Sigue la crisis en el congreso del Partido Laborista

(Publicado en la Carta Semanal 545)

“El blairismo está muerto y enterrado”, escribía The Guardian, refiriéndose a las decenas de miles de sindicalistas y de militantes del Partido Laborista (PL) que han votado a Corbyn para poner fin a la política del “Nuevo Laborismo”. Pero en el partido la antigua dirección tiene aún los mandos a distintos niveles y en el Parlamento. Corbyn ha formado un ‘gobierno en la sombra’ de integración.

El congreso del partido, celebrado del 27 al 30 de septiembre estaba compuesto de delegados elegidos antes de la elección de Corbyn.

Un punto central del programa de Corbyn era la negativa a renovar el sistema de defensa nuclear “Trident”. Solo quería que el Congreso pudiese debatir sobre ello. La comisión de debates, en manos de la antigua dirección y del aparato sindical –que sin embargo había votado por Corbyn– se negó sin más a que se diese ese debate.

La crisis aguda del PL proviene de la contradicción insoluble entre su dirección tradicional, ligada a la burguesía británica y a la Unión Europea, y su base, constituida todavía hoy por los sindicatos, que tienen el 50% de los mandatos en el Congreso (antes de Tony Blair tenían el 80%).

El congreso trató dos puntos clave: la nueva ley antisindical y la intervención en Siria.

El Congreso cuestiona parcialmente las leyes antisindicales de Thatcher

Unite, el mayor sindicato del país, presentó una moción oponiéndose a un proyecto de ley de Cameron contra los sindicatos y proponiendo una nueva ley que estipule derechos salariales “en consonancia con los convenios fundamentales de la OIT y las obligaciones de la Carta Europea de Derechos Humanos”. Esto significa arremeter contra las leyes antisindicales de Thatcher, jamás derogadas por los gobiernos laboristas. Los comités locales del PL de Browtowe y de Chesterfield, presentaron también una moción: que “el próximo gobierno laborista deberá derogar esos ataques (si se aprueban) y todas las leyes antisindicales aprobadas entre 1979 y 1997 por los gobiernos conservadores, y legislar sobre el derecho a sindicarse, el reconocimiento de los sindicatos, el derecho a la negociación colectiva, la huelga, los piquetes y las acciones de solidaridad”. Morning Star diario del PC, citaba la moción pero recortaba la referencia a las leyes de 1979-1997. Otros comités locales presentaron mociones por las huelgas de solidaridad (otro punto clave de las leyes de Thatcher.

Finalmente, se aprobó por unanimidad una moción conjunta que, además de oponerse a la nueva ley, comprometiéndose a derogarla en 2020, recoge la referencia a la OIT y a la Carta Europea de Derechos Humanos y “el derecho a sindicarse, el reconocimiento de los sindicatos, el derecho a la negociación colectiva, la huelga, los piquetes y acciones de solidaridad”. También pide la mejora de los escrutinios obligatorios para organizar una huelga, medida introducida por Thatcher. Por lo tanto, no es una toma de posición clara y limpia por la derogación de las leyes de Thatcher.

Pero la dirección tiene que rechazar la nueva ley, por la presión de la clase obrera que se ha expresado en la votación a Corbyn y porque la ley amenaza su propia supervivencia y la del aparato sindical. Pero, igual que la lucha contra los planes de privatización de Cameron, se remite … ¡a 2020! Y entretanto esos planes se aplican. Un sindicalista de Londres nos decía: “Es necesaria una huelga general para conseguir la retirada de la ley, pero la habrá. La confederación TUC propone una manifestación ante el Parlamento el 2 de noviembre, pero la derecha es mayoritaria. Tenemos que discutir en la base de los sindicatos para organizar las huelgas nosotros. El derecho de huelga lo defenderemos ejerciéndolo, haciendo huelga. Será necesario impugnar las leyes Thatcher.”

Apoyo a los bombardeos en Siria con mandato de la ONU

En 2013, el Parlamento, con los votos laboristas, impidió que el gobierno Cameron interviniese en Siria. Pero en 2014 votó a favor de los bombardeos contra el Estado Islámico en Iraq. Con la extensión del caos en el Oriente Medio, hay una presión máxima para que el imperialismo británico se implique en Siria. Corbyn anunció primero que los parlamentarios laboristas tendrían libertad de voto. La resolución final, propuesta por Unite, estipula que el PL se opondrá extender los bombardeos a Siria… a menos que se haga en el marco de la ONU, con un plan de ayuda a los refugiados y sólo contra objetivos militares del EI. La importante coalición ‘Alto a la guerra’ primero rechazó esta resolución del PL oponiéndose “a cualquier intervención con o sin la ONU. Basta que veamos las consecuencias de las guerras autorizadas por la ONU en Afganistán y en Libia.” Pocas horas después acogieron “con gran satisfacción la votación del Congreso del PL contra la intervención militar británica en Siria”. Morning Star también se congratulaba…

Así, oponiéndose a la ley antisindical pero apoyando la guerra imperialista, la contradicción que socava al Partido Laborista no puede sino agravarse, porque la clase obrera británica quiere resistir a los planes del imperialismo. Por si fuera poco, un comunicado de Corbyn y su secretaria de Exteriores prometía apoyar la permanencia en la UE “por muchos retrocesos que haya”.

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