sin embargo, la disposición de las masas a combatir la guerra encuentra en todas partes un obstáculo: los dirigentes del movimiento obrero, y en particular de las centrales sindicales, se niegan a movilizarse contra las masacres del pueblo palestino, se niegan a comprometerse contra la política de su gobierno, ha obstaculizado, sin poder impedirla, la movilización de los pueblos y de las clases obreras a escala internacional.

La lucha de la IV Internacional es la lucha por ayudar a las masas a allanar el camino a la movilización de masas, la única capaz de impedir la marcha hacia la guerra y de detener la guerra.

Las centrales sindicales siguen siendo hoy una poderosa palanca de movilización. Distintas iniciativas continentales dirigidas a eliminar este obstáculo, el de las direcciones, han sido apoyadas por la IV Internacional. En Europa, el mitin internacional contra la guerra en Londres el próximo 20 de junio. Es el papel de un partido revolucionario participar y contribuir al desarrollo de estos procesos de ruptura. Es el papel de la IV Internacional ayudar a que las diversas fuerzas que se reclaman de la lucha contra el capitalismo, sin por ello compartir las mismas posiciones políticas en todas las cuestiones, se organicen y establezcan vínculos a escala internacional como apoyo a la lucha de los trabajadores y los pueblos.

El imperialismo puede ser derrotado a condición de que se produzca una amplia unión a escala internacional de todas las fuerzas de ruptura que se están levantando. Y es precisamente esta orientación la que constituye el núcleo de la política de la IV Internacional, en todos los continentes.

España: 19 de julio de 1936

El estudio de las revoluciones es un deber de todo militante revolucionario. Las falsedades vertidas sobre la guerra y la revolución española de 1936 obligan a restaurar la verdad de lo sucedido.

En el verano de 1936, la respuesta obrera y popular al golpe de Estado militar desencadenó la revolución; por iniciativa de las organizaciones obreras se crearon a escala local órganos de poder revolucionario que asumieron el control de la situación, ocuparon el poder, no respetaron la propiedad privada. En Barcelona se constituyó el Comité Central de Milicias Antifascistas, verdadero gobierno revolucionario en la sombra que coexistió con el gobierno de la Generalitat, en Valencia, el Comité Ejecutivo Popular. La revolución obrera desencadenó el pánico en las burguesías imperialistas y en la burocracia estalinista, enfeudada a la teoría del «socialismo en un solo país». Se concertaron para derrotar la revolución.

Así, el gobierno del Frente Popular francés, con el apoyo del gobierno conservador inglés, levantaron el pacto de «no intervención», que impidió a la República la compra de armas en condiciones de mercado, mientras Alemania, Italia y Portugal proporcionaban aviones, tropas y toda clase armamento moderno a los militares sublevados. Stalin, tras dejar pasar los dos primeros meses del conflicto, condicionó su ayuda a impedir el triunfo de la revolución. Se trataba de no asustar a las «democracias», que, con su política de «apaciguamiento», permitieron a Hitler armarse hasta los dientes, la anexión de Austria y la invasión de los Sudetes, Era tanto como desarmar y derrotar a los obreros y los campesinos que se habían levantado contra el fascismo.

En la sección Historia de este número de La Verdad, un artículo breve resume lo esencial del periodo transcurrido entre julio de 1936, cuando la respuesta obrera al golpe militar fascista se convierte en revolución social, y mayo de 1937, cuando la política contrarrevolucionaria de Stalin, en alianza con las «democracias» francesa y británica, los gobiernos de la Generalitat y de la República burguesa, con la colaboración de los dirigentes del Frente Popular, CNT y FAI incluidas, provocaron la derrota de la revolución obrera.

Citamos del artículo: “La consigna «Primero la guerra y después la revolución» defendida por el estalinismo en España, con el apoyo de los socialistas de derecha y el anarquismo gubernamental, además de todas las facciones del republicanismo burgués, sirvió para desviar la atención y cubrir sobre todo el papel de Stalin. El punto culminante de la ofensiva contra la revolución encabezada por la coalición republicano-estalinista se dio en mayo de 1937”.

La guerra permanente

El secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores y el asesinato de Ali Jamenei se enmarcan en el contexto de guerra permanente. Guerra que enlaza la guerra contra el enemigo interno y contra el enemigo externo; en primer lugar, contra la propia clase trabajadora interna a la que Trump intenta someter con los medios más brutales (el ICE). En todo el mundo quien paga la guerra son los trabajadores, con sus vidas y con escasez de medios de subsistencia.

El tremendo incremento del gasto militar impuesto por la OTAN y el imperialismo dominante, el estadounidense, conduce a enormes sufrimientos a la clase trabajadora. Dos meses después de la Cumbre de la OTAN en La Haya, el canciller alemán Merz declaraba su significado: «El estado del bienestar tal como lo tenemos hoy ya no es financiable con lo que podemos ofrecer como economía nacional». El militarismo conduce a la barbarie, a la destrucción de fuerzas productivas.

Se trata de la lógica de la acumulación de capitales en el estadio imperialista del capitalismo, época de guerras y revoluciones, según Lenin. «En 2024, de las 100 mayores empresas armamentistas por facturación, que totalizan 679 000 millones de dólares, las estadounidenses facturan 334 000 millones, es decir, casi la mitad, el 49%. Y 5 de las 6 primeras son estadounidenses». Se trata de un campo privilegiado de acumulación de capital para las multinacionales del armamento, que conduce a implantar una economía de guerra que destruye conquistas y derechos, y las fuerzas productivas que podrían ser utilizadas para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.

En todo el mundo, incluidos los EE. UU., la resistencia crece, millones se manifiestan contra la guerra, contra el genocidio en Palestina, contra la reintroducción del servicio militar obligatorio, contra el racismo institucionalizado en el ICE. Señalamos aquí en un paréntesis la poderosa huelga indefinida de la enseñanza en el País Valenciano, que está haciendo retroceder al gobierno de la Generalitat y llena de preocupación al gobierno central; la exigencia de los miles de millones recortados en la enseñanza pública estos años se opone al escandaloso aumento del gasto militar y a la política de guerra. Sin pretender hacer comparaciones simplistas, con la orientación de las conferencias internacionales de Zimmerwald y Kienthal, preparamos la conferencia y el mitin contra la guerra que se celebrarán el Londres los días 19 y 20 de junio.

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