Carta Semanal 896 en catalán
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Durante los días 12, 13 y 14 de julio ha tenido lugar en el Congreso de los Diputados lo que se llama el «Debate sobre el Estado de la Nación». Recordemos que esta fórmula parlamentaria, introducida en 1983, bajo el primer gobierno de Felipe González, busca en realidad dar al Congreso de los Diputados una apariencia de vida parlamentaria que no tiene. Porque la realidad es otra, las Cortes otorgadas tienen unos poderes muy limitados, aunque tienen una gran utilidad política, es la instancia en la cual se escenifica el «consenso» entre los representantes del aparato de Estado heredado del franquismo, particularmente el PP y a otro nivel Vox y los representantes de los partidos que tienen su origen (bastante lejano) en las masas trabajadoras y los pueblos tradicionalmente oprimidos por el franquismo, en particular Cataluña y el País vasco. El carácter «otorgado» del Congreso de los Diputados se ha confirmado una vez más en las 41 resoluciones votadas el 14 de julio: No son vinculantes, o sea que el Gobierno puede o no ponerlas en la práctica. Pero cuando las Cortes legislan también lo hacen dentro de unos límites. El estado de la Nación no incluye los dictados de Bruselas, ni el estado de los presupuestos militares. Las Cortes aceptaron a Felipe VI como rey una vez que los tres ejércitos lo reconocieron como capitán general. Sigue leyendo









