LA GUERRA Y SUS CONSECUENCIAS: ACTA DE ACUSACIÓN AL CAPITALISMO

Carta Semanal 883 en catalán

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La masacre en cadena de miles de jóvenes soldados rusos y ucranios, de la población civil de estos países, los destrozos innombrables, la destrucción masiva de fuerzas productivas, el aumento cualitativo de la carrera de armamentos, son los elementos más evidentes de la guerra que ha estallado en el corazón de Europa, como ocurre con las guerras en otros continentes.

Pero esto son solo los efectos más visibles. Hemos insistido y combatido sobre los demás efectos. O sea, el hecho de que los gobiernos acompañan su política de guerra, de traslado de gastos enormes para producir armas -algunos incluso en nombre de defender la “libertad”-, haciendo pagar a la población trabajadora estos gastos, abriendo la vía a una mayor especulación -siempre inherente al sistema capitalista- que multiplica los costos materiales para ellos llevándola a la ruina y la miseria. Y todo agravado por la inflación, que se dispara.

Es por ello que el No a la guerra tiene un contenido claro: Paz y Pan, como lo tuvo la revuelta y revolución como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y la Segunda.

Queremos llamar la atención en esta carta sobre otra consecuencia de la guerra: el hambre que amenaza a centenares de millones en decenas de países, a causa de la espiral especulativa que se ha abierto, teniendo en cuenta que tanto Rusia como Ucrania son grandes productores de cereales y girasol, y por las sanciones impuestas al pueblo ruso. Sigue leyendo

¿Qué hacer ante la inflación?

Carta Semanal 882 en catalán

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Nuevamente, como en otros momentos históricos, la inflación se dispara en la economía española. De acuerdo con el Índice de Precios al Consumo (IPC), que publica el INE, el aumento acumulado de precios durante los últimos doce meses asciende al 9,8%. El impacto es inmediato sobre las posibilidades de consumo de la clase trabajadora y, por tanto, sobre sus condiciones de vida, que dependen de su salario real, es decir, de su poder de compra. Pero las revisiones salariales, cuando existen, se hacen a año pasado y mientras en 2021 los precios aumentaron oficialmente el 6,5%, la subida nominal de salarios para 2022 que recogen los convenios es del 1,55% en promedio, la de los empleados públicos el 2% y la del salario diferido que son las pensiones el 2,5% con carácter general. Esto es, se imponen unas rebajas salariales del 4,95%, el 4,5% y el 4% respectivamente. La situación es peor para quienes no tienen convenio (1.500.000 según la ministra de Trabajo), a quienes de hecho no se les amortigua o apenas el impacto de la inflación y que, por tanto, verán cómo su capacidad adquisitiva cae más del 6%.

Conviene enfatizar este punto: la inflación -el aumento generalizado de precios- reduce el poder de compra de la clase trabajadora cuando los salarios no aumentan como ella (por eso se llama evolución del  “salario real” a la que pone en relación el “salario nominal” -el efectivamente cobrado en la moneda que sea- con los precios). Pero además reduce un poder de compra ya reducido en los últimos años: entre 2009 y 2019, mientras los salarios nominales aumentan un 8,6%, la inflación es del 12,8%, una caída por tanto de los salarios reales de más del 4%.

En consecuencia, las organizaciones de la clase trabajadora no deben permanecer inmóviles ante esta situación, sino que, de forma acorde con lo que motivó su constitución y debe motivar su existencia hoy, han de reaccionar mediante la movilización que, de forma urgente, luche por la preservación del poder de compra de los salarios frente a la inflación. Precisado esto, conviene abordar las causas del aumento de precios para que, más allá de la medida inmediata mencionada de defensa del salario real, se pueda abrir una salida a los problemas económicos que padece la clase trabajadora, de los que la inflación es sólo uno entre otros.

La inflación, resultado de la dislocación del mercado mundial

¿Por qué se disparan los precios? Esta pregunta sólo puede responderse conociendo cómo se determinan los precio

s, cuáles son sus factores determinantes, para lo que resulta imprescindible el análisis que Marx expone en El capital[1], donde revela que los precios no se determinan de un modo técnico, sino social. Y que no se establecen, fundamentalmente, en el momento del intercambio, sino en la producción, en función de cuánto trabajo cuesta, en cada sociedad y en cada momento, producir cada mercancía. Es la ley del valor, que con la determinación social de los precios identifica que se trata, por tanto, de una determinación conflictiva en una sociedad clasista como es la capitalista. Dicho de otra manera, toda sociedad atrasada como es hoy la capitalista se define por estar presidida por una pugna distributiva (a pesar de las posibilidades que aporta la productividad del trabajo, nada está asegurado, todo depende de cómo le vaya a cada cual en el mercado). Trabajadores y capitalistas pugnan por la distribución del producto, de la tarta, que se divide en una parte de trabajo pagado -el salario, con el que viven los trabajadores-, y una parte de trabajo no pagado -la plusvalía, que se apropian los capitalistas-. Pero los capitalistas pelean también entre sí, por la distribución de la plusvalía total entre sus ganancias individuales. Y todo ello se refleja en los precios.

En el número 110 de nuestra revista teórica, La Verdad, publicamos un artículo titulado “La dislocación del mercado mundial y la crisis del capitalismo”, título que define de forma sintética la situación actual a la que ha conducido la supervivencia del capitalismo:

Caracterizamos como dislocación del mercado mundial el proceso por el que las distorsiones de todo tipo que lo definen, provocando su desbarajuste general, un funcionamiento trabado, irregular, que estrangula los circuitos habituales de valorización del capital, impidiendo, en definitiva, que el mercado mundial albergue un proceso de acumulación del capital mínimamente fluido. Dichas distorsiones no son un resultado circunstancial, sino que reflejan la huida adelante del capital ante la estrechez del mercado mundial para su valorización, en un contexto presidido por la exacerbación de la pugna competitiva entre capitales y la agudización de la lucha de clases. Por tanto, están ligadas al carácter crecientemente contradictorio del capitalismo, expresado en la ley del descenso tendencial de la tasa de ganancia formulada por Marx.

En el desencadenamiento de un proceso inflacionario influyen distintos elementos, incluyendo eventualmente aspectos de demanda, pero lo determinante, el aspecto de fondo es la dislocación del mercado mundial, ligada a la crisis del capitalismo. Es decir, no se trata de que la inflación sea resultado de una conspiración capitalista contra el ingreso de la clase trabajadora, aunque efectivamente se utilice la inflación para ello -así como las políticas que dicen adoptarse contra el aumento de precios- sino que el desbarajuste económico propio del capitalismo es lo que provoca una inestabilidad general que se expresa también en los precios. Esta consideración es importante para entender que la única solución de fondo es, obviamente, la superación del capitalismo que no sólo provoca inflación sino en general una devastación cada vez mayor, una destrucción de fuerzas productivas cada vez más sistemática, concretada en particular en el cuestionamiento de las condiciones de vida de la mayoría. Obviamente que mientras tanto resulta imprescindible luchar por todas las reivindicaciones, incluyendo las más elementales, que permitan a la clase trabajadora sobrevivir.

¿Por qué la inflación se dispara más en la economía española?

Mientras que la inflación aquí trepa al 9,8% interanual en marzo (mayor dato desde 1985), en Alemania se sitúa en 7,6%, en Francia en el 5,1%, en Italia en el 7,0%, en Portugal en el 5,3% y en la zona euro en el 7,5%. Resulta pertinente preguntarse por qué. Al respecto, la primera precisión que ha de hacerse es que la guerra contra Ucrania no explica la inflación, aunque sí contribuya a dispararla. Basta simplemente recordar que la guerra arranca el 24 de febrero y el año 2021 ya había terminado con una inflación del 6,5%. Es falsa por tanto la afirmación de la ministra de Hacienda, Montero, de que “el paquete de medidas que aprobó el Consejo de Ministros viene justamente para hacer frente a esta situación provocada exclusivamente por la guerra de Putin”. Más bien hay que decir que la guerra se utiliza como excusa para camuflar los problemas, así como para intentar aplicar las políticas que exige el capital, a un enorme costo para la clase trabajadora.

La explicación de la mayor inflación española que, por ejemplo, la portuguesa -prácticamente el doble-, se debe sobre todo a la regulación estatal aquí, presidida por el hecho histórico de que las mayores empresas, en gran parte procedentes de las privatizaciones, se han beneficiado de un trato de enorme favor desde el Estado (engrasado personalizadamente a través de las llamadas puertas giratorias). El caso de las eléctricas es inequívoco. La agencia Moody’s explica: “los efectos de la subida de los precios de la energía han sido más pronunciados en España que en el resto de Europa porque la factura de la luz está muy ligada a la evolución de los precios mayoristas del gas. Por ejemplo, en febrero, los precios de la energía en España habían aumentado un 43,7% respecto a febrero de 2021, frente al 32% en la Eurozona”. Así, la electricidad sube un 80% en 2021, frente a un 33% en la zona euro (o los combustibles el 52% frente al 43%). Este lazo tan directo entre grandes empresas y Estado se explica, a su vez, porque los gobiernos se niegan a adoptar las medidas que efectivamente permitirían poner coto a por lo menos este factor inflacionario. Y en este disciplinamiento de los gobiernos europeos la UE desempeña un papel crucial, porque impone una política tarifaria que se convierte en un fardo insoportable, revelándose una vez más su condición de “protectorado de EE. UU.” para favorecer a sus multinacionales.

Qué hacer

El capital exige políticas con las que busca beneficiarse tanto de la inflación como del supuesto remedio contra ella. Promoviendo la idea falsa de que el aumento de precios se debe a un aumento de la demanda, ligado a su vez a los aumentos salariales, formula la idea de una espiral inflacionista, sólo atajable mediante el recorte de salarios (aunque también habla de limitar las ganancias, se trata de mera retórica, estamos por ver alguna vez una medida sustantiva al respecto). Incluso la dotación del acuerdo sobre pensiones, por más limitado que sea en conjunto, ya está cuestionándose por el Banco de España y la prensa, planteando que respetarlo significaría un déficit de más de 13.500 millones de euros. Y en esta orientación se inscribe el “pacto de rentas” que quiere aplicar el gobierno. Es decir, bajo la repetida premisa falaz de que los salarios son responsables de la inflación, se persigue preservar en el tiempo su caída real, que es lo que ocurre cuando los salarios nominales crecen menos que los precios de los productos con los que vive la clase trabajadora.

En otros momentos, que eventualmente podrían volver, con durísimas consecuencias sociales, el capital ha impuesto lo que se conoce como políticas monetaristas, que parten de atribuir la inflación a un exceso de liquidez en la economía. De modo que la inflación se corregiría mediante una política monetaria recesiva, concretada en particular en un aumento de los tipos de interés, ante la que el capital financiero se frota las manos por la posibilidad acrecentada de negocio que se le abre, sirviendo a la vez para debilitar a la clase trabajadora, por el mayor desempleo que deriva del parón de la actividad que suponen esos mayores tipos de interés (ya que desalientan la inversión y el consumo, porque su financiación se encarece). Es lo que ocurrió en Reino Unido a partir del triunfo de Thatcher en las elecciones de mayo de 1979, provocando un efecto nefasto para la clase trabajadora británica y contribuyendo también, decisivamente, a disparar la crisis de la deuda externa que estallaría apenas tres años después.

La perspectiva de la clase trabajadora es la opuesta. Más allá del corto plazo, atajar los problemas de inflación está ligado a atajar los problemas de la explotación, fuerza motriz de la acumulación capitalista. Por eso la expropiación del capital, particularmente en sectores básicos como el energético, las telecomunicaciones o las finanzas, es una reivindicación ineludible si realmente se quieren afrontar los problemas. Mientras tanto, frente al hecho específico de la inflación, una exigencia inmediata debe imponerse: preservar el poder de compra. Por consiguiente, debe reivindicarse, desplegando todos los resortes de los que dispone la clase trabajadora, un mecanismo de revalorización automático del conjunto de los salarios nominales acorde a la subida de los precios. No vale el mal menor -es decir, el mal- de aminorar la parte del poder de compra que la inflación recorta, como cuando se propone una revalorización por la “inflación media”. Tampoco se puede apelar a la cláusula de garantía salarial, tan reducida en los últimos años: mientras antes de 2008 el 70% de trabajadores tenían dicha cláusula en su convenio, hoy, según el Ministerio de Trabajo, son sólo el 16%, apenas 1.200.000.

La reivindicación es elemental: la revalorización de todos los salarios, incluidas por tanto las pensiones, debe garantizar el poder de compra, esto es, alcanzar, como mínimo, el aumento de los precios (que el IPC debe recoger efectivamente). Más aún: la fórmula debe ser un aumento el 1 de enero de cada año de acuerdo con la inflación razonablemente prevista para el año que comienza, con cláusula de revalorización automática a final de año si la inflación efectiva supera la prevista. Se trata de lograr la escala móvil de salarios, esto es, que en los convenios y en los contratos en general se asegure el aumento automático de los salarios en correlación con la elevación del precio de los artículos de consumo. Porque está en juego que la inflación deteriore aún más la situación de la mayoría de la población, quienes vivimos de nuestro salario. Planteamos que las organizaciones que levantó la clase trabajadora actúen fuera de todo supuesto interés común del conjunto de la sociedad, imposible en una sociedad clasista, basada en la explotación (por eso es positivo que las direcciones de CCOO y UGT no acepten, al menos por el momento, un nuevo acuerdo para el empleo y la negociación colectiva que no incorpore cláusulas de revisión obligatorias y generalizadas). Es imprescindible que actúen de forma acorde a su función constitutiva, la defensa de los intereses de la clase explotada, incondicionalmente, hasta el final. Para eso trabajamos.

[1] La potencia del método de Marx no tiene que ver sólo con su solvencia intelectual, complementada por Engels, sino con el hecho de que ellos representan los intereses de la clase trabajadora, que no tiene nada que perder con la comprensión rigurosa de las causas profundas de sus problemas. A diferencia de la burguesía, que dinamita la ciencia económica porque sus privilegios y nuestros padecimientos tienen el mismo origen, que ella necesita esconder.

Acerca de la Conferencia Europea de urgencia, convocada para el 9 de abril de 2022

Carta Semanal 881 en catalán

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La Nueva Corriente de Izquierda (NAR), de Grecia,  y el Partido Obrero Independiente (POI), de Francia, han lanzado una convocatoria a una conferencia europea de urgencia, cuyo contenido incluye el combate contra la guerra, pero que va más allá, buscando “establecer un vínculo entre trabajadores y militantes confrontados en toda Europa a una ofensiva sin precedentes contra todas las conquistas de la clase obrera”. Ofensiva de ataque a todas las conquistas obreras y democráticas y, en primera línea, los sistemas de seguridad social que aseguran la supervivencia de los trabajadores y trabajadoras en su vejez, y los servicios públicos de sanidad, enseñanza, etc. Sigue leyendo

Los trabajadores y sus organizaciones frente a la guerra

Carta Semanal 880 en catalán

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El jueves 24 y el viernes 25 de marzo se reunieron en Bruselas los 30 jefes de Estado o primeros ministros de los países miembros de la OTAN, después se reunió el G7 y a continuación los 27 jefes de Estado o de gobierno de los miembros la Unión Europea. El presidente de los EE.UU., Joe Biden,  participó o “presidió” los tres cónclaves. Es la primera vez que un presidente de los USA participa en una Cumbre de la UE. Lo que demuestra, para quienes aún tuvieran dudas, una dependencia que viene desde el origen de estas instituciones europeas y que se vio sobre todo en los años 2010 al formarse la Troika: que la UE es subsidiaria de la administración americana, a través del FMI, de la OTAN… y no es una institución neutral ni una instancia meramente “económica”. Sigue leyendo

Ante las consecuencias de la guerra para la clase trabajadora: la lucha contra la guerra y la lucha por las reivindicaciones, dos caras de la misma moneda

Carta Semanal 879 en catalán

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¿Qué impacto supone la guerra y las medidas que la acompañan? La propaganda de los medios de comunicación burgueses plantea la cuestión en términos de cada país, como si los efectos fueran los mismos para toda la población, con independencia de su posición de clase… cuando resulta evidente que, por ejemplo, un aumento del gasto militar es un regalo para las multinacionales estadounidenses del “complejo militar-industrial”, mientras que para la mayoría supone un desvío de fondos en contra del gasto público social. A quienes defendemos los intereses de esta mayoría nos interesa, por tanto, conocer cuáles son las consecuencias de la guerra para ella, para la clase trabajadora.

Los miles de muertos y heridos, los millones de refugiados… no son capitalistas, son trabajadores

La gravedad de la situación está fuera de toda duda: destrucción por doquier, con muertos y heridos que ya se cuentan por miles y miles, con más de tres millones de refugiados que escapan del terror con lo puesto. Pero las manipulaciones desinformativas ocultan que los muertos, heridos y refugiados no son los capitalistas ucranianos, no son los dueños de las grandes empresas. Son sobre todo los trabajadores quienes engrosan esas cifras dramáticas de muertos y heridos, como revela el ejemplo tan elocuente y trágico, entre tantos otros, que fue la masacre de soldados argentinos durante la guerra de las Malvinas en 1982 (soldados que eran principalmente jóvenes de clase trabajadora, a los que la dictadura condenó, enviándolos sin formación ni material adecuado a combatir al bien pertrechado ejército imperialista británico, provocando entre ellos cientos de muertos y miles de heridos). También son trabajadores quienes hoy se quedan sin vivienda en Ucrania, quienes se ven obligados a huir con lo puesto.

Estos efectos golpean directamente a la clase trabajadora ucraniana. Pero también castigan a la rusa, pues son fundamentalmente jóvenes de la clase trabajadora quienes nutren las filas del ejército que el régimen liderado por Putin lanza contra Ucrania, no en favor de unos supuestos intereses rusos, sino de los intereses particulares de la oligarquía rusa; de igual modo que la presión del imperialismo de EE. UU. a través de la OTAN, a la que se subordinan plenamente la UE y sus gobiernos, no tiene nada que ver con los intereses de la mayoría de la población europea -y estadounidense-, sino que obedece a las necesidades del capital financiero de la primera potencia mundial. Ciertamente la mayoría de la población ucraniana soporta la condición de rehén de los intereses económicos de los distintos sectores del capital financiero, que pugnan por un lugar en el mercado mundial. Pero asimismo es rehén la mayoría de la población rusa, rehén del gobierno de quienes, como en otros países, se apropian de las riquezas de la nación. Y, aunque evidentemente a otra escala, también el conjunto de la clase trabajadora en los demás países es rehén de los gobiernos respectivos, que despliegan todos los medios posibles al servicio del siniestro negocio de la guerra.

La guerra: destrucción económica y más desempleo y precariedad

Son también los trabajadores quienes padecen fundamentalmente la aniquilación de una gran parte de la actividad productiva por la guerra y, consecuentemente, de los empleos con los que obtenían su medio de vida; son los trabajadores quienes sufren la demolición de sus viviendas por los bombardeos, que también liquidan los servicios elementales -sanitarios, educativos, de transporte, etc.- que son imprescindibles para unas condiciones de vida dignas, todo lo cual provoca la huida masiva de la población, sobre todo trabajadores. La destrucción que provoca la guerra en territorio ucraniano tiene consecuencias sociales directas, que son nefastas para la clase trabajadora allí. También en Rusia se producen efectos muy negativos por la plena orientación económica al esfuerzo bélico que devasta las condiciones de trabajo y de vida en general allí, además del cuestionamiento de los derechos obreros y democráticos. A lo que se unen las sanciones que, ciertamente, los ricos pueden eludir, pero no la clase trabajadora. Esta regresión, en fin, se verifica en toda Europa y más allá, a escala mundial.

El FMI estima que, de alargarse la guerra, el PIB de Ucrania podría desplomarse entre un 25 y un 35% (incluso en el escenario menos desfavorable la caída alcanzaría el 10%). La OCDE, por su parte, prevé que el PIB de Rusia se reducirá alrededor del 10% (en 1998, año de la grave crisis financiera rusa, cayó un 5,3%, apenas la mitad de dicha previsión). Según RS Research, sólo por la ejecución de las sanciones contra el pueblo ruso por parte de las primeras 50 multinacionales, se destruirá más de un millón de empleos. La propia OCDE calcula un impacto adverso del 2% en el PIB de la UE y de un 1% en la economía mundial. En ese contexto es fácil intuir el efecto en una mayor precariedad laboral, con todo su terrible corolario sobre las condiciones de vida de la mayoría de la población. Máxime considerando la promulgación de leyes liberticidas bajo el amparo de la coartada de la guerra, como las penas de hasta 15 años de prisión impuestas en Rusia a quienes, de hecho, se expresen públicamente contra la guerra. O la persecución que lleva a cabo el gobierno ucraniano contra militantes comunistas. O en el caso español el mantenimiento de la Ley Mordaza por el actual gobierno, pese al compromiso de derogarla por parte de todos los partidos que lo integran.

Encarecimiento de la vida

En los últimos meses se han recrudecido los problemas económicos y entre ellos, en particular, el de la inflación, que en el caso español ya alcanza el 7,4% anual medido por el IPC. Se había desmoronado ya toda la retórica burguesa de que tras la pandemia se iba a relanzar la actividad económica, espoleada por el gasto público (que en realidad es una nueva transferencia masiva de recursos al capital financiero, bajo el señuelo de una supuesta “economía verde” y la llamada digitalización). Problemas de suministros que paralizan las denominadas cadenas globales de valor (la internacionalización del capital productivo, vaya), dificultad de aprovisionamiento de la energía y su encarecimiento, insuficiencia de las infraestructuras tras lustros de recortes… todo ello revelaba una auténtica dislocación del mercado mundial, incapaz de absorber las necesidades del capital, como ya explicaba Marx hace un siglo y medio (véase el número 110 de La Verdad, revista teórica de la IV Internacional).

El caso español es muy claro: para este año 2022, frente al aumento del 6,5% de los precios, la subida media de los salarios nominales en convenio se limita a un 1,55%, la de los empleados públicos al 2% y la de las pensiones al 2,5% (3% en algunos casos). Es decir, se impone una pérdida de poder adquisitivo de en torno a un 4 o 5% o, dicho de otro modo, una reducción del salario real de ese monto. Mientras tanto, los capitales que componen el Ibex 35 alcanzaron en 2021 un beneficio récord de 58.543 millones de euros. Ante ello, el gobierno español apela a un supuesto interés nacional compartido por explotadores y explotados, para promover un “Plan Nacional de Respuesta al Impacto de la Guerra”. Un plan que incluye un “pacto de rentas que proporcione estabilidad desde la perspectiva de los costes salariales y los beneficios empresariales”. Es decir, con la tramposa excusa de evitar más inflación se pretende abundar en la mal llamada contención o congelación de los salarios que, al aumentar menos que los precios, en realidad se reducen (sin que nunca haya límites a las ganancias del capital). Además de aprobar “el mecanismo RED de flexibilidad y estabilización el empleo (…) que posibilita a las empresas sometidas a crisis temporales o estructurales adoptar medidas de reducción de jornada y suspensión temporal de contratos de trabajo”, cuyo contenido real es la destrucción de empleo y el deterioro de las condiciones laborales. El gobierno de Sánchez exige a partidos y sindicatos su subordinación; es decir, la “unión nacional” para atender a las exigencias del capital financiero.

Crisis crónica del capitalismo, guerra y aumento de los presupuestos militares

La guerra no es la causante de las dificultades económicas, como tampoco la pandemia era su origen. El capitalismo, en su estadio imperialista, padece una suerte de crisis crónica en la que se suceden periodos críticos sin que entre ellos se intercalen fases realmente expansivas. La pandemia hizo aflorar la crisis latente y la disparó. La guerra responde a esa crisis, que se expresa en una pugna exacerbada por el mercado mundial; responde a ella y la agudiza. Es una auténtica huida hacia delante del capital, que revela su carácter cada vez más destructivo. El imperialismo estadounidense instiga la guerra para tratar de fortalecer la posición de su capital en el mercado mundial, a lo que responde el régimen ruso poniéndola en marcha, infligiendo grandes padecimientos a la población ucraniana y al propio pueblo ruso. Todo lo cual es en gran parte financiado por las economías europeas, cuya subordinación a EE. UU. ya ni se disimula: en la cumbre de los próximos días 24 y 25 se prevé la participación de Biden, refrendándose así que la UE no es ni unión ni europea. Esta subordinación se revela también en que es el propio Biden quien presidirá la cumbre de la OTAN del mismo día 24.

En efecto, el dictado estadounidense de que los Estados europeos reserven el 2% de su PIB para gasto militar es asumido, de un día para otro, por quienes durante dos años se han negado a dotar los fondos que se requerían ante la emergencia sanitaria provocada por la pandemia. Así, el mismo gobierno alemán al que EE. UU. impone renunciar a la utilización del gasoducto que le facilitaría la llegada del gas de Rusia -del que depende el 55% de su consumo-, aumenta su presupuesto militar en 100.000 millones de dólares. Y el gobierno español se compromete a incrementarlo en un 20% en los dos próximos años. Cómo se financiará hace planear la sombra de más impuestos indirectos y más endeudamiento, con sus consecuencias conocidas: recortes masivos en el gasto en sanidad, educación y el conjunto de los servicios sociales que componen el salario indirecto de la clase trabajadora.

¿Qué hacer? La lucha contra la guerra y la lucha por las reivindicaciones, dos caras de la misma moneda

El POSI, sección de la IV Internacional en el Estado español, no es un comentarista de la actualidad. No observa la realidad como espectador, sino que trata de ayudar para la única intervención que puede evitar la profundización de la barbarie ya en curso, la de la clase trabajadora en el terreno de independencia que le es propio: la defensa de las legítimas aspiraciones de la mayoría. En 1944, Maurice Thorez, máximo responsable del Partido Comunista Francés, declaró a su vuelta a París desde Moscú que “la huelga es el arma de los trusts”. Expresaba así la subordinación del estalinismo a la dominación burguesa. Al estilo de la declaración de Enrique Santiago, secretario del PCE y secretario de Estado, en noviembre pasado a los trabajadores del metal de Cádiz en huelga, invitándoles a confiar en “su gobierno” y, por tanto, renunciando a la lucha. La huelga no es el arma del capital. Su arma es la política destructiva de las conquistas obreras y democráticas; su arma es, llegado el caso, la guerra. El arma de la clase trabajadora es la movilización, la huelga. El agrupamiento por las reivindicaciones, por su defensa hasta el final, sin someterlas a ningún condicionamiento y, en particular, rechazando todos los cantos de sirena que toman la forma de la unión nacional, del diálogo social, de unos supuestos intereses compartidos entre explotados y explotadores que, en realidad, camuflan los intereses de éstos.

La concreción de esto hoy, aquí, es la lucha contra la guerra y la lucha contra la explotación. Es decir, la lucha contra el gasto militar y contra las sanciones al pueblo ruso; la lucha por la plena derogación de las contrarreformas laborales de 2010 de Zapatero y de 2012 de Rajoy; la lucha por la defensa del sistema público de pensiones y, en consecuencia, por la auditoría de la seguridad social de acuerdo con la fórmula reivindicada por el movimiento de pensionistas; la lucha de los enseñantes en Cataluña con la huelga que señala el camino para otros sectores; la lucha por la preservación del poder de compra, con el establecimiento de cláusulas de revisión salarial con efectos retroactivos. Etcétera. Luchas cuya agrupación permita abrir la salida digna de este nombre que la clase trabajadora necesita, frente a la barbarie que la supervivencia del capitalismo no deja de profundizar.

 

Berna, Zimmerwald, Kienthal: socialistas contra la I Guerra Mundial

Carta Semanal 878 en catalán

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Hoy, cuando la guerra vuelve a Europa, con sus secuelas de destrucción, de muertes, de millones de refugiados, cuando todos los gobiernos llaman a aumentar el gasto militar, y a sacrificios para la guerra, (“Me gustaría más invertir el dinero de los contribuyentes en escuelas o pensiones, pero debemos gastar en defensa”, declaraba la primera ministra sueca, Magdalena Anderson, a su llegada a la cumbre de la UE celebrada el 10 y 11 de marzo), a moderar las subidas de salarios cuando los precios se disparan, a renunciar a las reivindicaciones, merece la pena recordar lo que los socialistas de izquierda hicieron para hacer frente a las masacres de la I Guerra Mundial. Sigue leyendo

La Verdad 110, estará pronto disponible: “Se abre una nueva situación mundial”

Carta Semanal 877 en catalán

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En el sumario del número de la revista teórica de la IV Internacional, que próximamente entrará  en imprenta, y tendréis a vuestra disposición en unos diez días, hallaréis:

– Notas editoriales. Del informe discutido en el Secretariado Internacional (SI) de la IV Internacional del 3 y 4 de febrero de 2022.

– Anexo – La Lettre de la Vérité n.º 1043 y 1044 (6 y 23 de enero de 2022) (extractos). Publicación de la sección francesa de la IV Internacional.

– Clima, ecología, medio ambiente: reunión de debate con jóvenes.

– La dislocación del mercado mundial como expresión de la crisis del capitalismo.

– A propósito de la situación en China.

– Venezuela: y ahora, ¿a dónde vamos?.

– Guadalupe, Martinica, prosigue la resistencia contra la barbarie capitalista. Sigue leyendo

Hay que defender los salarios, también ante la subida del IPC

Carta Semanal 876 en catalán

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Según los datos oficiales, publicados por el Instituto Nacional de Estadística, el IPC ha tenido, en 2021, una subida del 6,5%. La mayoría de los expertos atribuyen esa subida a los desmesurados incremento de los precios de los carburantes (un 23,3% para el caso de la gasolina y un 24,14% superior en el caso del gasóleo), y la electricidad (que había aumentado en noviembre del año pasado un 46,7% anual, debido sobre todo al incremento del precio del gas natural y al mecanismo de fijación del precio).   Por eso -nos dicen- la inflación subyacente (es decir, la que se calcula excluyendo los precios de los alimentos y la energía), estuvo en 2021 en un 2,1%. El precio de los alimentos habría subido, según los datos de COAG, un 4,56% en 2021. Sigue leyendo

Cal defensar els salaris també davant la pujada de l’IPC

Carta Setmanal 876 per descarregar en PDF

Segons les dades oficials, publicades per l’Institut Nacional d’Estadística, l’IPC ha tingut, el 2021, una pujada del 6,5%. La majoria dels experts atribueixen aquesta pujada als desmesurats increments dels preus dels carburants (un 23,3% per al cas de la gasolina i un 24,14% superior en el cas del gasoil), i l’electricitat (que havia augmentat el novembre de l’any passat un 46,7% anual, sobretot per l’increment del preu del gas natural i el mecanisme de fixació del preu). Per això -ens diuen- la inflació subjacent (és a dir, la que es calcula excloent-ne els preus dels aliments i l’energia), va estar el 2021 en un 2,1%. El preu dels aliments hauria pujat, segons les dades de COAG, un 4,56% el 2021.

Els economistes al servei del capital ens diuen que aquesta pujada de la inflació serà transitòria. Així, José E. Boscá, investigador associat de Fedea i catedràtic de la Universitat de València, explicava a l’Economista que preveu “un nivell de preus elevat fins a l’estiu, quan començaran a moderar-se”. I la Funcas diu que les taxes de l’IPC es mantindran per sobre del 5% els primers mesos d’aquest any abans de moderar-se.

Basant-se en aquestes dades,els mateixos economistes adverteixen contra el “perill” que suposaria traslladar aquestes pujades als salaris, perquè segons ells, això “consolidaria la inflació”. Millor, recomanen, que els treballadors i treballadores facin un sacrifici “uns mesos”, perquè després la inflació torni a la llera. O que les pujades salarials es basin no a l’IPC final, sinó a la pujada de l’IPC “mitjà” el 2021, que va estar al 3,1%.

Una proposta que es basaria en la confiança en les prediccions d’aquests economistes mercenaris, prediccions que cada dia xoquen més amb la realitat, i que ja alguns posen en dubte. Per exemple, el vicepresident del BCE, Luis de Guindos, va deixar caure la setmana passada un canvi de missatge subtil de l’organisme sobre el caràcter de la inflació, quan va dir que “potser l’alta inflació no és tan transitòria com preveíem fa uns mesos”. De fet, l’IPC subjacent ha pujat al gener 3 dècimes, per posar-se al 2,4%. A més, la guerra d’Ucraïna augura un augment encara més gran dels preus del gas -i, per tant, de l’electricitat- , i probablement sostingut en el temps.

Ha faltat poc al govern per boca de Sánchez després de la reunió (aquest dijous 24 de febrer) del Consell de Seguretat Nacional presidit pel rei, per precisar que serem els treballadors i els pobles d’Espanya víctimes de la guerra. És clar, res comparable al poble rus i ucrani que posen els morts. Però l’anunci de nous sacrificis, com a conseqüència de l’augment massiu dels preus i del rearmament en detriment de les despeses socials, és una ocasió d’or per al capital financer i el govern “executa”.

Els treballadors i els pobles quan diem NO a la Guerra, diem no a les conseqüències en vides i en atacs socials. La guerra només beneficia els monopolis , el capital i els que els serveixen

Tot sembla indicar que allò que ens diuen i repeteixen sobre el caràcter conjuntural de la inflació és només propaganda. Per exemple el mes de gener, és a dir passades festes, quan normalment cauen els preus, oficialment la inflació està al 6,1%.

En segon lloc, els aliments ocupen un percentatge més gran de la compra de les classes treballadores, sobretot les que tenen menors salaris, i els combustibles suposen una part important de la despesa de la població treballadora, que en molts casos s’ha vist expulsada de les ciutats i ha d’anar a la seva feina en cotxe.

Recórrer a la inflació mitjana com a mesura de les pujades salarials sens dubte tranquil·litzarà els capitalistes, que reclamen una vegada i una altra moderació, però que, mentrestant, repercuteixen la pujada del 6,5% en els preus finals dels seus productes.

Mentre l’IPC anual ha pujat un 6,5%, l’IPC “mitjà” un 3,1%, l’IPC “subjacent” ja va pel 2,4%, i l’IPC dels aliments ha pujat més del 5% ,els salaris pactats en conveni van pujar de mitjana un 1,47% fins a desembre de 2021. La pujada de salaris queda, fins i tot, per sota de les directrius acordades a l’Acord Interconfederal per a l’Ocupació i Negociació Col·lectiva (AENC) 2018-2020, que proposava pujades salarials del 2%, al qual es podia sumar un punt percentual lligat a la productivitat, els resultats empresarials i l’absentisme laboral. Es prengui l’instrument de mesura que es prengui, el poder de compra dels salaris ha caigut i segueix caient.

I són molt pocs els convenis que tenen una revisió de la pujada salarial segons l’IPC. Dels 2.886 convenis signats el 2021, només el 15,8% (456) tenia una clàusula de garantia salarial segons l’IPC real, i només 354 consideren que aquesta s’apliqui amb efectes retroactius. Cal recordar que, a l’últim Acord Interconfederal per a la Negociació Col·lectiva (AENC), els dirigents d’UGT i CCOO van acceptar que no s’incloguessin clàusules de revisió. Això s’ha complert rigorosament, i, per contra, la pujada “recomanada” del 2-3% no s’ha complert. Una dada per retenir a l’hora de fer balanç dels ANC.

Però, fins i tot, on hi ha clàusula de revisió, cal veure si es compleix. Vegem el cas de la fábrica de Ford a Almusafes, on l’empresa ha demanat als treballadors que renunciïn a la revisió salarial, si volen que l’empresa els assigni la fabricació de nous models. O el conveni de la Dependència, on la patronal es nega a aplicar la pujada del 6,5%, que segons el text del conveni estava condicionada al fet que el PIB pugés més del 2%, al·legant que les xifres del PIB definitiu no es publiquen fins al 25 de març. Mentrestant, les empreses preparen massives inaplicacions del conveni, aprofitant que la reforma laboral “històrica” va deixar sense tocar aquest mecanisme a les mans dels patrons (Article 82 de l’Estatut dels Treballadors). El mateix pot passar en altres sectors.

El parany de la inflació mitjana

Durant decennis, les clàusules de revisió dels convenis col·lectius, que existien de manera generalitzada fins al 2008, es basaven a l’IPC real de final d’any. Ara hi ha tota una ofensiva perquè la referència per a les pujades salarials sigui l’IPC mitjà. El que està darrere d’aquesta pretensió no és res més que el fet que, mentre la pujada de l’IPC anual a 31 de desembre de 2021 ha estat del 6,5%, la pujada mitjana de l’IPC al llarg de l’any va ser del 3,1%. Són 3,4 punts de diferència.

Els pensionistes ja han patit les conseqüències de la proposta. Fins i tot la reforma de pensions de Rajoy (2013), s’aplicava a les pensions l’actualització a la inflació real anual, mesurada el 30 de novembre. Amb aquesta norma, les pensions s’haurien d’haver actualitzat en un 5,5%.

La Reforma de les pensions del ministre Escrivà, pactada amb els sindicats, i que suposadament derogava la reforma del 2013, en lloc de recuperar aquest mètode de revaloració, fa que s’apliqui la pujada mitjana de l’IPC en aquest període (un 2,5% ). Per tant, els pensionistes perden, entre el novembre del 2020 i el novembre del 2021, un 3% del valor de les seves pensions respecte a la norma anterior.

Alguns dirigents sindicals ja advoquen per eliminar la referència a l’IPC real i prendre com a referència l’IPC mitjà (vegeu, sobre això, l’Informe presentat pel secretari general de CCOO davant del Consell Confederal del Sindicat). Seria acceptar, d’entrada, una pèrdua del 3,4% de poder adquisitiu.

Les pujades dels empleats públics i de l’SMI

El govern de coalició treu pit amb les pujades de l’SMI. Però aquest, el 2022, va pujar tan sols un 1,58%, amb efectes des del setembre (i no des del gener). Això suposa per al milió i mig de treballadors i treballadores afectats una pèrdua de poder de compra d’un 5,12% considerant les xifres de final de l’any. El 2022 ha pujat un 3,63%, cosa que deixa sense recuperar el poder adquisitiu perdut. I ni tan sols cobreix les previsions d’inflació per a aquest any, que el Banc d’Espanya situa al 3,7%.

L’anomenat Ingrés Mínim Vital (IMV), les pensions mínimes i les no contributives es revaloritzaran un 3% el 2022, també per sota de la inflació prevista pel BdE. Les pensions contributives, mig punt menys.

Pitjor és la situació dels empleats públics, a qui el Govern va imposar, sense cap negociació amb els sindicats, una pujada del 0,9% el 2021, que ha suposat una pèrdua de poder adquisitiu del 5,6%. Per al 2022, el Govern ha imposat, en una nova cacicada sense cap negociació, una pujada del 2%, és a dir, 1,7% menys que la inflació prevista pel BdE. Acumularien, en només dos anys, una pèrdua del 7,3% dels salaris reals.

Com assenyalem en una nostra Carta Setmanal 870, del 17 al 23 de gener de 2022 (que recomanem rellegir http://posicuarta.org/cartasblog/en-defensa-del-poder-de-compra-de-salarios-y-pensiones/ ), la pèrdua del poder de compra dels salaris ve de lluny. Un 10,1% entre el 2007 i el 2020. I la participació dels salaris a la Renda Nacional ha caigut – d’acord amb AMECO (UE)- d’un 67,5% el 1978 a un 60,4% el 1985i un 52, 8% el 2018, últim any abans de la pandèmia.

Mobilització unida per la recuperació del poder de compra dels salaris!

Molts convenis, per exemple el del metall de Barcelona, ​​han arribat a la seva caducitat. Aquest afecta 200.000 treballadors. La patronal es nega a actualitzar les taules salarials (aquest dilluns 21 ja hi va haver una concentració sindical davant de l’oficina de la patronal catalana). La pèrdua de poder adquisitiu dels salaris -com a mitjà de “combatre” la inflació- serà la política de la Patronal, afavorida pels organismes internacionals -l’FMI i la UE- que no van dubtar a felicitar el govern per la reforma laboral , però li exigeixen continuar les reformes, en particular les pensions (pels seus “excessius costos” -per això la petició d’augmentar a 35 anys el còmput de la pensió) i augmentar l’IVA o sigui els impostos indirectes que, a causa del seu caràcter no proporcional a la riquesa personal, castiguen especialment l’ingrés de la classe treballadora.

Com hem assenyalat, tota la classe treballadora ha estat colpejada per la carestia de la vida. En especial, els treballadors amb salaris més baixos, que han de gastar un percentatge més gran dels seus salaris en alimentació, combustibles i energia.

Han estat colpejats tots els components de la classe treballadora: pensionistes, empleats públics, i laborals (amb salaris de conveni o amb l’SMI), aturats, i en general tots aquells els salaris dels quals no es revaloritzin almenys amb l’augment de la inflació.

Mentre les direccions d’UGT i CCOO parlen d’un nou ANC amb pujades del voltant del 3%, amb clàusula de revisió o sense, molts es pregunten: No seria hora d’organitzar la mobilització unida de tots aquests sectors de la classe treballadora en defensa una pujada del 6,5%?

Potser és una petició excessiva, com diran alguns? No, és el que és estrictament necessari per no perdre més poder de compra, perquè les condicions de vida de treballadores i treballadors no empitjorin per aquesta via. La lluita pel poder de compra ha de ser, per tant, un eix de les mobilitzacions necessàries per les reivindicacions de la classe treballadora, conjuntament amb la d’una auditoria efectiva dels comptes de la Seguretat Social -que faci el Tribunal de Comptes, a la línia plantejada per la COESPE-, i amb la de la plena derogació de les reformes laborals del 2010 i 2012, com planteja la campanya que impulsa el CATP.

La guerra en el corazón del continente europeo

 

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Las guerras e intervenciones militares imperialistas se desencadenan en todos los rincones del planeta, las exigencias del imperialismo principalmente estadounidense intentan aplastar a los pueblos bajo su talón de hierro, se expande el militarismo bajo los auspicios del imperialismo estadounidense, con el acuerdo estratégico de Biden con Australia y el Reino Unido con- tra China, con la colaboración estratégica de los Emiratos y el Estado de Israel contra el pueblo palestino, con el fortalecimiento y la extensión de la OTAN. En esta situación el desarrollo de la guerra en Europa es un nuevo elemento de la situación mundial cuyas consecuencias no pueden calibrarse en esta etapa.

Con la entrada en Ucrania de las tropas de la Federación de Rusia, vuelve la guerra al viejo continente, con su cortejo de muertos, heridos, poblaciones aterrorizadas por los bombardeos e intentando huir sin saber a dónde.

Una legítima emoción se manifiesta en todos los pueblos de todos los países ante las imágenes de bombardeos, refugiados y muertos. No habría peor cosa que dejarse arrastrar por las combinaciones políticas montadas deprisa y corriendo por los diferentes Gobiernos.

Ucrania fue liberada por la revolución de Octubre de 1917

Crecía desde hace meses la tensión entre Putin y Bi- den, el verdadero jefe de la OTAN, sobre la cuestión de la ampliación de la OTAN al Este y particularmente a Ucrania. Putin dijo que quería borrar Ucrania del mapa. Explicó que «la Ucrania contemporánea fue entera y totalmente creada por Rusia, por la Rusia comunista bolchevique. Ese proceso comenzó casi inmediatamente después de la revolución de 1917, y Lenin y sus camaradas actuaron de manera realmente poco delicada con Rusia: se apoderaron de ella, le arrancaron una parte de sus territorios históricos». Expresa con ello, a golpe de nacionalismo gran ruso, con su pasado de agente estalinista del KGB, toda su hostilidad a la revolución de Octubre. La historia común de Rusia y Ucrania se remonta al siglo X, cuando se fundó el primer imperio ruso en Kiev. Como otros muchos países de la región, los territorios ucranianos fueron ocupados por los mongoles, los polacos, más tarde el imperio ruso y el imperio austriaco se repartieron Ucrania.

La revolución de Octubre, al atreverse a expropiar al capital, permitió acabar con la «prisión de pueblos» que era el imperio zarista, situando a todos los pueblos en igualdad.

Como escribía Trotsky en 19391:

«El partido bolchevique había llegado no sin dificultades y poco a poco, bajo la incesante presión de Lenin, a hacerse una idea correcta de la cuestión ucrania- na. Lenin reconoció el derecho a la autodeterminación, es decir, el derecho a la separación, tanto a los polacos como a los ucranianos: no reconocía naciones aristocráticas. Consideraba como una manifestación de chovinismo gran ruso cualquier tendencia a eliminar o a diferir el problema de las nacionalidades oprimidas (…).

Según la concepción del viejo partido bolchevique, la Ucrania soviética estaba destinada a convertirse en un poderoso eje en torno al cual se unirían las demás fracciones del pueblo ucraniano. Es incontestable que, durante el primer periodo de su existencia, la Ucrania soviética ejerció una poderosa atracción también desde el punto de vista nacional y que despertó a la lucha a los obreros, campesinos e intelectualidad revolucionaria de Ucrania occidental, sometida a Polonia».

Pero la burocratización de la URSS, la constitución de la casta burocrática dirigida por Stalin, trajeron consigo una política reaccionaria, como explica Trotsky:

«Las restricciones, las depuraciones, la represión y, en general, todas las formas de bandidismo burocrático, no asumieron en ninguna parte un carácter de violencia tan mortífero como en Ucrania, en la lucha contra las potentes aspiraciones, profundamente arraigadas, de las masas ucranianas a más libertad e independencia».

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