A propósito de la crisis en el Partido Socialista

(Publicado en la Carta Semanal 512)

Recordemos que la Carta Semanal 509 del 26 de enero se titulaba ¿En beneficio de quién la voladura del Partido Socialista?”

Los hechos actuales, con la crisis abierta en Madrid tras la decisión de la Ejecutiva Federal el 11 de febrero de sustituir a Tomás Gómez, toda su Ejecutiva y despedir a 11 trabajadores de la entidad, confirman lo que analizábamos semanas antes.

Decimos esto, insistimos, con todo el respeto a las decisiones que solo corresponden a los militantes del PSOE.

Sin embargo no somos neutrales, ningún trabajador puede olvidar que el PSOE es el partido tradicional que ha representado a nuestra clase. El rumbo que tome el PSOE y la suerte que corra tendrán consecuencias para los trabajadores y los pueblos y estas consecuencias serán negativas si se convierte en soporte del PP o su declive deja el terreno libre a fuerzas ajenas a la clase trabajadora. Por lo demás, muchos de nosotros combatimos todos los días junto a compañeros del Partido Socialista, en particular en la UGT. Muchos de nosotros hemos hecho también una experiencia militante en sus filas y si formamos una organización aparte es porque hemos concluido que el programa, propuestas y acción en el gobierno del PSOE, tal como es hoy, no corresponde a los intereses de la clase obrera. Pero al mismo tiempo combatimos por la unidad de los trabajadores con todas las organizaciones que han levantado para derrotar al capital y sus representantes. Y nos sentimos cercanos a la inmensa mayoría de militantes e incluso responsables del partido.

Por ello nos preocupa lo que ocurre y planteamos algunos interrogantes:

Primero: ¿cómo es posible que en una organización federal las instancias elegidas por los militantes de una federación puedan ser excluidas por decisión irrevocable de la Permanente de la Ejecutiva Federal? Nosotros, que somos partidarios del centralismo democrático leninista, podemos afirmar que esto es inconcebible en nuestras normas democráticas.

En segundo lugar, ¿por qué se sacrifica a Tomás Gómez cuando se reconoce (como acaba de hacer Rafael Simancas) su honorabilidad y honestidad?

En tercer lugar, es verdad, Gómez tenía mala prensa (desde El País a La Razón), pero eso ¿no sería más bien por su recorrido político?

Tomás Gómez defendía Telemadrid como medio de comunicación público, se opuso a la privatización de la sanidad, dimitió como senador en protesta por el pacto de Rubalcaba con el PP para renovar el Consejo del Poder Judicial, y fundamentalmente era un enemigo acérrimo de todo pacto con el PP.

Tomás Gómez era un obstáculo para esos periódicos y para todos los que quieren atar el PSOE al PP. Había que quitarle de en medio antes de las elecciones, por lo que pudiera pasar.

Con el pacto “antiterrorista” y con la destitución de Tomás Gómez, de una tacada Pedro Sánchez ha hecho dos grandes servicios al proyecto de gobierno de coalición PP-PSOE, que propugna Felipe González y hacia el que empuja de hecho Susana Díaz. La línea de gobierno de coalición sigue los vientos que soplan en Europa para intentar paliar la descomposición de la UE y la resistencia de las masas a la austeridad.

Los estragos causados por esas dos hazañas evidencian, por si no estaba claro, que ese camino dinamita al Partido Socialista. El estupor, la vergüenza, la rabia sin ver salida, la división traspasan las fronteras orgánicas del PSOE permeando el movimiento obrero. Y ese movimiento de fondo no pueden taparlo la propaganda de unos medios de comunicación desacreditados ni las “encuestas” a medida, siempre al servicio de las operaciones “de Estado”, las del CIS y las de El País (¡Con qué milagrosa rapidez, algunas horas después de la caída de Gómez, la encuestadora de El País proclamaba que la inmensa mayoría de los madrileños aprobaban la decisión de la ejecutiva federal!).

Y a todo esto, ¿qué pasa con las reivindicaciones de los trabajadores y de la población? Acercarse al PP es volverles la espalda.

Para aplastar toda resistencia Pedro Sánchez y el redivivo Simancas prometen que van a ganar las elecciones, ¡después de lo que han hecho y con la perspectiva que asoma de una alianza con el PP! Para empezar, en lugar de permitir que los afiliados y las agrupaciones voten al candidato, piden que las asambleas den nombres, y luego la Gestora nombrada a dedo por Ferraz “interpretará la voluntad de los afiliados”. ¿Con qué ánimo pueden responder los afiliados y los electores socialistas?

Convencidos de que es necesaria y posible la unidad más amplia de todas las organizaciones de la clase para echar ya a Rajoy, tendemos las manos a todos los militantes socialistas para este combate común, y para superar los obstáculos que representan actuaciones como éstas, contrarias sin duda a las más elementales normas democráticas y sobre todo a la necesidad del más amplio frente para acabar con el Gobierno. Las manifestaciones del 18 de febrero convocadas por CCOO y UGT y las movilizaciones de los afectados por la hepatitis C y su marcha el 1 de marzo serán sin duda ocasión para cerrar filas contra el Gobierno.

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