Estados Unidos: no es una crisis presupuestaria, es una crisis política

(publicado en la Carta Semanal 441)

Carta-441Desde el pasado 1 de octubre, el gobierno federal de los Estados Unidos no dispone de financiación para sus gastos, y la inmensa mayoría de los servicios y edificios oficiales han cerrado sus puertas. Parques Nacionales, museos, oficinas administrativas… incluso –lo que es un hecho más que simbólico– la Estatua de la Libertad se ha cerrado a los visitantes. Cientos de miles de empleados de servicios “no esenciales” han sido enviados a sus casas, en paro técnico, sin derecho a cobrar sus salarios ni a subsidio de desempleo.  Las fuerzas armadas y las de seguridad figuran entre los sectores considerados “esenciales”, y no han sido, por tanto, afectadas.

¿Por qué el gobierno de la nación más poderosa del planeta se encuentra en esa situación? El motivo es que el Congreso (formado por dos cámaras, la Cámara de Representantes y el Senado) no ha conseguido un acuerdo para aprobar los presupuestos federales. Los congresistas del Partido Republicano –que tienen la mayoría en la Cámara de Representantes– han propuesto adoptar un minipresupuesto para hacer frente a los gastos corrientes hasta el mes de diciembre, a condición de que la reforma sanitaria Obama, que debía entrar en vigor a partir del 1 de enero de 2014, sea atrasada al menos un año. En esta decisón de los republicanos han pesado decisivamente los 40 congresistas del Tea Party, extrema derecha del Partido Republicano, que rechazan absolutamente esa reforma sanitaria. Pero el Senado (en el que el Partido Demócrata tiene la mayoría) se ha negado a aceptar esta propuesta, que ha calificado de “chantaje”.

Aunque se llegara a un acuerdo en el Senado, el presupuesto debería contar con la aprobación del Presidente Obama, que vería como su reforma sanitaria –una de las pocas cosas de sus programa que, aunque muy descafeinada, sigue en pie– se veía paralizada, con grave riesgo de ser eliminada definitivamente. Por eso, Obama ha declarado que no está dispuesto a “negociar con un revólver apuntando a la sien del pueblo norteamericano”. A lo que, el presidente de la  Cámara de  Representantes, el republicano John Boehner, ha respondido haciendo referencia al anuncio de que Obama se va entrevistar con el recién elegido presidente de Irán, Hasan Rohaní, que “el presidente de los Estados Unidos, que habla con todos los terroristas de la tierra, no quiere dialogar con los representantes del pueblo norteamericano”.

Ahora bien, los analistas explican que esta paralización de la Administración federal USA va a tener importantes consecuencias económicas, tanto en los propios Estados Unidos como a escala mundial, y anuncian un grave problema en el horizonte: un posible desacuerdo en noviembre sobre el incremento de los límites de endeudamiento de los Estados Unidos, que llevaría a esta país a la suspensión de pagos de su deuda y a la economía mundial a un torbellino de consecuencias imprevisibles. Hay que recordar que la deuda pública de los Estados Unidos es en la actualidad de más de 13 billones de euros, que equivalen al 107% de su PIB.

¿Es para tanto la reforma sanitaria de Obama?

Los extremistas del Tea Party la presentan como la “socialización de la medicina”, pero en realidad la reforma de Obama sólo establece el aseguramiento sanitario obligatorio con pólizas suscritas con empresas privadas, para dar cobertura sanitaria a los 30 millones de estadounidenses (un 15% de la población) que no tienen seguro médico. Se trata sobre todo de trabajadores asalariados con bajos salarios y de pequeños autónomos, ya que el resto de la población tiene ya algún tipo de asistencia sanitaria, bien porque es pagada por sus empresas, bien porque es cubierta por el Gobierno, mediante dos programas, Medicaid para los más pobres y Medicare para jubilados.

Aún así, el gasto sanitario de los Estados Unidos alcanza el 17,6% de la renta nacional. Un porcentaje que supone el doble del gasto sanitario medio en los países desarrollados y un 50% más de lo que gastan países europeos como Suiza o Noruega. Y aún así, la mayoría de seguros excluye muchas enfermedades y tratamientos. A los 40 millones sin seguro hay que añadir 80 millones con una cobertura insuficiente para sus necesidades de salud, lo que hace que padecer una enfermedad grave, como un cáncer, sea la principal causa de ruina de las familias de ese país (más de un millón de familias al año)

Lo que reclamaban los sindicatos de los Estados Unidos –y lo que prometió Obama– era otra cosa, un sistema de aseguramiento sanitario universal a cargo del Estado. Un sistema de “single payer”, es decir, basado en el salario diferido y que funcione por reparto. Esa posición fue la adoptada por el congreso de la AFL-CIO de 2009. Pero la presión de las grandes aseguradoras llevó a este descafeinado y privatizado Obamacare.

 ¿Qué va a pasar?

Algunos “expertos” tratan de tranquilizarnos recordando que los Estados Unidos ya conocieron una situación igual hace dieciocho años, en 1995, y que, entonces, al cabo de quince días de paralización de la Administración, se alcanzó un acuerdo… pero esas afirmaciones tranquilizadoras pasan por encima de lo esencial. Sin duda alguna, se llegará a un compromiso, bajo la forma que sea, para que el aparato del Estado vuelva a funcionar: el Estado, la máquina de dominación de l clase dominante, no será “despedido”. Pero la crisis presupuestaria  no es sino el revelador de una  crisis política sin precedentes que desgarra a la clase dominante y desorganiza hasta un punto difícilmente controlable a su representación política.

Esta crisis tiene sus raíces profundas en la parálisis del sistema capitalista a escala mundial, que se manifiesta, naturalmente, en los Estados Unidos, que ocupan el papel de garantes del mantenimiento de todo el sistema por todos los medios. Por tanto, es, en tal sentido, la crisis de la dominación a escala mundial del imperialismo norteamericano. Recordemos que la crisis presupuestaria sigue al fracaso de la tentativa de atacar a Siria, ante la falta de apoyos dentro  y fuera de los Estados Unidods para esa acción militar.

Por tanto, no es la reforma de Obama, calificada por el Financial Times del 1 de octubre de “reforma conservadora”, lo que está en cuestión, sino la incapacidad del gobierno Obama de hacer frente a esta crisis mundial y de solucionar los problemas que surgen de la acción de los  trabajadores y del pueblo norteamericanos, lo que explica el desencadenamiento de la acción del Partido  Republicano.

A este respecto, es interesante tener en cuenta lo sucedido en el congreso de la AFL-CIO, principal sindicato de los Estados Unidos, un congreso marcado en gran medida por los esfuerzos de la dirección –que apoya a Obama– por evitar que fueran discutidas cuestiones que pudieran enfrentar al movimiento sindical con la política de Obama, como la guerra… o la reforma sanitaria. Precisamente en esta cuestión, los dirigentes tuvieron un importante tropiezo. Muchos delegados habían planteado la cuestión de la derogación del Obamacare, al constatar que los patronos se apoyaban en la generalización de la obligación de recurrir a  seguros privados para poner en cuestión los sistemas de protección sanitaria garantizados por los convenios colectivos a nivel de empresas o sectores productivos.

Un sindicato de trabajadores de la construcción y otro de la electricidad, en particular, insistieron para que ese debate se llevara a cabo. La dirección saliente hubo de reunirse hasta las dos de la mañana, pero los delgados que habían demandado que este asunto figurara en el orden del día se negaron a ceder y declararon que, si el debate no se efectuaba, abandonarían el congreso. Finalmente, para evitar una confrontación de consecuencias imprevisibles, la dirección ofreció una solución de  compromiso.

Se presentó ante el congreso una resolución (n.° 54), que fue aprobada, en la que se retomaba como reivindicación central y como objetivo del movimiento sindical la creación de un sistema de protección de la salud basado en el salario diferido. Tal resolución añade:“como un paso en esta vía, deben llevarse a cabo modificaciones en la reforma sanitaria actual, que impidan que los patronos la aprovechen para poner en cuestión las conquistas obtenidas por la lucha de los trabajadores y de sus sindicatos en diferentes sectores”.

Relaciones de la AFL-CIO y el Partido Demócrata

Lo que ha ocurrido en este Congreso es de una gran importancia para la clase obrera norteamericana, una de las más numerosas del mundo.

Tradicionalmente el Partido Demócrata (representante del gran capital norteamericano junto con el Partido Republicano) ejerce una influencia determinante en la dirección de la AFL-CIO.

La ruptura de esta subordinación politica es una cuestion esencial para que la clase obrera norteamericana recupere el control de sus sindicatos, y a la vez es un trampolín para que los trabajadores y sindicatos norteamericanos construyan su propia representación politica.

El enfrentamiento en este Congreso entre una buena parte de los delegados y las directrices provenientes de Obama allana el camino para avanzar en la construccion de un verdadero partido laborista independiente de los partidos de la burguesía.

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