Cuestiones después de un Congreso

(Publicado en la Carta Semanal 633)

Los días 16, 17 y 18 de junio se ha celebrado en Madrid el 39 congreso del PSOE. Desde esta Carta defendemos y expresamos cada semana una posición política diferente a las de la corriente socialdemócrata u otras corrientes que se reclaman del movimiento obrero. Consideramos que la humanidad esta abocada a la barbarie de no darse una revolución expropiadora del capital financiero, que controla los medios de producción, distribución y cambio y lleva a la humanidad a la guerra y la destrucción.

Nos situamos en la continuidad de la Revolución de Octubre de 1917 que abrió a la humanidad un camino de desarrollo. La degeneración estalinista, el bloqueo de los países capitalistas han producido la situación actual, que hace más necesario que nunca el combate por la expropiación del capital.

La corriente socialdemócrata que el PSOE representa en nuestro país ha sido y aún lo es, aunque en menor medida, una representación política de los trabajadores.

Nuestra posición ha sido siempre –huyendo de los insultos, “PP igual a PSOE” y de las denuncias– la búsqueda del Frente Único de todas las organizaciones obreras frente al capital, su régimen y sus gobiernos, en función de los intereses de los trabajadores.

Desde este punto de vista nos permitimos avanzar unas reflexiones sobre un Congreso que ha concentrado la atención de una buena parte de la vanguardia obrera de nuestro país.

El hundimiento de la vieja guardia

El equipo que dirige el PSOE desde el Congreso de Suresnes en el 74, confirmado en el 79, o sea González, Guerra, Rubalcaba, Bono y sus sucesores, como Díaz, ha sido apartado. Es el equipo que junto con el PCE de Carrillo, lidiando como podían las aspiraciones de las masas, facilitó la restauración monárquica, manteniendo instituciones vitales de la dictadura (poder judicial, poder de la Iglesia, ejército y cuerpos represivos, el entramado bancario y económico y en su cúspide la Monarquía), como el propio González reconoció en el 96, al servicio del capital financiero y reduciendo al mínimo posible las reivindicaciones de la mayoría obrera, negando al mismo tiempo los derechos de los pueblos. Estas reivindicaciones y derechos eran el patrimonio común de la oposición al franquismo, por ejemplo, entre 1974 y 1978 el PSOE defendía el derecho de autodeterminación.

Cualquier trabajador consciente, sindicalista o simplemente amante de la libertad no derramará una sola lágrima por la caída de esta “vieja guardia”. Como revolucionarios compartimos este sentimiento. No son casuales los lamentos de los portavoces del régimen monárquico ante esta caída. Pero esta vieja guardia, aunque apartada no ha desaparecido, cuenta con fuertes apoyos en el IBEX, en los medios y en el régimen, que no están dispuestos a aceptar un relevo que sea un verdadero cambio.

El camino de la socialdemocracia

En conjunto diríase que es casi inevitable el camino de los partidos socialdemócratas hacia su destrucción. Son los hechos, en Francia el candidato que defendió la herencia del gobierno Hollande (el gobierno más reaccionario desde el golpe de De Gaulle en el 58) quedó reducido a la insignificancia, y sus restos parlamentarios han quedado divididos en tres o cuatro clanes ajenos si no odiados por la mayoría obrera, que chocó directamente con el gobierno Hollande en los últimos meses a causa de la reforma laboral. Es, en distintos grados y formas el camino del PASOK, de los partidos socialistas holandés o sueco y es la suerte que parece amenazar del SPD, cuyo Congreso proclama que quiere seguir con la gran coalición, ante la desilusión de decenas de miles de sus militantes. El resurgir del Partido Laborista de Corbyn solo se explica porque apoyándose en los sindicatos ha defendido una plataforma netamente obrera y antimilitarista que pone en cuestión la herencia de Thatcher, mantenida y ampliada por Blair. La historia nos dirá sobre la capacidad de Corbyn de hacerse con el control del partido en beneficio de la mayoría obrera.

El que la socialdemocracia tienda a desaparecer obedece ante todo a que como fuerza política se ha situado desde hace decenios en la perspectiva de la “humanización del capitalismo”, no de acabar con él.

El capitalismo en crisis profunda no necesita “humanistas” sino ejecutores fieles de sus planes antiobreros, buscando “recuperar el conjunto de conquistas que la lucha de clases arrancó con su acción” (seguridad social, sanidad pública, enseñanza pública, estatutos de los trabajadores, convenios colectivos, libertades públicas. La socialdemocracia, desde el gobierno o desde la oposición, gestionó estas conquistas y ahora el capital le exige que gestione su destrucción.

La historia no esta escrita, pero para sobrevivir los partidos socialistas solo pueden situarse al lado de los trabajadores. Sin necesidad de hacernos ilusiones gratuitas compartimos la esperanza de la mayoría de los militantes y responsables socialistas que quieren que su partido vuelva a ser socialista.

Ante qué dilema se encuentra Sánchez

Por un lado, la mayoría de los militantes socialistas quieren que su partido combata contra Rajoy, de continuidad al No es No y establezca una alianza firme con los sindicatos para defender las verdaderas reivindicaciones. Sin duda éste sería el contenido práctico del No es No.

La actuación de la dirección del PSOE en las próximas semanas nos dará la clave porque ¿es posible derogar las reformas laborales, el artículo 315.3, la LOMCE, la ley mordaza, hacer frente a la amenaza de la aplicación del artículo 155 y tantas otras medidas antiobreras y antipopulares sometiéndose al actual supuesto juego parlamentario? Como demuestra la experiencia de estos últimos dos años en este marco no puede imponer ninguna medida progresiva porque el Gobierno, después de zancadillearla durante meses, cuando se aprueba recurre al Tribunal Constitucional?

En particular, y es la pregunta que se hace la mayoría de los trabajadores de este país, ¿tenemos que esperar a 2019?

Es evidente que las ataduras con el régimen monárquico operan como el principal obstáculo para un auténtico cambio.

En todo caso, lo que sí esperan la mayoría de trabajadores y de militantes socialistas es que Sánchez sea consecuente en sus afirmaciones de que acabará con la reforma laboral, etc.

Por nuestra parte, no tenemos intereses distintos a los de los trabajadores. Todo paso, aunque sea limitado, en este sentido, contará con nuestro modesto apoyo incondicional, tendiendo la mano a todos los militantes y responsables socialistas que quieren defender su partido como partido que luche por el socialismo, para que en la lucha de clases se de cumplida respuesta a las exigencias de la mayoría social.

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