Roma desafía a Bruselas

(Publicado en la Carta Semanal 699ver en catalán)

La semana pasada hemos asistido al enfrentamiento entre el gobierno italiano y la Comisión Europea. El gobierno de Roma ha decidido elaborar unos presupuestos basados en un incremento del déficit hasta el 2,4% del PIB. Y además, para los próximos tres años (aunque luego, ante las presiones de Bruselas, han hablado de bajarlo el 2º y 3º año a un 2,1 y un 1,8%) El gobierno anterior había acordado con Bruselas un déficit del 0,9%. El propio ministro de Economía del gobierno actual, Giovanni Tria, había negociado con Bruselas -que había aceptado a regañadientes- duplicar esa cifra, para situar el déficit en el 1,6 %, pero ahora el déficit se ha elevado hasta tres veces el porcentaje prometido por el Gobierno anterior.

Bruselas se rasga las vestiduras y señala la enorme deuda pública italiana, de dos billones trescientos mil millones de euros, lo que representa el 132,5 por 100 del Producto Interior Bruto. El segundo porcentaje más grande después de Grecia.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, agita el fantasma de la crisis griega, declarando que “no querría que, después de haber abordado la difícil crisis griega, nos encontráramos con una nueva crisis griega, esta vez en Italia”. Y añadía que “debemos evitar que Italia reclame condiciones especiales que llevarían al fin del euro si fueran concedidas a todos“. El comisario europeo Pierre Moscovici añade leña al fuego declarando, en un Foro de la OCDE, que “los Italianos han elegido a un gobierno resueltamente euroescéptico y xenófobo que, con respecto a las cuestiones migratorias y presupuestarias, intenta liberarse de sus compromisos europeos.” Moscovici, qua ya anteriormente había calificado a Italia de “problema” de la zona euro, había declarado que el proyecto de presupuesto elaborado por el gobierno italiano se situaba “fuera del marco de nuestras reglas comunes”.

De inmediato, los “mercados” reaccionan. La Bolsa de Milán se hunde y la prima de riesgo de la deuda italiana sube a 233, luego a 290 y a 303 puntos básicos.

El ministro de Interior italiano, Matteo Salvini sale a la carga “¿Las declaraciones y amenazas de Juncker y de otros burócratas europeos hacen subir el diferencial de la deuda, con el objetivo de atacar al gobierno y a la economía italianos? Estamos dispuestos a reclamar una indemnización.” Y añade, refiriéndose a Juncker y a su comparación con Grecia, que “Yo hablo con personas sobrias que no hacen comparaciones que no se tienen en pie.”

El conflicto entre Roma y Bruselas no es una anécdota. Por el contrario, concentra todos los elementos de crisis a nivel continental.

¿A qué responde el presupuesto de Italia?

La diferencia en el déficit entre lo que pide Bruselas y lo que propone el gobierno italiano supondrá al menos 25.000 millones de euros de gasto público, sin que se busque, para financiarlos, nuevos recortes ni subida de impuestos.

¿Qué busca el gobierno italiano con esta propuesta? El gobierno presidido por Giuseppe Conte está compuesto por una coalición variopinta entre el Movimiento 5 Estrellas (asimilable, en cierto modo, a Podemos) y la Liga, un partido de extrema derecha. Una extraña coalición, producto en realidad de la destrucción de los partidos que reconstruyeron el Estado burgués en Italia después de la segunda guerra mundial: el Partido Comunista, después reconvertido a Partido Demócrata, y la Democracia Cristiana, portavoz directo del capital financiero y el Vaticano.

Los partidos que forman el actual gobierno no tienen una verdadera base social y se ven obligados a tomar medidas “sociales” para darse una base. No es casualidad que los sindicatos, y en particular el mayoritario, la CGIL, hayan tomado, en algunas cuestiones, una actitud positiva en relación al Gobierno Conte.

La bien pensante prensa internacional denuncia, claro está, al gobierno italiano y no escatima calificativos: “populista”, “racista”, “antiinmigrantes”. No apoyamos, claro está, nadie desde el movimiento obrero puede hacerlo, la política del gobierno italiano con respecto a los inmigrantes. Pero hay que señalar que los mismos que justifican la política de Macron, Merkel y los sucesivos gobiernos españoles -incluyendo vallas de Ceuta y Melilla, CIEs-prisión y expulsiones “en caliente”- en relación a la emigración, quieren dar lecciones al gobierno italiano. Cuya política en cuestiones de inmigración, por otra parte, es la misma que la de los demás gobiernos europeos, como demuestra el reciente acuerdo unánime de reforzar con 10.000 policías más las “fronteras” exteriores de la UE. Véase al respecto la reciente declaración del Secretariado Internacional de la IV Internacional

A fin de ampliar su base social, el incremento en gasto público que propone el gobierno de Italia irá a pagar, en primer lugar, la “renta de ciudadanía”, una especie de subsidio de desempleo de 780 euros, del que se podrán beneficiar 6 millones de personas, con un coste inicial de 10.000 millones de euros. Se reducen también los impuestos, en particular a las pequeñas empresas y habrá un condono fiscal. Un capítulo importante será la reforma de las pensiones. En la práctica, el proyecto liquida la Ley Fornero de reforma de las pensiones (promulgada en 2011 por el gobierno “tecnocrático” de Mario Monti, impuesto por la Unión Europea), rebajando la edad de jubilación. Se espera que unas 500.000 personas se jubilen anticipadamente, una medida que según el gobierno permitirá que esos puestos sean ocupados por jóvenes.

Una crisis con pocas salidas

Los gobiernos europeos, y en especial el francés y el alemán, junto con la Comisión de Bruselas, encuentran inaceptable que se aumente el gasto público para atender fines sociales (otra cosa es el aumento en gastos militares hasta el 2% del PIB, que cuenta con su apoyo incondicional). Querrían llegar incluso más allá, y liquidar al Gobierno Conte antes de las elecciones de mayo próximo al “parlamento” europeo. Para ello “los mercados” actúan contra la deuda italiana para incluso provocar la bancarrota. Aunque muchos objetan, porque piensan que es jugar con fuego: el peso de la economía italiana -la tercera de la UE- no es el de Grecia, y un plan de rescate podría arrastrar a toda Europa, como acaba de confesar Junker.

Y además si el gobierno italiano cae y hay elecciones anticipadas, las encuestas dicen que los partidos que hoy ocupan el gobierno aumentarían, incluso, sus votos.

En la discusión del presupuesto en todos los países aparecen los intereses contradictorios entre las exigencias del capital financiero y las necesidades de las masas. Una situación que coloca a los gobiernos entre el martillo y el yunque. El movimiento obrero -y con él, sus organizaciones- no puede ser neutral ante este enfrentamiento.

Para los trabajadores italianos, que se encuentran desprovistos de un verdadero partido que los represente no hay duda, al margen de las intenciones del Gobierno Conte, de que las medidas sociales que quiere adoptar, en particular las referentes a las pensiones, responden a verdaderas reivindicaciones. Como lo es el plan adoptado de salvamiento de la siderúrgica ILVA que el anterior gobierno “progresista ” quería cerrar.

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