La movilización de la Diada catalana abre una crisis del Estado

(publicado en la Carta Semanal 438)

¿Cuál es el interés de los trabajadores y de los pueblos?

Desde el 11 de septiembre de 2012, la respuesta del Gobierno a las exigencias del pueblo catalán han sido las provocaciones y hacerse el sordo. Frente a ello, este 11 de septiembre, un millón de catalanes ha salido a las carreteras a reafirmar que quieren decidir como pueblo cómo defenderse.

Hay que recordar que esta reiterada explosión se ha producido después de varios años de grandes movilizaciones contra los recortes que no encontraron cauce alguno en las instituciones del régimen monárquico, en el Estado de las Autonomías sometido a las imposiciones de la Troika.

En ese aspecto, el impulso de las masas catalanas responde al mismo problema que las movi­lizaciones en defensa de la sanidad, la enseñanza o los servicios públicos en el resto del Estado español, que desde hace varios años son ignoradas por las instituciones de este régimen monárqui­co, servil ante Bruselas, despótico contra la población. Sin ir más lejos, el gobierno Rajoy y los go­biernos autonómicos, las Cortes y los parlamentillos subsidiarios están preparando unos presupues­tos para 2014 que agravan los recortes a los servicios públicos y el hundimiento económico.

Con su movilización multitudinaria, sectores crecientes del pueblo catalán han decidido romper la baraja, levantarse contra esa falsa democracia, reivindicar el ejercicio de la soberanía, para poder sobrevivir y recuperarse.

Su determinación es de hecho una invitación a los trabajadores y pueblos del Estado español a romper el bloqueo de sus grandes movilizaciones de los últimos años por la política de los dirigen­tes de buscar acuerdos con Rajoy y dejar pasar las imposiciones de la Troika. Es de hecho una lla­mada a la movilización de trabajadores y pueblos para acabar con la Monarquía y enfrentarse como pueblos soberanos a la Unión Europea y el FMI.

El día 11, el Ministerio del Interior permitía que una banda franquista atacase un acto del gobierno catalán en Madrid. El 12, el editorial de ABC exigía aplastar a los “sediciosos catalanes”. El día 14, Rajoy se dignaba responder a una carta del gobierno catalán. El gobierno catalán le había planteado la exigencia popular masiva de celebrar un referéndum en Cataluña sobre las relaciones con el resto del Estado. El Presidente del Gobierno, al cabo de un mes y medio, escribe, pero no contesta. Rajoy es un mero representante del aparato de Estado opresor, de la España cárcel de pueblos, del aparato de Estado que viene directamente de la dictadura y está al servicio de la oligarquía de los bancos, las eléctricas y las constructoras, y de las multinacionales.

Ese gobierno, los anteriores y los poderes a los que sirven se llenan la boca hablando de la “unidad de Ejpaña”, pero cada vez que destruyen empleo, recortan las pensiones, los derechos, ponen una carga de dinamita en las bases económicas y sociales de la unidad de los trabajadores y de la fraternidad entre los pueblos (lo que hace más grave aún el que los dirigentes del movimiento obrero bloquen la movilización obrera conciliando con el Gobierno y no enfrentándose decididamente a la política de Bruselas que critican).

La política criminal “de reducción del déficit”, al asfixiar a todos los pueblos, a los trabajadores y todas las capas populares agrava y resalta las desigualdades y agravios mantenidos y provocados por el Estado de las Autonomías. “Nos roban”, “tenemos menos servicios públicos que otros”, dicen en Cataluña. “Tenemos derecho a superar el atraso y abandono secular de nuestra región”, dicen otros. Todos tienen razón. Los gobernantes de derechas (y a menudo también los de “izquierdas”) se sacuden su responsabilidad por aplicar los recortes acusando a otros pueblos. Divide y vencerás. Son instrumentos de división para que siga reinando el capital financiero. En realidad, el Gobierno saquea a todos los pueblos para pagar a los banqueros una deuda tramposa, para mantener un aparato de Estado parasitario. Si se rompe ese yugo, se corta el saqueo y se establece un régimen democrático, basado en la soberanía, la libre colaboración entre los pueblos puede resolver fácilmente todos esos problemas.

Rajoy dice que el pueblo catalán debe respetar el marco jurídico de la Constitución. Pero el marco jurídico se puede cambiar. En 2011, en quince días, para complacer al Banco Central Europeo y la Comisión Europea, Zapatero y Rajoy cambiaron la Constitución en beneficio de los bancos. Rajoy tendría que decir si quiere o no cambiar el marco jurídico para que los pueblos puedan expresarse y decidir.

Pero Rajoy no puede contestar, porque sirve al aparato de Estado. Ofrece “diálogo” y no responde sobre el referéndum: es un diálogo de sordos, o un diálogo para besugos, exactamente igual que el de la ministra Báñez ante los sindicatos que exigen que se mantenga el poder adquisitivo de las pensiones.

Rajoy busca dividir a los trabajadores, romper sus organizaciones y enfrentar a los pueblos.

La movilización de Cataluña ha abierto una crisis mayúscula en el Estado

Nada será igual tras ese levantamiento contra el régimen. Los trabajadores tienen mucho interés en que esta crisis se resuelva a favor de la democracia, a favor de la fraternidad entre los pueblos.

Las organizaciones de los trabajadores, sindicatos y partidos, que defendieron unidas contra Franco el derecho de autodeterminación de los pueblos, tienen una responsabilidad fundamental. No podemos resignarnos a que se desentiendan o colaboren con los gobiernos, cuando necesiatamos volcar todo su peso en defensa del derecho de autodeterminación del pueblo catalán, única forma de reforzar la unidad de los trabajadores y favorecer la alianza del movimiento obrero con los pueblos.

¿Se puede aceptar que el Partido Socialista, y con él IU y el conjunto de las formaciones políticas del movimiento obrero, no estén exigiendo enérgicamente al Gobierno que cese en sus amenazas y provocaciones, negocie seriamente con los representantes elegidos por el pueblo de Cataluña y allane el camino a la celebración del referéndum de autodeterminación? ¿Cómo no se pronuncian en ese mismo sentido los sindicatos, siguiendo sus mejores tradiciones?

 Es inadmisible que el secretario general del Partido Socialista, Rubalcaba, diga que hay que dar un retoque federal al Estado de las Autonomías, a la Constitución… y se permita ignorar desde hace un año el clamor inequívoco del pueblo de Cataluña. El Partido Socialista, que se levantó en Cataluña en el “mitin de la unidad” con la bandera del derecho de autodeterminación, ¿cómo puede convertirse en un adlátere de Rajoy en el momento en que más falta hace que ayude a aglutinar a los trabajadores y pueblos para propugnar la democracia, impidiendo el enfrentamiento entre pueblos y defendiendo unidos los derechos sociales?

Si los dirigentes políticos y sindicales del movimiento obrero no salen a exigir que se reconozca al pueblo catalán el derecho de autodeterminación, si dejan el protagonismo a las derechas, si cada responsable se limita a alinearse con Rajoy o con Mas, las derechas nos pueden llevar a los peores enfrentamientos rompiendo la unidad de los trabajadores y de cada una de sus organizaciones.

Para empezar, no habría recuperación del empleo y los derechos sociales, sino el hundimiento cada vez mayor del empleo, los salarios, pensiones, sanidad, enseñanza, como reclaman un día sí y otro también el FMI y Bruselas. No, ni Rajoy ni Mas, que nos venden cada día a esas instituciones del capital, pueden hablarnos de recuperación.

En todo el movimiento obrero, hay dos exigencias urgentes y fundamentales:

  • El pueblo catalán tiene que poder pronunciarse libremente sin demoras ni falsificaciones, sobre cómo quiere organizarse y relacionarse.
  • Hay que levantar la movilización unida más contundente de los trabajadores y pueblos contra la reforma de pensiones, por la recuperación de los convenios y derechos, por el fin de la “austeridad” y el no pago de la deuda.

El POSI entiende que es urgente agrupar fuerzas de trabajadores y jóvenes para luchar por la unidad en torno a esas dos exigencias rompiendo la resistencia de los dirigentes que no se despegan del Estado de las Autonomías ni siquiera cuando éste se desploma amenazando con aplastar los derechos y las organizaciones. No conocemos hoy mejor medio que difundir y aglutinar energías en torno al llamamiento de sindicalistas y militantes obreros de Cataluña a los de todos los pueblos del Estado español.

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