Algunas lecciones de las elecciones portuguesas

(Publicado en la Carta Semanal 546)

Carta-546El domingo 4 de octubre tuvieron lugar en Portugal las elecciones legislativas. Agotando al máximo el calendario electoral, se celebraron cuatro años y tres meses después de las últimas, de junio de 2011.

Consideramos que para los militantes obreros, sindicalistas y luchadores sociales es importante sacar un balance de estas elecciones, y más cuando estamos en pleno periodo electoral, en vísperas del 20 de diciembre. Es evidente que las tradiciones y el panorama político portugués no son idénticos a los nuestros. Sin embargo, estando confrontados a la misma política impuesta por el capital financiero y sus instituciones –el FMI, la UE, el Banco Central Europeo– hay elementos comunes.

Lo que buscamos es deducir aspectos del combate de emancipación social de nuestros hermanos portugueses y poder establecer nexos que permitan tejer y construir la necesaria solidaridad de clase y la acción común contra la política común del capital financiero, sus instituciones y los gobiernos que se someten a ellas. Y desde este punto de vista ya hay un primer punto común, el gobierno Rajoy y el gobierno Passos Coelho defienden y aplican la misma doctrina política: la defensa a ultranza de la política del gran capital, de la banca, o sea del capital financiero.

Algunos datos importantes

Aunque conocidos, es importante recordarlos: la coalición de derechas en el gobierno pierde la mayoría absoluta de la Asamblea de la República, formada por 230 diputados: pierde 25 y queda en 104; el Partido Socialista progresa hasta los 85; el Bloque de Izquierdas progresa hasta 19, y el Partido Comunista gana uno y llega a 17. O sea que, desde el punto de vista de la aritmética parlamentaria, los partidos que se reclaman de la clase obrera son mayoritarios, con 121 de 230 escaños.

Es evidente que para todo un sector de trabajadores y sobre todo de militantes la posibilidad de un gobierno de “izquierdas” es una realidad material; pero ¿es éste el único dato a tener en cuenta? Nosotros pensamos que no. Estas elecciones se dan después de cuatro años de una política de recortes brutal y de resistencia masiva de los trabajadores y de la población: un millón de manifestantes en las calles en septiembre de 2012 contra el Gobierno y la Troika, movilizaciones masivas contra el cierre de los astilleros de Viana do Castelo, huelgas repetidas de los enseñantes en junio/julio del 2013 que provocaron la dimisión de dos ministros y amenazaron al gobierno entero, la movilización contra la privatización de la aerolínea TAP en 2014/2015… El Gobierno, aislado y odiado, parecía al borde del colapso. Y sin embargo, a pesar de perder la mayoría, sigue siendo la mayor minoría en el Parlamento. ¿Por qué?

La elevada participación electoral ha sido una constante en Portugal desde el fin de la dictadura y la elección de una Asamblea Constituyente en 1975. Sin embargo esta vez el 44 por ciento de los electores se han abstenido y el 4 por ciento ha votado blanco o nulo. Esta abstención, que tuvo su verdadera inflexión en junio de 2011 (41 por ciento), tiene a nuestro modo de ver causas políticas. Veámoslas.

El carácter “ilusorio” de una victoria electoral

En junio de 2011 la derecha consiguió una victoria histórica, mayoría absoluta. Y una buena parte de la población obrera no votó. En mayo de 2011 la dirección del Partido Socialista y la derecha habían firmado con la Troika un “Memorándum de Entendimiento” (como el que un año más tarde firmaría el gobierno español para rescatar a los bancos), o sea la aplicación de un plan de ajuste duro, al cual se comprometieron ganara quien ganara las elecciones. Para una buena parte de los trabajadores la conclusión era clara: todos harían la misma política.

Este fenómeno se ha agudizado: el PS en la oposición proponía prácticamente las mismas políticas de ajuste (un poco suavizadas).

Y por otro lado los partidos más “a la izquierda”, o sea el PCP y el Bloque hicieron toda la campaña electoral denunciando al PS.

En esta situación, ¿qué credibilidad puede tener un “gobierno de izquierdas”, cuando en la misma noche electoral Costa, dirigente del PS, niega la posibilidad de tal gobierno y los dirigentes del Bloque y del PCP critican al PS. Sin duda se puede objetar: pero el gobierno de izquierdas es lo que quiere la mayoría. Es discutible, una buena parte de esta mayoría no votó. Se repite aquí el fenómeno de Grecia: la experiencia de las elecciones griegas de enero ha hecho perder la confianza en que una victoria electoral sin movilización obrera pueda modificar la política a seguir, o sea la política impuesta por el capital financiero. Y Tsipras esta vez se presentó para aplicar el Memorándum de Entendimiento que acababa de firmar con la Troika.

La trayectoria de Tsipras sobrevuela Portugal y Europa, reforzando la experiencia de cada país.

Así las cosas, ¿qué hacer?

Como militantes revolucionarios que combatimos por la unidad de nuestras organizaciones para imponer la retirada de los planes de austeridad, estamos obligados a realizar una reflexión y sacar conclusiones. Y declaramos que no somos ni cretinos parlamentaristas ni cretinos antiparlamentaristas. Nuestra vara de medir es el interés de los trabajadores, su organización y su lucha. Constatamos, es nuestra experiencia, que las victorias electorales de los partidos que se reclaman de la clase obrera, y en nuestro país desde octubre de 1982, en conjunto han sembrado desilusiones, sobre todo a partir del giro de ZP en mayo de 2010, que es el mismo giro del dirigente socialista portugués Sócrates y sus sucesores, el mismo giro de Hollande, de Renzi, de los dirigentes del Partido Socialdemócrata Alemán.

Constatamos que todas las conquistas sociales y democráticas han sido producto de la acción directa de la clase. Que en el mejor de los casos los gobiernos han legalizado “a la baja” conquistas arrancadas con la acción directa, como ocurrió en nuestro país con el Estatuto de los Trabajadores, la libertad sindical o la sanidad publica.

En Portugal, con una revolución por medio, el ejemplo es aún más claro. La Constitución legalizó “a la baja” lo que los trabajadores ya habían conquistado. Pero, para salvar al capital en su profunda crisis, los renegados del socialismo se emplean hoy en demoler paso a paso las conquistas de la revolución plasmadas en la Constitución.

Por ello consideramos que más que nunca solo la lucha de clases puede anular las leyes reaccionarias del Gobierno. Y en vísperas de las elecciones la “derechización” creciente de los partidos que se llaman de izquierdas o progresistas y que declaran que Tsipras no podía hacer otra cosa nos debe alertar sobre las promesas electorales y sobre la voluntad de algunos de formar un gobierno de “izquierdas”.

Todo ello subraya la absoluta necesidad de defender en el proceso electoral una plataforma política de ruptura con la Monarquía y con las instituciones internacionales del capital financiero: el FMI, la UE.

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