Ante las elecciones europeas

(publicado en Carta Semanal 457)

Carta-457Una extraña fiebre parece haberse apoderado de las formaciones de la llamada izquierda ante la próxima celebración de elecciones europeas. Todos se apresuran a lanzarse a la campaña.

Como hemos señalado en otras ediciones de esta Carta Semanal, los partidos socialistas han promovido la candidatura del actual presidente del europarlamento, el alemán Martin Schulz, en tanto que los agrupados en el Partido de la Izquierda Europea (que incluye a Izquierda Unida), lo han hecho con la del líder de Syriza, Alexis Tsipras.

En la misma línea, la dirección de la Confederación Europea de Sindicatos, que aprobó en diciembre de 2012 “la celebración de una campaña permanente de movilización y sensibilización social hasta las elecciones al Parlamento Europeo de 2014” con el objetivo de “divulgar los contenidos de su propuesta de Nuevo Contrato Social Europeo”, difundía un año después un manifiesto en el que decía que “existe una visión social de la Unión Europea: la Confederación Europea de Sindicatos (CES), la voz de los trabajadores europeos, llama a los trabajadores a participar masivamente en estas elecciones”. Por ello, la CES continúa: “para cambiar de rumbo, debemos elegir parlamentarios dispuestos a defender los intereses de las ciudadanas y ciudadanos europeos, parlamentarios que impongan un cambio de política y que construyan otro proyecto europeo basado en el progreso social”.

A esa fiebre electoral se ha sumado recientemente la propuesta de una nueva candidatura, encabezada, al parecer, por el tertuliano Pablo Iglesias, con el nombre de “Podemos”. Y cabe preguntarse ¿tanto ruido traerá algunas nueces?

Un parlamento fantasma

Cuando diseñaron las instituciones de la Unión Europea en el Tratado de Maastricht, los jefes de los correspondientes gobiernos –la inmensa mayoría de ellos “de izquierdas”, 13 de un total de 15, lo que desmiente a quienes nos hablan de un proyecto desvirtuado por una supuesta “deriva neoliberal”– cayeron en la cuenta de que el enorme poder de instituciones como la Comisión Europea y el Banco Central, que no son elegidas por los ciudadanos, no responden ni rinden cuantas ante nadie e imponen su voluntad por encima de gobiernos y parlamentos nacionales, necesitaban una cobertura aparentemente democrática, una institución elegida por los ciudadanos y ciudadanas, y crearon para ello una cosa que llamaron Parlamento y que simula serlo.

Lo llamaron, pero no lo es. El “Europarlamento” no tiene ninguno de los poderes de un parlamento real, ni capacidad de iniciativa legislativa (que es de la Comisión Europea), ni capacidad de modificar sustancialmente los proyectos legislativos, y en cualquier caso su voto por una norma no vale nada si no la aprueba también el Consejo Europeo (los jefes de gobierno). Por otro lado, no puede nombrar o controlar a la Comisión, “gobierno” de la UE, ni por supuesto controlar la política económica y monetaria (que es competencia exclusiva del Banco Central).

No es que nosotros llamemos a una reforma que establezca un “parlamento democrático de verdad”. Tal cosa no cabe dentro de la UE. La democracia sólo puede partir de la destrucción de esas instituciones del capital financiero contra los pueblos de Europa, de la Unión Libre de Pueblos y Naciones soberanos y la expropiación de los grandes medios de producción y cambio, en el camino de unos Estados Unidos Socialistas de Europa.

Una larga trayectoria demuestra el papel fantoche, de “taparrabos pseudodemocrático” de la UE, que tiene ese “parlamento”. Recientemente, esa “eurocámara” ha aprobado “abrir una investigación” sobre el papel de la troika, ese agrupamiento que, vulnerando las normas escritas de la UE, pero no su espíritu real, da poder al FMI –es decir, directamente al imperialismo norteamericano– de decidir, junto con la Comisión Europea y el Banco Central qué políticas imponer a los gobiernos elegidos por los ciudadanos en los países sometidos a “rescate”. ¿Cuál será el resultado práctico de esa investigación? Todos los analistas coinciden: ninguno. La troika seguirá delante arruinando a Grecia, Portugal, Irlanda, Chipre  y España, diga lo que diga el “Europarlamento”. Pero el objetivo no es parar a la troika: es que un mes antes de las elecciones europeas haya titulares de prensa: “el Parlamento Europeo censura a la Troika”.

El 10 de diciembre pasado, el Pleno de ese “parlamento” rechazaba una propuesta de la parlamentaria socialista portuguesa Edite Estrela, que pretendía que se garantizara el derecho al aborto en toda Europa. Contra ese texto se impuso una resolución que dice: “El PE observa que la formulación y aplicación de políticas en materia de salud sexual y reproductiva y derechos afines, así como en materia de educación sexual en las escuelas, es competencia de los Estados miembros”. La misma  Unión Europea que impone el cierre de los astilleros o la libre deslocalización de industrias en nombre del principio fundamental de la UE, la “libre competencia no falseada”, deja claro que no está entre sus funciones defender los derechos de las mujeres. Defender a un puñado de especuladores, sí, defender a la mitad de la población de Europa, no. Esa es la naturaleza de la Unión Europea, y eso no es reformable: hay que acabar con ella

Pero a pesar de ello, todos los partidarios de la Unión Europea, ya se llamen “socialistas”, “de “izquierda” o incluso “anticapitalistas”, nos llaman a participar en esas elecciones europeas a un parlamento sin ningún poder de decisión.

El caso de PODEMOS

A pesar de esa naturaleza del europarlamento, no cesan de aparecer nuevos intentos de enganchar a los trabajadores y a la juventud, que cada día rechazan más a la Unión Europea y sus políticas de recorte, a la bandera de la “reforma de la UE”. El último caso es de la candidatura PODEMOS, una verdadera operación publicitaria para llevar a participar en las elecciones a quienes rechazan las políticas de la Unión. Y a diluir el carácter de clase de la movilización contra esas políticas.

La iniciativa pedía 50.000 firmas en Internet de apoyo a un texto que dice: “Nuestra exigencia y aspiración es que la política defienda los intereses de los de abajo, la casta nos conduce al abismo por su propio beneficio egoísta. Sólo de nosotras y nosotros, la ciudadanía, puede venir la solución. Desde la participación activa y democrática que nos permita recuperar la política para satisfacer las necesidades de las personas. Por ello, desde Podemos, queremos fomentar la implicación ciudadana desde la base, porque Podemos es un proceso, una herramienta que se construye cada día”. Un lenguaje “moderno” que niega la lucha de clases, donde “los de abajo”, “las necesidades de las personas”, sustituyen a los trabajadores, las reivindicaciones obreras. Y “la casta” no se sabe si se refiere a los capitalistas, los especuladores o la “casta política”. El lenguaje sí importa. Expresa la orientación política.

En su manifiesto titulado “Mover ficha. Convertir la indignación en cambio político”, nos hablan de construir Una candidatura que sea el resultado de un proceso participativo abierto a la ciudadanía” (aunque ya se ha anunciado el candidato que encabezará la lista, Pablo Iglesias Turrión. ¿Sobre qué bases?

Para empezar, una vez más, sobre la idea de una “reforma democrática de la Unión Europea”. El manifiesto afirma: “Las elecciones al Parlamento Europeo se van a celebrar en un momento de profunda crisis de legitimidad de la Unión Europea”, ante lo cual, PODEMOS llama a participar en las elecciones a través de su candidatura: “Queremos otra Europa, justa, la de los derechos y la democracia, no la de la rapiña y el desprecio a los pueblos”, pero ¿aceptando las normas de los Tratados europeos o rompiendo con ellas y, por tanto, con la UE? El manifiesto, que llama explícitamente a salir de la OTAN, no dice, por supuesto, nada de salir de la U.E. o romper con ella. Por el contrario, se trata de “hacer llegar a las instituciones la voz y las demandas de esa mayoría social que ya no se reconoce en esta UE ni en un régimen corrupto”.

“Necesitamos una candidatura unitaria y de ruptura, que suponga una amenaza real para el régimen bipartidista del PP y del PSOE”. ¿De ruptura con qué? Porque el régimen corrupto no es el “bipartidismo”, sino la Monarquía presidida por el heredero de Franco. ¿Quieren romper con ella? No parece. La única mención a modificar la constitución de 1978 es cuando dicen que “hay que derogar el artículo 135 de la Constitución”. Y la única referencia a la república que hace es cuando habla de un regreso de los valores republicanos de la virtud pública y la justicia social”. Valores supuestamente “republicanos” que más parecen sacados de una encíclica del Papa de Roma

La clase trabajadora, única fuerza social que puede sacar a Europa y a la Humanidad del abismo al que la arrastra el régimen capitalista, necesita construir una alternativa política que exprese con claridad sus necesidades e intereses. ¿Hace esto PODEMOS? Sigamos viendo. Nos habla de “una candidatura que, frente a unos gobiernos al servicio de la minoría del 1%” de la “minoría egoísta que nos ha traído hasta aquí”. ¿Quién es esa minoría? El manifiesto evita cuidadosamente definirla. Frente a esa minoría, PODEMOS nos invita a atender a las necesidades “de la gente”. Se trata de una decisión política: evitar hablar de capitalistas y de clase trabajadora.

En cuanto a sus propuestas concretas, junto con algunas –pocas– claras: nacionalización de la banca y las empresas energéticas, derecho al aborto, se encuentran las mismas generalidades fraudulentas tantas veces repetidas: “una moratoria para llevar a cabo una auditoría ciudadana de la deuda que determine qué partes de la misma no son legítimas; las deudas ilegítimas no se pagan”. ¡Cuando las multinacionales, la Iglesia y los capitalistas no pagan impuestos para sufragar los gastos del Estado no hay ninguna deuda legítima!

Resulta llamativo el trato que da a la cuestión catalana: apoya la consulta para que los catalanes puedan decir lo que desean, pero el derecho a decidir parece ser una facultad solidaria del conjunto de los pueblos. ¿Cómo dicen Rajoy y Barroso?

El manifiesto ignora otra cuestión candente: nos quedamos sin saber si apoya la cruzada del ABC, Rajoy, la juez Alaya y la Junta de Andalucía contra los sindicatos o defiende la libertad sindical.

Y rechaza los recortes y las privatizaciones, pero debe ser un rechazo moral, pues no propugna su anulación.

Sigue: “Una candidatura que apueste por un cambio de modelo productivo que esté al servicio de las personas a través de una reconversión ecológica de la economía. ¿Más reconversión, ahora con la etiqueta “ecológica”? ¡Ya sufrimos una reconversión durísima de la economía! Lo que hay que recuperar para que las “personas” puedan tener derecho al trabajo y a una vida digna es anular el pago de la deuda y lanzar un plan masivo de inversión que levante la producción industrial y los servicios públicos, respetando el medio ambiente, naturalmente.

Es un programa a la medida del objetivo de participar críticamente en las instituciones de la UE, y por tanto obstaculiza la ruptura del movimiento obrero y popular con la UE.

Debería sorprender que esta propuesta cuente con el apoyo de la “izquierda anticapitalista” que se reclama de la IV Internacional. Y sin embargo no nos sorprende. Habría que recordar a estos compañeros el programa fundacional de esa organización: El objetivo estratégico de la IV Internacional no consiste en reformar el capitalismo, sino en derribarlo. Su finalidad política es la conquista del poder por el proletariado para realizar la expropiación de la burguesía”.

Hace falta otra cosa

Ninguna candidatura al Parlamento Europeo puede cambiar a la UE o a su política. Unos pocos eurodiputados “díscolos” son, al contrario, el adorno “de izquierdas” o “radical” que necesita el falso europarlamento.

Cuando decenas de millones de trabajadores y ciudadanos se movilizan en toda Europa contra la liquidación de sus medios de vida y sus derechos buscando una salida que les permita defender lo que queda y recuperar lo perdido, hay que hablarles claro: la democracia sólo podrá imponerse en Europa a partir del combate común de las clases obreras y poblaciones oprimidas del continente contra las instituciones en que se parapeta el capital financiero, incluido el pseudoparlamento europeo.

Pero las elecciones europeas pueden ser utilizadas –tanto si se presenta candidatura como si no– para hacer campaña agrupando fuerzas para exigir e imponer a todos los partidos, candidatos y organizaciones obreras y populares la ruptura con la Unión Europea, la anulación de sus planes de ajuste y la derogación de sus tratados y directivas, por el impago de la deuda que aplasta a los pueblos. Para eso hace falta un programa claro. Y no vale el que propone PODEMOS.

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