El voto no de la CUP a Mas, otro hito en la crisis del régimen

(Publicado en la Carta Semanal 557)

Carta-557Después de meses de debate y de votaciones muy ajustadas, la dirección de la CUP, en una reunión en la que han participado los 57 miembros del Consejo Político más los 11 del Grupo de Acción Parlamentaria, han decidido no apoyar la investidura de Artur Más como presidente de la Generalitat. La decisión, que se ha tomado por 36 votos a favor, 30 en contra y una abstención, abocaría, en principio (a menos que Junts pel Sí proponga otro candidato que no sea Mas, tal como exige la CUP), a la repetición de las elecciones catalanas.

Sería erróneo limitar el voto ajustado de la CUP de hoy a una cuestión interna de esta organización. Para empezar, la mayoría de los votos contra la investidura representan a los sectores de la CUP más próximos a la clase trabajadora, y eso no sucede por casualidad: para cualquier trabajador normal, que ha sufrido los recortes -en cuya aplicación el gobierno de Mas se ha distinguido por encima incluso de otros gobiernos autonómicos- se hace muy difícil   creer que Mas representa la soberanía o la ruptura con el régimen. El resultado es contradictorio, un sector del aparato de estado se siente aliviado, pues hay quién opina que la elección de Mas ayudaría a Rajoy a hacer presión a la dirección del PSOE para formar un gobierno de gran coalición.

En todo caso nos parece evidente que un gobierno de Junts pel Si, con o sin Mas, sometido a las reglas de la Unión Europea, no sería ni de lejos la realización de la soberanía de Cataluña, porque bajo las reglas de la UE no cabe más soberanía que la del capital financiero. Sería más bien una especie de independencia bajo tutela en que se aplicarían todos los recortes sociales de los que pretendía huir el pueblo catalán con la movilización masiva y el voto del 27 de septiembre.

La situación abierta el 20-D

No se puede entender este voto de la CUP sin ver lo que ocurrió el 20D, cuyos resultados han supuesto un verdadero terremoto político. En Cataluña, no lo olvidemos, ganó la coalición (inspirada por Ada Colau) que ha defendido durante la campaña -y después de ella- la defensa del derecho a decidir, pero sin que este derecho se ejerza contra los demás pueblos del Estado. Este voto ha venido a demostrar que la división entre “independentistas” y “unionistas” es en cierta medida artificial, cuando se plantea una salida que de la palabra al pueblo. Y algo parecido sucede en Euskadi donde un sector creciente de la población, y, en particular, de la clase obrera, está harta del enfrentamiento españolistas/abertzales y ha dado la mayoría a la coalición encabezada por Podemos. Tanto en Cataluña como en la Comunidad Autónoma Vasca y la Navarra, el PSOE ha quedado reducido a su mínima expresión.

Pero no sólo eso. En el conjunto del Estado, han sacado más de siete millones de votos candidaturas que de uno u otro modo defienden ese derecho, así como una solución democrática al “problema catalán”. Lo que deja fuera de lugar a quienes defienden que el pueblo catalán “no tiene aliados” en el resto del Estado y por eso se va abocado a una declaración unilateral de independencia. Este resultado no es ajeno a la ola de movilizaciones de los últimos años contra los recortes de la Troika, impuestos por Rajoy y Mas, que ha recorrido todo el Estado sin distinción, demostrando que los pueblos tienen los mismos intereses y pueden resolver por sí mismo los problemas que el régimen de la transición no quiso resolver, y que el gobierno de Rajoy ha llevado al límite. Lo que es evidente es que el resultado del 20 de diciembre, y no solo en el plano electoral, significa una modificación radical de los equilibrios políticos que han permitido el mantenimiento del régimen monárquico, la sumisión al capital financiero y sus instituciones desde la muerte de Franco.

¿Qué perspectiva para el “proceso”?

El resultado del 27 de septiembre, donde los votos por la independencia unilateral de Cataluña no llegaron al 50%, más el del 20 de diciembre, y lo sucedido en las distintas asambleas de la CUP, ponen seriamente en entredicho el “proceso de desconexión”. Es decir, el proceso encabezado por personajes políticos ajenos a la soberanía del pueblo catalán y otros que pretenden entregarlo atado de pies y manos a las instituciones internacionales del capital financiero, como la UE y el FMI. Un periodista del diario Avui decía, poco después de conocerse la votación de la CUP, que “la única esperanza es que Rajoy siga cometiendo errores, esperémoslo, esto nos permitiría unirnos de nuevo”.

Al margen de estas suposiciones, una realidad se abre camino: el pueblo catalán, más que nunca, está por el derecho a decidir, pero menos que nunca quiere ejercer este derecho contra los demás pueblos. El dato de que 7.797.280 votantes en todo el Estado han votado por opciones que reconocen y se pronuncian por el ejercicio del derecho de autodeterminación, bajo distintas formas, es un dato inédito que muchos quieren olvidar, pero que tiene una importancia central para materializar la acción política de la clase trabajadora.

Sólo la clase obrera puede abrir una salida

Para los militantes de la IV Internacional en el Estado español sólo la clase trabajadora, puede abrir una salida a la situación reuniendo a su alrededor a todos los sectores oprimidos de la sociedad. Para ello ha de partir de la defensa de sus intereses y reivindicaciones, y de su unidad. Pero la experiencia nos demuestra que no es posible defender la unidad de la clase si ésta no defiende intransigentemente, contra la Monarquía y sus agentes, las libertades democráticas y, en particular, las libertades nacionales. La clase trabajadora es la única que puede asegurar la soberanía y la libertad de los pueblos.

Para nosotros, este principio tiene una formulación política: la lucha por la alianza de los trabajadores y los pueblos basada en el derecho de autodeterminación y la libre unión.

Contra esta alianza, que se forjó en la práctica en la lucha contra la dictadura y que se quebró a partir de los Pactos de La Moncloa, la dirección del PSOE, encabezada por algunos de los “barones regionales” que aplican conscientemente los recortes que imponen Rajoy y las instituciones del capital financiero internacional, intenta vender un mensaje: “a los obreros sólo les interesan las cuestiones sociales”, con una conclusión: “no hay que romper España”. Lo que supone asumir la defensa del Estado opresor. Es la vía que ha llevado al PS de Cataluña a la irrelevancia política sin que ello haya supuesto ningún rédito electoral para los barones “españolistas” que, al contrario, han perdido en sus “feudos” cientos de miles de votos obreros. Pero, con distintos matices, es la orientación también de los dirigentes de las distintas organizaciones obreras. Y esta orientación es la que puede dar oxígeno a Rajoy y la Monarquía, facilitándole formar un nuevo gobierno para continuar con sus recortes, a pesar de su derrota electoral. Un Rajoy que precisa, para poder responder a las exigencias del capital financiero, de un acuerdo con la dirección del PSOE y del asentimiento o neutralidad de los dirigentes sindicales. La fórmula de Gobierno de coalición, que defienden los principales portavoces del capital financiero, se corresponde con esa orientación, pero tropieza con la resistencia de los militantes del PSOE, hasta el punto de que puede provocar el estallido del PSOE, y de cada vez más responsables y militantes sindicales que no consienten que sus organizaciones sean utilizadas para azuzar enfrentamientos y consentir un nuevo gobierno Rajoy.

En este callejón sin salida, que se suma a todas las crisis de los regímenes europeos y el colapso de la UE, de nuevo buena parte de lo que suceda va estar determinado por lo que ocurra en Cataluña.

Es difícil predecir que puede suceder, si habrá un gobierno de “gran coalición” o unas nuevas elecciones en el Estado español, en las que de nuevo la cuestión del derecho a decidir del pueblo catalán -de todos los pueblos- va ser una de las cuestiones decisivas. .

En esta situación, es importante dar pasos en levantar una iniciativa que combine la lucha por la ruptura con el régimen con la defensa de los derechos de los pueblos. Los militantes de a IV Internacional comprometen todas sus fuerzas en ese esfuerzo.

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