Tras las elecciones presidenciales francesas

Carta Semanal 885 en catalán

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El pasado 24 de abril se celebró la segunda vuelta de las elecciones francesas, que enfrentó al candidato de la derecha Emmanuel Macron, y la de la ultraderecha, Marine Le Pen. Al candidato de la Unión Popular, Jean-Luc Mélenchon, que se presentaba con un programa de ruptura con las instituciones de la V república, le faltaron 400.000 votos para pasar a la segunda vuelta, por la división que supusieron otras candidaturas de la llamada “izquierda” (el ecologista Yannick Jadot sacó 1.627.853; el del PC, Fabien Roussel, 802.422; Anne Hidalgo, del PS, 616.478).

En la primera vuelta se pudo constatar el hundimiento de los partidos que han ocupado el grueso de la representación política desde la creación de la V República, en 1959, tras un golpe de estado del general De Gaulle en 1958. La candidata del partido gaullista, Valérie Pécresse, sacó un 4,78% de los votos. La del Partido Socialista un 1,74%, el del Partido Comunista un 2,28%.  Este hundimiento de los partidos tradicionales pone de manifiesto el inmenso rechazo de la población hacia todas esas formaciones.

Tras la primera vuelta, muchos llamaron a rebato a votar por Macron para “cerrar el paso a la ultraderecha”. Se multiplicaron las presiones y los discursos culpabilizantes sobre los votantes. A pesar de ello, un 28% de los inscritos se abstuvo. 2.228.044 votaron en blanco, 790.946 votaron nulo. Blancos y nulos sumaron un 8,5% de los votantes (más del 6% del censo): Si sumamos los abstencionistas, los blancos y los nulos, casi 17 millones de votantes, más de un tercio del electorado, se negaron a elegir entre la peste y el cólera. Como señala la declaración del Partido Obrero Independiente (POI, del que forman parte los militantes franceses de la IV Internacional). “este hecho de enorme importancia es una extensión de la inmensa ira que se expresó en la primera vuelta de las elecciones presidenciales contra Macron, contra este régimen, estas instituciones, para barrerlas, para echarlas”.

En la primera vuelta, cerca de 8 millones de trabajadores dieron su voto al candidato de la Unión Popular, Jean-Luc Mélenchon, que se presentaba bajo un programa de ruptura, como señalamos antes.

Los resultados de la segunda vuelta

En la segunda vuelta ganó Emmanuel Macron, con un 53% de los votos emitidos. Marine Le Pen obtuvo un 37,86%. Los votos en blanco supusieron un 6,34% de los votos emitidos, y los nulos un 2,25%. 

El proclamado vencedor, Macron, ha conseguido sólo el apoyo del 38% del censo. Y, según las encuestas, el 40 % de las personas que votaron por Macron lo hicieron como mal menor. Es decir, que no puede presumir de que hayan apoyado su programa. Y, a pesar de todo, Macron perdió 2 millones de votos en comparación con 2017.

Marine Le Pen ha conseguido su mejor resultado en unas elecciones presidenciales, con 13.288.686 votos. Tras las elecciones, se nos repite que todos esos votantes son de “extrema derecha”, o incluso “fascistas”. La cuestión no es tan simple. Muchos de esos votos son votos de rechazo. Como dice la declaración del POI “Todo el mundo sabe quién es el arquitecto de esta situación. Este es el resultado directo de la política de Macron que, como todos sus predecesores, tanto de derecha como de izquierda, ha seguido alimentando para asegurar su reelección”.

¿Y ahora?

Lo que está claro, como dice la declaración del POI, es que “Macron acaba de ser reelegido al frente de un país profundamente fracturado, de instituciones que se descomponen a ojos vistas”, ante un rechazo masivo de la población.

Macron pretende continuar con su programa ahora. Un programa que ha sido rechazado por la población trabajadora. Durante estos últimos cinco años, ha lanzado ataques a buena parte de las conquistas sociales y democráticas de la clase trabajadora. Como señala el POI: “ordenanzas que organizan la ruptura del código laboral y de todos los logros colectivos; marcha hacia la privatización de la SNCF y todos los servicios públicos… Desde hace más de dos años, las decisiones se adoptan en el secreto del Consejo de Defensa; el país se encuentra bajo un estado de emergencia permanente, lo que permite una acumulación de medidas liberticidas sin precedentes en la historia de las instituciones antidemocráticas de la V República”.

No han faltado las respuestas populares a estas medidas. Hubo una gran movilización contra la reforma de las pensiones, en octubre de 2019, la revuelta de los Chalecos Amarillos, que comenzó en noviembre de 2018, y que contaba con el apoyo, según las encuestas, del 75% de la población. Luego, de nuevo, una potente huelga contra la reforma de las pensiones, que ha obligado a Macron a dar marcha atrás en la reforma de la que había hecho la insignia de su primer mandato de cinco años.

No cabe duda de que Macron quiere continuar y profundizar su política destructiva en nombre del capital financiero. A pesar de las promesas electorales, acaba de anunciar que será necesario prolongar la edad de jubilación a 65 años y liquidar los regímenes especiales. Tiene la intención de organizar una “conferencia social” sobre este tema este verano con todos los sindicatos y organizaciones patronales. Y su ministro de Economía y Finanzas acaba de declarar que el Gobierno no descartaría utilizar, para aprobar la reforma de pensiones, el artículo 49,3 de la Constitución, que permite hacer aprobar un proyecto de ley en la Asamblea Nacional bajo el chantaje de que un voto en contra supone una moción de censura y la convocatoria de elecciones.

Reagrupar fuerzas para continuar la lucha

Como señala el POI, La enorme indignación, la voluntad de resistencia que impregnan a grandes sectores de la población y la juventud solo puede chocar frontalmente con la política destructiva que Macron intentará imponer por todos los medios. Habrá, inevitablemente, confrontación”.

En la primera vuelta, 8 millones han apoyado el programa de ruptura con la V República de la Unión Popular. Los mítines de Mélenchon han agrupado a decenas de miles, han sido actos masivos en las grandes ciudades. En especial han participado en ellos muchos jóvenes.

Dentro de unas semanas se van a celebrar las elecciones legislativas. En ellas, tanto Macron como Le Pen intentarán reproducir el escenario infernal de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Pero, como señalaba justamente Mélenchon: “Macron es el programa económico de Le Pen más el desprecio de clase; Le Pen es el programa económico de Macron más el desprecio de raza”.  

Además, está la cuestión de la naturaleza de las instituciones de la V República, instituciones antidemocráticas que, confiando al jefe de Estado poderes exorbitantes, dejan a la Asamblea Nacional reducida al rango de parlamento títere. Por ello, en las legislativas es imprescindible, si se quiere abrir una perspectiva acorde con la democracia, con los intereses de la gran mayoría, trabajar para que estas instituciones, resultantes del golpe de Estado de 1958, sean barridas.

Ya hay voces que llaman a constituir candidaturas de “unidad de la izquierda” en las legislativas. Son, precisamente, los mismos que en la primera vuelta se negaron a apoyar a Mélenchon. A este respecto, Eric Coquerel, diputado de La France Insoumise, declaraba el lunes 25 de abril a Franceinfo: “¿’Unión de Izquierda’? No, no usamos ese término porque pensamos que la suma de varias etiquetas que sólo querrían intentar conseguir el máximo de cargos electos no es lo que se necesita en el país. Lo que el país necesita es: qué programa se está aplicando, en qué estrategia. (…) Nos proponemos compartir nuestro programa, nuestra estrategia, compartir la Unión Popular que hemos podido establecer para la elección presidencial. Que quede claro. Efectivamente, se basa en el programa, incluida la jubilación a los 60 años. Es difícil imaginar que los socialistas puedan unirse a esta idea”.

Coquerel añade. tenemos un apoyo de gran parte de los franceses a nuestro programa y que creemos que eso es lo que necesita el país, y, bueno, no lo vamos a modificar para conseguir no sé qué acuerdo. La mano está extendida, pero la mano está tendida sobre la base de un programa de ruptura que creemos que es lo que se necesita para el país”

Esa es la cuestión, tanto en Francia como en el Estado Español: repetir las fórmulas de “unidad de la izquierda” para sostener a los regímenes podridos y aplicar el programa del capital financiero y de sus instituciones como la Unión Europea y la OTAN, o agrupar fuerzas por las reivindicaciones, en defensa de los derechos y conquistas (y, en particular, del derecho a la jubilación y del sistema de seguridad social que la garantiza), por la ruptura con el régimen.   

Coquerel lo expresa así:sería muy bueno que hubiera un acuerdo, pero mi principal preocupación es removilizar a todos los que nos votaron en la primera vuelta, a todos aquellos que, si no ganamos, se jubilarán a los 65 años, que se verán obligados a trabajar 20 horas para tener un RSA[1] de miseria, etc., finalmente, la política del señor Macron. Y este electorado, no lo vamos a movilizar con no sé qué acuerdos y compromisos donde él (el electorado, nota del editor) diría: “Pues bah, finalmente, empiezan de nuevo como en años anteriores, no han entendido nada”. Lo movilizaremos con un programa claro”.

Se obtengan los resultados que se obtengan, para un militante revolucionario, el objetivo, en todo proceso electoral, es organizar a la clase trabajadora para la lucha por si reivindicaciones. Por ello, el POI llama a “trabajar juntos, con los miles que ya se reúnen en la Unión Popular, para amplificar “esta inmensa fuerza que hemos construido” (Mélenchon, 10 de abril), para fortalecer este polo popular”. Además, como explica la declaración del POI, “una cantidad importante de diputados elegidos sobre la orientación de ruptura por la Unión Popular abriría una brecha en las instituciones que permitiría  a la masas luchar por la convocatoria de una Asamblea constituyente y soberana”

[1] Renta mínima vital

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