¿Gobierno “de izquierdas” o gobierno al servicio de los trabajadores y de los pueblos?

(Publicado en la Carta Semanal 739ver en catalán)

Esta Carta Semanal ha sido redactada el lunes 22 a las 21h.

Hoy, lunes 22 de julio, se ha iniciado la sesión de investidura, cuyo objetivo declarado es formar el gobierno salido de las elecciones del 28 de abril. Tres meses han pasado, nadie parece hacerse responsable de este largo espacio sin gobierno, recorrido por múltiples rumores, maniobras, declaraciones contradictorias.

Está muy extendida entre los más amplios sectores de la población, en particular entre los trabajadores, la sensación de que el voto sirve de muy poco, porque después los aparatos políticos hacen lo que quieren.

Una sensación de hastío ante los políticos y las instituciones. No es algo nuevo, en 2011 las masivas manifestaciones, mayoritariamente de jóvenes, que gritaban “no nos representan” o “lo llaman democracia y no lo es”, ya reflejaban estas “tijeras” entre las representaciones políticas y las exigencias de la población, particularmente de los trabajadores y los jóvenes.

El discurso de Pedro Sánchez ¿da una respuesta a este malestar?

Sí, da una respuesta en el mal sentido. A la relectura del discurso de dos horas (34 paginas) aparece una pregunta: ¿dónde están las reivindicaciones y algunas de las promesas por las cuales los trabajadores y los jóvenes fueron a votar?

Excepto la promesa de derogación de la Ley Mordaza, ninguna de ellas consta en el programa de gobierno. Ni derogación de las contrarreformas (laboral, de pensiones, educativa), ni defensa del actual sistema de pensiones, ni derogación del artículo antihuelga 315.3 del Código Penal.

Hallamos, sí, un lenguaje “moderno”, muy de moda en todos los gobiernos europeos, de generalidades de bien común, progreso, modernismo y lo que se tercie.

Este programa, sin embargo, no es una sorpresa. El 8 de julio el PSOE presentó a Unidas Podemos su plan, que el discurso de Pedro Sánchez más o menos reproduce. Una propuesta incluso por detrás del Pacto PSOE-UPodemos para elaborar el presupuesto de noviembre 2018, según se desprende de los textos publicados sin que nadie los haya desmentido: habían desaparecido las escasas reivindicaciones de los trabajadores.

Entonces ¿cuál es el objetivo de este programa de gobierno?

Días antes el presidente de la CEOE Garamendi declaraba en la asamblea de su organización que era “necesario un gobierno estable” para continuar las reformas. Aunque fuera a costa de nuevas elecciones.

Este domingo 21 de julio los cuatro expresidentes del gobierno, coincidían como papagayos en que era necesario un gobierno estable. ¿Para qué? Pues para continuar la misma política. Y Felipe González alertaba de una posible crisis de Estado si continuábamos sin un gobierno capaz de aplicar las medidas que exigen el capital y el aparato de Estado.

Sin prefigurar los que pueda ocurrir hasta el jueves en que se cierra la investidura, es evidente que las “promesas” de Sánchez solo aumentarán el escepticismo.

Regresión en las libertades y en los derechos sociales

Sánchez parece anunciar que habrá gobierno pasando por encima de la mayoría de las Cortes. En lugar de establecer la autonomía municipal, dicta que los ayuntamientos seguirán aplicando los ingresos a pagar la deuda y asignarán el superávit no a lo que el pueblo quiera. Tres cuartos de lo mismo en cuanto a las autonomías.

Es un retroceso antidemocrático. Sánchez ni siquiera anuncia una reforma radical de la justicia, después de lo que estamos viendo. Una reforma que entre otras cosas obligase a que los elegidos por el pueblo ejerzan sus funciones.

Por encima de todo, el discurso parece avalar la anulación de la voluntad mayoritaria de los pueblos (ejemplo Cataluña).

Y a la vez, al renunciar a las medidas de choque para derogar las contrarreformas, Sánchez parece anunciar la continuidad en el reflujo en los derechos sociales, por tanto, agravando los recortes de pensiones y de salarios, dejando la formación profesional, y la educación, en manos de los intereses de cada empresario, y la sanidad arruinada, en vías de liquidación.

Ni somos pesimistas ni exageramos. Al analizar el plan Sánchez, centenares de miles de votantes socialistas, de UP y de toda la mayoría trabajadora llegarán a la misma conclusión.

Llegar al gobierno, ocupar ministerios, como premio para dar la espalda al mandato de los electores, ¿que puede cambiar? ¿Qué puede cambiar cuando la política económica esta dictada por el capital financiero… con Nadia Calviño como representante directa?

Y ¿qué puede cambiar si Sánchez ni siquiera hace referencia a Cataluña y los juicios a los dirigentes republicanos? ¿Es eso respetar la independencia de la justicia? Los jueces han demostra­do ser completamente ajenos a la independencia de la justicia, y solo se guían por las órdenes del Rey en defensa del régimen y del capital.

¿Y ahora qué?

Sin prejuzgar lo que suceda, un gobierno elegido con esta plataforma no sería más que un gobierno orientado a continuar, con matices (algunos a no despreciar) la política de Rajoy. La confianza de la mayoría en que ahora sí se deroga la reforma laboral, la confianza en que con esa derogación la precariedad extrema de mujeres y jóvenes mejorará chocarían, de aplicarse ese plan, con un duro desengaño.

Más que nunca, es necesario dirigirse a los grupos parlamentarios para que deroguen las reformas laborales y restablezcan las libertades.

En efecto:

  • derogar la reforma laboral es la primera medida para mejorar la situación de las trabajadoras, los jóvenes, los pensionistas, de todos los trabajadores –los que tiene convenio y los que aún no lo tienen–.
  • no derogar las reformas de pensiones, que se agravan cada año, es el camino directo a liquidar el actual sistema de pensiones, hundiendo las condiciones de vida de la población mayor. Y esto se agrava con la promesa de Sánchez de aplicar las reformas que no pudo aprobar el Pacto de Toledo.
  • derogar la LOMCE y otras medidas antieducativas es la condición para mantener y mejorar la formación de los jóvenes, es decir, el futuro próximo.
  • derogar las leyes de “austeridad”, de estabilidad, es decir los recortes que atan a los ayuntamientos, las autonomías y al gobierno (transformándolos en enemigos de los pueblos), es salvar las condiciones de trabajo y de vida, las bases de la convivencia democrática entre los pueblos.
  • restablecer la democracia: que los elegidos gobiernen para cumplir la voluntad de los electores, sin que ningún juez ni agente de los bancos pueda impedirlo.
  • allanar el camino a que los pueblos, libremente, decidan cómo organizar la convivencia, las relaciones entre ellos…

Todo esto es urgente para salvar a la mayoría, a nuestros pueblos.

Es lo que corresponde a los intereses de la mayoría que dio los votos a PSOE, UP y demás grupos que se reclaman de la democracia y los derechos democráticos. Nadie tiene derecho a defraudarles.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.